Recuerdo haber creído, en mi juventud, que los ecos de la locura eran solo leyendas, supersticiones que la humanidad arrastraba como restos de edades oscuras. Recuerdo, también, la vez en que esa ilusión se rompió de manera irreparable, durante ...
Había ciertos nombres que nunca debían ser pronunciados en Lakehurst. El pueblo, anclado en los confines occidentales del condado de Dutchess, parecía resistirse a los avances del siglo XXI con una obstinación implacable: carreteras de grava, te...
En las más antiguas entrañas de la necrópolis, allí donde las aguas rancias del pantano devoran todo vestigio de sol, existían pasajes y cámaras cuya existencia susurraban sólo a medias los archivistas más corrompidos de la ciudad. El cement...
Bajo la perezosa, perpetua luz carmesí de una estrella consumida, la colonia de Sybillis se extendía por kilómetros en un páramo de ceniza y metal oxidado, oculta al universo y acosada por las ruinas de pasadas grandezas. Por milenios, los human...
Delante de mí, desde el primer promontorio de la costa que se hundía en niebla violeta y salmastrada, brillaba Celaeno como un iris anciano, extraviado entre esferas salvajes y constelaciones incurvadas. Yo había llegado a esa luna en busca de me...
Del legajo hallado en la biblioteca subterránea de Clytemnestra Hall, presento para su inquietud los siguientes diarios y cartas, fielmente transcritos por mi atenta mano. Nadie cuya razón se encuentre plena atraviesa sin daño las páginas que si...
Entre los yermos solares donde Cithra, la ramera cenicieta, oficiaba sus cultos privativos a Ildrak el Sinforma, jamás penetré, pues no era yo suficientemente insensato para tentar tal abismo de lujurias innominadas. Sin embargo, os contaré de ot...
I. En la Brújula de los Sueños
Me llamo Quentin Latham, navegante de barcos errantes y explorador de cartas náuticas tan antiguas que pareciera que sangre y tinta fuesen sus tinturas. No soy de naturaleza supersticiosa; el mundo, siempre he pens...
Bajo la sombra temblorosa de Xhaus, la Camelia Negra, remanente del mundo preadánico, tres siluetas se reunieron donde los vapores habían hecho de la tierra un légamo pútrido y la luz apenas convexa del astro Apau brillaba sesgada como la pupila ...
Entre las brumas turbulentas de Eynehollow, en el corazón mismo del condado de Wiltshire, se alzaba Nugate Hall, una de esas mansiones cuya mampostería saturada de musgo parecía más vieja que la propia nación, y cuyas ventanas elongadas trasluc...
Al principio, nadie advertía nada extraño. Era una tontería: un canal de YouTube con apenas cinco mil suscriptores, dedicado a explorar los rincones digitales más oscuros. “Tuercas y Pesadillas” se llamaba, aunque el tono era más de camarad...
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A veces, en Dylath-Leen, cuando la luna está baja y el rumor de las mareas ahoga el silbido de los comerciantes a la deriva, ciertas historias se deslizan entre los borrachos y los mendigos, adheridas a las costras de neblina negra que surcan ...
En el confín de la desembocadura eterna del río Anarkost, allí donde los árboles de Gnarllé son gruesos como ancianos reunidos en consejo, se alza la villa de Veldrith, hace tiempo corrompida por el sopor y las nieblas húmedas. No se atreven m...
A decir verdad, uno nunca concibe cómo la sangre de Dunwich continúa impávida entre aristas y praderas, cuando cada piedra y cada brizna de hierba parecen haber absorbido viejas historias usadas como señuelos del espanto. No fue por inquietud in...
La noche descendía sobre la vieja ciudad de Altdorf con el peso opresivo de una manta tejida por manos invisibles. La niebla, rebelde incluso a la luz de los faroles aceitados, reptaba entre los adoquines y se enroscaba en torno a los pilares romá...
Nadie recordaba ya el antiguo faro de Gharull, o al menos así lo creía Mervyn Frake durante los primeros días de su llegada a la extraña y poco frecuentada aldea de Halderport. Convocado por una carta salpicada de frases apenas legibles —firma...
No era lugar para caminantes tras la caída del sol, Bethel. Lo decían los pastores de la región; lo decían, aún más bajo, los nómadas que llegaban de paso y no regresaban jamás por la ruta oriental. Bethel, al pie de la colina, parecía, par...
Eran cerca de las once de la noche cuando, titubeante y presa de una inmediata desconfianza, me detuve frente al umbral roído por el salitre. Aquella casona escondida entre los juncos y el barro del litoral de Kingsport, uno de esos engendros arqui...
Sucedió en el año en el que las tormentas de polvo cubrían media Hispania y la sequía arrancaba los nombres de las piedras en los mapas. Yo, Rafael Mur, llegaba desde la Universidad Central de Madrid, enviado por esa malsana curiosidad de la cie...
El invierno —ese parásito insidioso de huesos y espíritu— había colonizado Antoniais, un villorrio francés que se aferraba indolente a las últimas rampas de los Montes Vosgos. La nieve caía sin tregua, una mortaja cerrada sobre patios y te...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...