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La lluvia no era más que un telón de fondo, el latido gris del clima que flanqueaba al Londres de 1923, y, sin embargo, pesaba esa tarde como una mortaja. Rupert Harrington, apretando el ala de su sombrero contra el viento, sentía cada paso ...
El ocaso, esa hora en que la realidad se estira como piel hendida sobre un tambor primitivo, arrojó sombras largas sobre la desvencijada cabaña de Nathaniel Durand. En el límite de Vermont, tan cerca de las sensatas bulliciosas calles de Brattleb...
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Han pasado los siglos como un cometa enfermizo desde mis primeras lecturas de los saberes prohibidos, y las cicatrices del saber continúan ardiendo en mi carne. A aquellos que les apetece la luz de libros ortodoxos y doctrinas santificadas, la...
Dije que me había propuesto no volver a frecuentar la región más oscura de mis sueños y, aun así, ¿acaso mis propósitos valen más que el canto de los gusanos en cuanto las estrellas comienzan a menearse inquietas en el firmamento de mediana ...
Toda mi vida quise exorcizar el espanto con palabras, repeliendo la invasión de aquellas cosas que se ciernen en los rincones donde ni la razón ni el corazón alcanzan. Sin embargo, jamás supuse que sería en la gran meseta antártica donde encon...
Nadie en el pueblo olvidaba la noche del Silencio Mayor, cuando las campanas de la iglesia se fundieron, las aves se escondieron y el viento cesó, ahogando por completo hasta los rumores de las ratas. Era tradición, en Berlecombe, referirse a ese ...
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He aprendido que la ignorancia es, a menudo, el último baluarte de la cordura. Antes de este otoño, habría despreciado a cualquiera que valorara el misterio por encima de la verdad; ahora, de madrugada, cuando la casa se queja y cruje bajo e...
No era posible atravesar la accidentada senda de Charvet sin que la bruma marina peinara la piel, fría y grasienta, como una mano ancestral. Si el destino, el instinto o acaso una fatídica curiosidad llevaban a uno más allá de las últimas casas...
Comenzó, como suelen hacerlo estas cosas, con el mínimo de advertencia: un rebaño de cabras nació desfigurado en la granja de los Andersen, en las lomas occidentales de Arkham....
El primer sonido es siempre el agua. Un chapoteo irregular y húmedo que resuena como latido tras la fachada de la realidad, tímido, familiar y hostil a la vez. Así se extiende cada noche bajo la ciudad, donde los ladrillos se desmoronan y el moho...
El viento surgía desde la costa con una fuerza atávica, hiriendo la noche como una lengua salada y húmeda en la carne de quien osaba acercarse. Las rocas sabían a resina antigua y sangre vieja, recuerdo de generaciones que habían caído aquí, ...
Hay algo en las profundidades, un pulso que no debería haberse sentido más allá del alba primordial, una reverberación antigua que tiembla entre los pliegues de nuestro universo. Algunos hombres, sumidos en la desdicha y la impertinente curiosid...
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Me lo advirtieron en la sala de archivo, con un temblor que rozaba el ansia en la voz del viejo Gutiérrez. Había algo en Tíndara, algo que se agazapaba entre los rollos centenarios y los anaqueles de madera vieja, más allá de los desvaído...
El sueño llegó, oscuro, deshilachado, un eco viscoso sobre mi conciencia antes de despedazarla y llevarme por caminos ignotos. Recuerdo los sonidos primero: un susurro grave y arrastrado, palabras rotas que vibraban en ese extraño espacio liminal...
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Señor Davenport jamás fue supersticioso. Eso alegaba cada vez que los miembros menos ortodoxos del club discutían sobre sistemas secretos de sabiduría, tradiciones esotéricas o rumores acerca de objetos venidos de otras esferas y otr...
No sé cómo describir la sensación cuando uno sabe con certeza que nada de cuanto creía seguro se sostiene ya, ni aun por la fuerza de la costumbre. Algo de mi razonamiento permanecía intacto, como el esqueleto bajo la carne moribunda, durante l...
Había llegado a ese rincón olvidado del mundo —si es que aún pertenecía a nuestro mundo— arrastrado más por la inercia de un fatalismo profundo que por el impulso voluntario de huir, explorar o buscar señales del conocimiento maldito. Cuan...
Había lugares donde la misma piedra parecía temer lo que custodiaba. Cuando Alexander Thorne aceptó la invitación del Doctor M. R. Kellar, amante de las leyendas y relator de pesadillas despiertas, no sabía que estaba a punto de transitar esos ...
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La humedad se había instalado en el ventrículo más íntimo de mi pensamiento aquella mañana, cuando me dispuse a examinar el plano heredado de mi tío. Caminaba con cierta torpeza por el desván de la casa familiar, la última morada del vi...
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La noche caía como un manto espeso sobre los tejados de Arkham, acallando incluso los rumores habituales que surcaban la ciudad. El aire olía a ceniza y humedad, y al doblar las esquinas de la vieja universidad, podía jurar que alguien –o ...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...
El mundo que conocemos apenas roza la costra superficial de un vórtice de fuerzas y presencias insondables, entidades que, en su aspecto más ínfimo, desafían cualquier tentativo de descripción o categorización. Pero mi relato no es una mera ale Leer más...
Henry Blackwell jamás fue hombre de supersticiones ni de credulidad fácil. Su posición en la Sociedad Histórica de Arkham requería una mente ordenada y analítica, pero, en el amargo otoño de 1927, una serie de acontecimientos que comenzaron en Leer más...
La primera vez que Jacob Meunier oyó algo sobre la región pantanosa al sur de Cammheim fue durante una reunión académica celebrada en la Universidad de Dorrance, a la cual asistió más por mera cortesía que por genuino interés. Recuerda el mo Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi convicci Leer más...
Había ciudades que sólo existían en ciertos mapas esotéricos, garabateados con manos temblorosas y tinta que parecía desvanecerse en la luz, como si la luz misma no soportara la verdad que esas líneas contenían. Había nombres que solo podía Leer más...
Recordaré siempre con una mezcla de repugnancia y luz atroz aquella visita, una suave tarde de mayo que me condujo hasta la decrepitud de Ingersmouth, ese villorrio dispuesto cabizbajo en las encrucijadas del desvelo y la bruma costera. No acudí po Leer más...