Sabed, empero, que sólo los insensatos ignoran los peligros del hielo perpetuo. Fue en la primavera, entre los últimos retazos de nieve que manchan los altos páramos como jirones de un sueño olvidado, cuando mis pasos y mi hambre de saber me lle...
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Cuando el pálido tren atraviesa las ruinas del Este a la hora maldita—ni noche ni tarde aún—la brisa sobre los marjales sólo trae, ante los forasteros valientes, silencio y olor a sal petrificada. Pocos, por decir ninguno, bajan en la es...
Nada hay más caduco ni más incierto que la frontera entre el sueño y la vigilia, y ningún mortal podría jactarse de atravesarla ileso sin que la sustancia misma de su espíritu se viera erosionada. Tal fue el funesto destino de Algernon Prout, ...
A diferencia de los sueños que suelen visitarme, a menudo plagados de visiones tan asombrosas y terribles que dudo de su realidad incluso tras horas de vigilia, mi recuerdo de aquel viaje marítimo a principios de 1926 no pertenece al reino de la f...
Aun hoy, mientras araño febrilmente el papel en esta habitación cuyo reloj parece irreal, me pregunto si alguna vez existió el universo tal como me fue dado conocerlo. ¿O acaso el mundo es sólo un velo, tejido para protegernos de los vastos y p...
El viento nocturno, cargado de una humedad pegajosa que recordaba la respiración de una bestia oculta, rozaba el acristalado corredor de la Fundación Armitage. Allí, entre tubos de ensayo y delicadas cajas Faraday, el doctor Aldous H. Gainor dete...
En las postrimerías del otoño de 1926, llegué al pequeño y olvidado pueblo de Valladolid, situado en el último confín del sureste mexicano, acuciado por una doble urgencia: buscar las huellas de mi abuelo materno, sobre el que sólo había rum...
Había aprendido a auscultar los silencios desde mi niñez, siglo y medio atrás, desterrando a empellones el temor del hombre común por la quietud. Pero cuando “La Sociedad Esotérica de los Hermanos del Signo Amarillo” me invitó a su retiro ...
Te contaré un relato cuya sola remembranza me llena de un frío tan penetrante que las palabras apenas acuden a mis labios, áridas y vacilantes. Lo hago no como advertencia ―sé bien que quienes escuchan los ecos del Rey Amarillo ya no encuentra...
En la devastadora soledad de las primeras décadas del siglo XX, existen paisajes en la geografía humana que demasiado pronto son abandonados al olvido, traicionando la helada vigilia del pasado. Oakwood, un pueblo al oeste de Arkham, era exactamen...
Cuando los hombres cruzaron por primera vez el límite que marcaba el contorno de su mundo, ya no lo hicieron como exploradores, sino como fugitivos. Las placas tectónicas, once veces vueltas del revés bajo el peso de más siglos que civilizacione...
Cuando me dispuse a transcribir los peculiares fragmentos obtenidos por el Dr. Ambrose White en las ruinas de Celaeno, jamás pensé que las palabras que mi pluma volcaba sobre el amarillento papel serían la última frontera entre la cordura y el a...
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Querido lector de estos fragmentos,
Quienquiera que abandones la luz para descender a la lúgubre profundidad de estas líneas, te advierto: lo que vas a leer son trozos de una conciencia desgarrada, espigas y astillas de un hombre que fue, y...
En el crepúsculo de mi vida, cuando los días parecían disiparse entre la neblina amarga del recuerdo y la resignación de la rutina, recibí la invitación. Era una noche de invierno en Providence, y los vientos recorrían las calles como lamento...
Nadie, salvo los que han perdido la razón, se aventura a explorar los extremos del mundo. Yo no era un loco —al menos, no al salir de Boston rumbo a la ignota isla de Kerguelen—, aunque la salud de mi raciocinio, ahora que escribo estas líneas...
A través de las monótonas planicies de Dunwich y por sendas olvidadas apenas discernibles aún bajo la luz de un menguante cuarto de luna, extravié mi razón entre los brumosos recuerdos de una ciudad suspendida a medias entre la vigilia y la pes...
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La torre del reloj de Ashcombe retumbaba en la lejanía, con aquella cadencia fúnebre tan familiar a todos los habitantes del distrito, pero aquella noche el eco parecía extenderse más allá del velo de niebla que envolvía la ciudad. Era ...
Durante los días pesados de aquel verano inclemente en el que las llamaradas del sol abrían grietas hasta en el asfalto de la cuna misma de la civilización, un desarrollador autónomo llamado Manuel Rivas sintió, sin motivo aparente, que cada lÃ...
Era una noche honda y malsana, henchida de presagios telúricos y resonantes mareas invisibles, cuando el Dr. Lionel Cartwright, arqueólogo de misterios, se aventuró hacia las ruinas sepultadas bajo las colinas de Estenfeld, una región donde el ti...
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Recuerdo perfectamente la noche en que decidí adquirir el grimorio infame conocido como El Libro de Eibon, y aunque muchos eruditos han tachado mi búsqueda de la más ruin insensatez, aún insisto que fue mi afán de descubrir la verdad lo que ...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...