A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p...
Era costumbre de los habitantes de Arkham y sus alrededores contar historias a la luz de las velas cuando el viento nevado azotaba los cristales: relatos de formas inhumanas acechando en la espesura de los bosques oscuros, de perturbar ruidos nocturn...
En las noches de junio, el lago Dormoth relucía con los reflejos de una niebla densa. Nadie en el pueblo de Virkia se acercaba a su orilla después del crepúsculo. Era la costumbre más antigua y sagrada, impuesta a raíz de crónicas que parecían...
Debajo de la ciudad, el olor no era únicamente a podrido. Marian intentaba no pensar mucho en ello mientras apretaba la linterna contra el pecho y observaba que el haz polvoriento ni siquiera rozaba el techo del túnel. Había humedad, sudor rancio ...
Había noches que velaban la cordura, en que las moléculas mismas del aire parecían estar dispuestas a abismarse en otras realidades malhadadas y rampantes. En esas horas, tan receladas por hombres sabios y repudiadas por aquellas gentes del campo ...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació...
Serían casi las dos de la madrugada cuando comencé a escribir esto, desde la desesperanza y el cansancio, convencido de que la catástrofe está cerca; tal vez, mientras mis manos aún obedezcan mi voluntad, pueda legar un testimonio útil, siquier...
Era en los días más sombríos del invierno neoyorquino cuando, desplazado y vencido por el frío y la miseria, acepté un encargo que ningún alma sensata habría contemplado siquiera entre delirios febriles. Había conocido a Charles W. Dunthorne,...
Las tierras de Leng yacen, ignoradas, en las pesadillas de la humanidad, un páramo revuelto de témpanos errantes y torres rotas, bajo una aurora inmóvil y perversa. Pero hay otra Leng, más profunda y cruel, confinada a los bordes de la conciencia...
Tenía la impresión, siempre hacia el fin de la noche, de que la ciudad entera retrocedía de la costa, de que sus cimientos se encogían bajo la presión, no del agua sino de las cosas que la habitaban; seres inmemoriales de los que los pescadores...
Había algo en la nieve que Elías Cartwright odiaba: no era el frío, ni el incómodo crujir bajo sus botas, ni siquiera el silencio; era el modo en que tanta blancura podía ocultar podredumbre. La noche, nada más bajar del tren en Brattleboro, e...
La mayoría de los que se interesan con verdadera devoción por la arqueología nocturna saben cuándo retirarse. Algunos lugares, especialmente en ciudades tan antiguas como Nueva York—cuyo subsuelo está picado por criptas, túneles de servicio ...
En las más antiguas entrañas de la necrópolis, allí donde las aguas rancias del pantano devoran todo vestigio de sol, existían pasajes y cámaras cuya existencia susurraban sólo a medias los archivistas más corrompidos de la ciudad. El cement...
El jardín de las pesadillas se extendía hasta donde la vista alcanzaba, más allá de los vitrales grotescamente pulidos del palacio de Cyralis, cuyos domos brillaban como colmenas llenas de incandescentes zafiros bajo una luna eternamente lívida...
Despertar es siempre una equivocación en noches como estas, cuando la bruma ceñida al acantilado de Garviel parece tan tangible como un sudario, y los relojes marchan hacia atrás, o se detienen simplemente, como si les resultase absurdo pasar el ...
A la entrada del invierno, cuando las noches se alargan tanto que solo la memoria les resiste, Horacio Lornat llegó en un tren de mercancías que no registraba ningún horario y cuyos vagones, añosos y resquebrajados, iban atestados de sombrías y...
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No puedo decir con certeza qué fue lo que me llevó aquel verano a las colinas próximas a Dunwich. Tal vez la culpa todavía roía mis sueños, o simplemente el ineludible magnetismo del dolor—propio y ajeno—que uno siente cuando converge...
Había cierto silencio mineral aquella noche en Dinas Maud, un antiguo pueblo perdido en las llanuras galesas. Era el silencio de la piedra, el eco de eras tan viejas que el recuerdo no alcanzaba, salvo quizás, por un parpadeo atávico en la mente ...
Era aquella noche idéntica en extensión obscura y silencio que tantas otras, fría y sin luna, la brisa trayendo ocasionales ráfagas de olor a tierra removida y vegetación enmohecida. Los trabajos de campaña arqueológica en ese paraje –el pÃ...
En noches tapiadas de tormenta, cuando el trueno parece ser un antiguo lamento y la lluvia produce sonidos semejantes a antiguos murmullos, Horacio Mallard se encuentra en su despacho, obsesivamente revisando cartas y cuadernos polvorientos. Tras aÃ...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Serían casi las dos de la madrugada cuando comencé a escribir esto, desde la desesperanza y el cansancio, convencido de que la catástrofe está cerca; tal vez, mientras mis manos aún obedezcan mi voluntad, pueda legar un testimonio útil, siquier Leer más...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Debajo de la ciudad, el olor no era únicamente a podrido. Marian intentaba no pensar mucho en ello mientras apretaba la linterna contra el pecho y observaba que el haz polvoriento ni siquiera rozaba el techo del túnel. Había humedad, sudor rancio Leer más...
En las noches de junio, el lago Dormoth relucía con los reflejos de una niebla densa. Nadie en el pueblo de Virkia se acercaba a su orilla después del crepúsculo. Era la costumbre más antigua y sagrada, impuesta a raíz de crónicas que parecían Leer más...
Era costumbre de los habitantes de Arkham y sus alrededores contar historias a la luz de las velas cuando el viento nevado azotaba los cristales: relatos de formas inhumanas acechando en la espesura de los bosques oscuros, de perturbar ruidos nocturn Leer más...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las tierras de Leng yacen, ignoradas, en las pesadillas de la humanidad, un páramo revuelto de témpanos errantes y torres rotas, bajo una aurora inmóvil y perversa. Pero hay otra Leng, más profunda y cruel, confinada a los bordes de la conciencia Leer más...
Era en los días más sombríos del invierno neoyorquino cuando, desplazado y vencido por el frío y la miseria, acepté un encargo que ningún alma sensata habría contemplado siquiera entre delirios febriles. Había conocido a Charles W. Dunthorne, Leer más...