Los trenes no circulan hacía el norte desde hace tres inviernos. Sin embargo, Teodoro había recibido la carta; una cosa pesada con tinta demasiado fresca, emitida desde la biblioteca de Celaeno, el nombre ininteligible al inicio, gemas en la cera y...
Delante de mí, desde el primer promontorio de la costa que se hundía en niebla violeta y salmastrada, brillaba Celaeno como un iris anciano, extraviado entre esferas salvajes y constelaciones incurvadas. Yo había llegado a esa luna en busca de me...
En esta hora imprecisa, cuando el crepúsculo se mezcla con la niebla y las sombras se insinúan en los rincones de la mente, me siento obligado a transcribir de manera fidedigna cuanto recordar todavía puedo—o me atrevo a recordar—de los terro...
Recuerdo aún, con sórdido detalle, el exacto instante en que me fue dada la oportunidad de consultar los Fragmentos de Celaeno, esos retazos oscuros y prohibidos cuya mera evocación induce inquietudes inenarrables en los sabios y locos por igual....
Los vástagos de la aurora esmeralda Grietas en la quietud ancestral *** Las piedras de la biblioteca temblaban. Eso lo noté primero, antes de que la linterna de gas en mi mano comenzara a menguar: una vibración sorda, remota, infrahumana, que...
El viajero que busca el saber prohibido, está condenado a ser poseído por la sed insaciable de aquello que no se puede nominar sin desgarro del alma; y ninguna reputación es más temida o consultada en las mesas de los eruditos que los fragmentos...
Cuando me dispuse a transcribir los peculiares fragmentos obtenidos por el Dr. Ambrose White en las ruinas de Celaeno, jamás pensé que las palabras que mi pluma volcaba sobre el amarillento papel serían la última frontera entre la cordura y el a...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Las sombras de la vieja Europa se extienden como vendas raídas, tapando los ojos y aturdiendo el alma de los incautos. En París, donde los tejados de pizarra cortan el cielo como cuchillas y donde las piedras contienen la memoria de siglos de sangr Leer más...
Secunda medianoche. La luna, una garra sepulcral en el cielo, baña con luz mortecina la orilla empedrada del Vistula. La bruma es tan espesa que parece respirar, y, por momentos, tengo la impresión de caminar junto a una criatura etérea cuyos dedo Leer más...
Hoy, tras innumerables semanas de infructuosos esfuerzos y desalientos, he dado con la razón última y anhelada de mis laboriosos estudios en la rama más oscura y silente de las ciencias arcanas. Hablo, aunque mi pluma titubee, de la presencia y es Leer más...
Desde mi retiro forzado en la brumosa región de Kingsport, obligado por las circunstancias a una vida de casi monástica introspección, puedo al fin poner en palabras –aunque aún temo lo que un mero aliento pueda despertar– los horrores acaeci Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
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