El trueno habÃa pasado y el maracinar de la tormenta aún temblaba detrás de las nubes, medio tragadas por la tarde. HabÃa, en Kingsport, ese lunes de agosto, una claridad distinta, filtrada entre postigos mohosos, que parecÃa humedecer los dedo...
Era en Kingsport, y era medianoche, o algo peor que medianoche. Porque a veces, en esa costa lavado de sueños, el tiempo se comporta como la marea: retirándose en jirones y regresando con visiones irreales adheridas a su espuma. Y lo que ocurrió ...
La niebla se cernÃa sobre Kingsport como una mortaja mientras Harlan Dyson ascendÃa la ladera rocosa, alejándose del resplandor mortecino de los faroles del viejo muelle. Eran casi las dos de la mañana y la brisa traÃa consigo el salitre coster...
Kingsport, con sus callejones laberÃnticos, sus casas encaramadas sobre la colina y la inquietante serenidad del Atlántico, es uno de esos lugares que respira antigüedad y, a su manera, sutil perversidad. No me es ajeno; la sangre de mis ancestros...
Nunca he sentido hacia ningún sitio ese miedo primitivo y opresivo que me asaltó la vez que, impelido por circunstancias desgraciadamente prosaicas, hube de pasar tres dÃas y dos noches en Kingsport, ese decaÃdo pueblo costero que muchos aún co...
Uno aprende, con los años y el lento desgaste del espÃritu, a no confiar en la quietud overcast de Kingsport. Las colinas y los promontorios escarpados que custodian el pueblo como cuevas abiertas a la bruma parecen más angustiados los domingos, ...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos dÃas, y menos aún compartirán mi conviccià Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos dÃas, y menos aún compartirán mi conviccià Leer más...
A decir verdad, uno nunca concibe cómo la sangre de Dunwich continúa impávida entre aristas y praderas, cuando cada piedra y cada brizna de hierba parecen haber absorbido viejas historias usadas como señuelos del espanto. No fue por inquietud in Leer más...
El tren a Innsmouth avanzaba lentamente, resoplando con terca fatiga sobre los raÃles herrumbrosos. El paisaje que se deslizaba más allá de la ventanilla se descomponÃa en una sucesión interminable de marismas cubiertas de niebla, espigones pod Leer más...
En la plataforma de la llanura, donde las rocas se curvan como espinas fosilizadas y la bruma se arrastra a la altura de las rodillas incluso a mediodÃa, Yven Hald tropezó. El suelo tenÃa la consistencia de la carne podrida, esponjoso, húmedo, y Leer más...