Cuando las últimas nieblas de marzo descendieron como un sudario sobre las calles viejas y desiguales de Arkham, solo los más imprudentes permanecieron sin refugio tras la medianoche. La Miskatonic arrastraba por esos días aguas espesamente oscur...
A la entrada del invierno, cuando las noches se alargan tanto que solo la memoria les resiste, Horacio Lornat llegó en un tren de mercancías que no registraba ningún horario y cuyos vagones, añosos y resquebrajados, iban atestados de sombrías y...
Había pasado un mes desde la muerte de mi tío, Ambrose Varwick, y, sin embargo, yo seguía temblando ante la sola idea de dormir en su descomunal mansión de girones victorianos, perdida entre pantanos insalubres al extremo norte de Arkham. De ni...
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No puedo decir con certeza qué fue lo que me llevó aquel verano a las colinas próximas a Dunwich. Tal vez la culpa todavía roía mis sueños, o simplemente el ineludible magnetismo del dolor—propio y ajeno—que uno siente cuando converge...
No pretendía encontrar nada en las tierras derruidas de Kalasha. Solo el polvo y las cicatrices de la roca entre promontorios calcinados, donde según los mapas antiguos un río se deslizaba murmurando bajo la luna; pero para la mente inquieta del ...
En mi madurez, tras décadas estudiando lenguas muertas y civilizaciones arrasadas, comprendí que el saber es en sí mismo una forma de ruina. La Universidad de Arkham me había empapado del olor a bibliotecas húmedas y sílabas olvidadas, hasta q...
Las ciudades nacen y perecen. Pero hay lugares donde la muerte es más antigua que la vida; donde ni siquiera el viento osa rozar los polvorientos umbrales de lo inimaginable. Por azares de la carne y el cansancio, vine a parar a uno de esos sitios,...
Había cierto silencio mineral aquella noche en Dinas Maud, un antiguo pueblo perdido en las llanuras galesas. Era el silencio de la piedra, el eco de eras tan viejas que el recuerdo no alcanzaba, salvo quizás, por un parpadeo atávico en la mente ...
Era aquella noche idéntica en extensión obscura y silencio que tantas otras, fría y sin luna, la brisa trayendo ocasionales ráfagas de olor a tierra removida y vegetación enmohecida. Los trabajos de campaña arqueológica en ese paraje –el p...
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Aún hoy, a más de treinta años del suceso, mi mano tiembla mientras escribo. La lámpara jade de mi escritorio, tan semejante en perversidad a lo que iluminó mi descenso, apenas exorciza las sombras que me asombran. La mayoría de quienes a...
He vivido siempre a la sombra de mis propias obsesiones. Durante años, entre los papiros disecados de la biblioteca de mi familia, creí haber visto la totalidad de lo que el hombre podría temer. Imágenes de bestias carnavalescas, de furias núbi...
Uno aprende a escuchar el silencio como quien aprende a caminar sobre hielo: despacio, sin confianza, temiendo siempre el crujido que preanuncia la caída. Para Sylvia Le Blanc, el mundo no sólo era demasiado ruidoso; era una melodía pulsante de gr...
En noches tapiadas de tormenta, cuando el trueno parece ser un antiguo lamento y la lluvia produce sonidos semejantes a antiguos murmullos, Horacio Mallard se encuentra en su despacho, obsesivamente revisando cartas y cuadernos polvorientos. Tras a...
Era una noche como pocas recordaba Arkham, encajada entre las paredes empapadas de la primavera y el olor mohoso de los sótanos ocultos tras los cimientos de la historia local. Las primeras lluvias arremolinaban el fango en la ribera del Miskatonic...
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La vieja biblioteca de la Universidad de Miskatonic, en Arkham, nunca dormía completamente. Había siempre alguien que vagaba por sus pasillos oscuros, a cualquier hora del día o de la noche, alguno de esos obsesivos devoradores de libros que...
Afuera, los aleros de Inverno Hall tiritaban, cada teja recubierta de hielo, cada ventana empañada de aliento frío, mientras la nieve húmeda erosionaba con pasos mudos el sendero hacia la entrada. La fachada, posada entre un mar de sauces y el ol...
La noche caía sobre la llanura de Leng con la suavidad de una losa mortuoria. El viento ululaba a través de las colinas, enredándose entre las rocas con voces que nunca fueron humanas. Contrariamente al consejo de los moradores de los lindes sept...
La tarde parecía empapada en una neblina que brotaba, no de las aguas del río, sino del aire mismo, como si el mundo exhalara su último suspiro. Había recorrido tres pueblos y dos comarcas para llegar a Khalast, una aldea irreal posada sobre fio...
Estoy seguro de que no existen pesadillas tan atrapadas en la mente como aquellas que nos llegan a través de los cielos abisales, cargadas de una negrura que ni siquiera la muerte puede prometer. Puede que lo que voy a relatar haya ocurrido, o pued...
El crepúsculo de octubre caía denso sobre los cláxones y pasos inciertos de Gyeongseong. En el aire se extendía una niebla pestilente, tan espesa que parecían formarse cuerpos en movimiento bajo sus pliegues. Había regresado de Estados Unidos ...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...
El mundo que conocemos apenas roza la costra superficial de un vórtice de fuerzas y presencias insondables, entidades que, en su aspecto más ínfimo, desafían cualquier tentativo de descripción o categorización. Pero mi relato no es una mera ale Leer más...
Henry Blackwell jamás fue hombre de supersticiones ni de credulidad fácil. Su posición en la Sociedad Histórica de Arkham requería una mente ordenada y analítica, pero, en el amargo otoño de 1927, una serie de acontecimientos que comenzaron en Leer más...
La primera vez que Jacob Meunier oyó algo sobre la región pantanosa al sur de Cammheim fue durante una reunión académica celebrada en la Universidad de Dorrance, a la cual asistió más por mera cortesía que por genuino interés. Recuerda el mo Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi convicci Leer más...
Había ciudades que sólo existían en ciertos mapas esotéricos, garabateados con manos temblorosas y tinta que parecía desvanecerse en la luz, como si la luz misma no soportara la verdad que esas líneas contenían. Había nombres que solo podía Leer más...
Recordaré siempre con una mezcla de repugnancia y luz atroz aquella visita, una suave tarde de mayo que me condujo hasta la decrepitud de Ingersmouth, ese villorrio dispuesto cabizbajo en las encrucijadas del desvelo y la bruma costera. No acudí po Leer más...