No sé si mis palabras caerán en algún oído simpatizante o, como temo, quedarán impresas únicamente para el regocijo burlón de aquellos que desprecian los dictados de la razón y el terror. Ruego, aunque en vano, que ningún hombre ni mujer lea...
Tenía la impresión, siempre hacia el fin de la noche, de que la ciudad entera retrocedía de la costa, de que sus cimientos se encogían bajo la presión, no del agua sino de las cosas que la habitaban; seres inmemoriales de los que los pescadores...
La primera vez que Jacob Meunier oyó algo sobre la región pantanosa al sur de Cammheim fue durante una reunión académica celebrada en la Universidad de Dorrance, a la cual asistió más por mera cortesía que por genuino interés. Recuerda el mo...
Había ciudades que sólo existían en ciertos mapas esotéricos, garabateados con manos temblorosas y tinta que parecía desvanecerse en la luz, como si la luz misma no soportara la verdad que esas líneas contenían. Había nombres que solo podía...
Qué satisfactorio es el silencio después de la saturación, ese instante más allá de la tormenta cuando los ecos han sido consumidos y la carne vuelve a asentarse, indefensa y expuesta. Ahora comienza la humedad, el goteo suave en la caverna de m...
El puerto de Innsmouth jamás fue, ni mucho menos, un lugar al que regresar cuando la conciencia pesaba. Solo los que no tenían a dónde más ir volvían allí: aquellos cuyos nombres apenas pesaban más que el agua salina entre los muros podridos ...
En la trastienda de la librería Lester, oculta entre paneles cuarteados y estanterías de madera carcomida, había un cuarto que el propietario nunca mostraba a sus clientes. Era una habitación cuadrada, con una sola lámpara colgante, que apenas ...
Aún no era medianoche cuando empezaron a oírse las campanas. Extrañas, amortiguadas, como si tañeran bajo capas de tierra y hollín, arañando el aire luminoso con sus garras brumosas. Jane regresaba sola al apartamento —una cartulina de sombr...
Cuando Claire encontró el cuaderno —tapadura azul, sin título en el lomo, páginas resecas y cruelmente vellosas— estaba convencida de que nadie había vivido allí desde hacía años. Y sin embargo, en la mesa del estudio, entre espejos cubie...
Había algo en la nieve que Elías Cartwright odiaba: no era el frío, ni el incómodo crujir bajo sus botas, ni siquiera el silencio; era el modo en que tanta blancura podía ocultar podredumbre. La noche, nada más bajar del tren en Brattleboro, e...
La expedición partió de Arkham en pleno agosto, cuando el calor hacía oscilar los muros milenarios de la universidad, y la niebla flotaba inusualmente densa en la desembocadura del Miskatonic. El motivo de nuestra partida fue una carta hallada por...
En la plataforma de la llanura, donde las rocas se curvan como espinas fosilizadas y la bruma se arrastra a la altura de las rodillas incluso a mediodía, Yven Hald tropezó. El suelo tenía la consistencia de la carne podrida, esponjoso, húmedo, y...
El trueno había pasado y el maracinar de la tormenta aún temblaba detrás de las nubes, medio tragadas por la tarde. Había, en Kingsport, ese lunes de agosto, una claridad distinta, filtrada entre postigos mohosos, que parecía humedecer los dedo...
1.
Recuerdo que fue por culpa de un manual de espeleología anticuado, hallado entre los papeles húmedos de la biblioteca de Arkham, que acabé buscando las primeras pistas en las costas olvidadas del norte de Nueva Inglaterra. Trabajaba para un i...
El tren a Innsmouth avanzaba lentamente, resoplando con terca fatiga sobre los raíles herrumbrosos. El paisaje que se deslizaba más allá de la ventanilla se descomponía en una sucesión interminable de marismas cubiertas de niebla, espigones pod...
La bruma había llegado un martes. Un fenómeno atmosférico, dijeron los meteorólogos, aunque no conseguían precisar el origen. No la precedió ningún anuncio, ni tampoco la siguió un cambio del tiempo: simplemente descendió en medio de la tard...
A nadie, que no esté ya formado en la paciencia y la aceptación del pánico convertido en una forma de vida, le sería posible soportar la espera en la goleta ‘Estrella de Gadeir’. Ni el mismo capitán Brenet, por más que presumiera de su lina...
No había mapa para ese tramo de la isla, aunque Ellicott llevaba uno, con las esquinas resecas y el papel manchado de humedad antigua. Ni siquiera era un mapa correcto, más un recuerdo garabateado por un cartógrafo que se había atrevido a inscri...
La noche del 23 de junio se presentó con ese calor neoyorquino que parece adecuado únicamente para los delirios. El Dr. Holden Morrow, catedrático de Bioinformática, dirigía al último técnico por el pasillo mientras los ventiladores vibraban ...
La mayoría de los que se interesan con verdadera devoción por la arqueología nocturna saben cuándo retirarse. Algunos lugares, especialmente en ciudades tan antiguas como Nueva York—cuyo subsuelo está picado por criptas, túneles de servicio ...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...