Desde mi retiro forzado en la brumosa región de Kingsport, obligado por las circunstancias a una vida de casi monástica introspección, puedo al fin poner en palabras –aunque aún temo lo que un mero aliento pueda despertar– los horrores acaeci...
Cuando Claire encontró el cuaderno —tapadura azul, sin título en el lomo, páginas resecas y cruelmente vellosas— estaba convencida de que nadie había vivido allí desde hacía años. Y sin embargo, en la mesa del estudio, entre espejos cubie...
Temprano en mi juventud, fui enviado por azares de la desgracia a cuidar, durante un invierno inhóspito, la biblioteca privada del difunto profesor Wagner, un excéntrico investigador de antigüedades marítimas y mitos primordiales con residencia ...
−−−−−− Atherton Leigh, profesor del Departamento de Ciencias Antiguas en la Universidad Miskatonic, recogía su gabán cuando escuchó el crujido de la lluvia sobre el techo de su despacho. Octubre carcomía Arkham; la niebla reptaba po...
La única luz que invadía el interior del molino abandonado era el resplandor tibio y agotado del crepúsculo, colándose entre las tablas putrefactas y aislando fragmentos irregulares del polvo flotante. Clifford Partridge agradeció esa luz—lo ...
A veces, la noche no es suficiente. A veces, los horrores buscan grietas en la razón, hasta colonizar cada destello de duda, cada sueño que huye del amanecer. En ese territorio de penumbras existe un libro que los escépticos llaman fábula y los ...
Aquella semana de agosto fue prodigiosa en tormentas. Se precipitaban sobre Blackthorn Valley como hordas míticas, sacudiendo ventanas y techos hasta arrancar confesiones de los miedosos y promesas de los fuertes. En mitad de ese caos eléctrico ll...
Al principio era solo un libro prohibido, hablado en tonadas susurrantes entre la élite de los ocultistas que frecuentaban la Sociedad Teúrgica de Arkham. Nunca me interesaron las fábulas de maldiciones o los delirios torcidos de profetas demente...
El umbral de la Curva Caída I En mi juventud, en los días sombríos de mi estudio en la Universidad de Miskatonic, a menudo me encontraba meditando sobre aquellas regiones intelectuales donde lo humano habitualmente no osa adentrarse. Fue entonc...
Aquella noche fría del equinoccio de otoño, un viento seco y polvoriento arrastró sobre la ciudad de Providence una sensación de remotísimo desasosiego. Era el tipo de brisa que uno creería nacida no en las lluvias otoñales, sino en sílabas ...
Mi primer contacto físico con el Necronomicón –aquel tomo de cueros curtidos en sal y secreciones humanas, letras de tinta oxidada por la edad, emanando un rumor más que olor–, fue la culminación de búsquedas y pactos que habrían helado la...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Las sombras de la vieja Europa se extienden como vendas raídas, tapando los ojos y aturdiendo el alma de los incautos. En París, donde los tejados de pizarra cortan el cielo como cuchillas y donde las piedras contienen la memoria de siglos de sangr Leer más...
Secunda medianoche. La luna, una garra sepulcral en el cielo, baña con luz mortecina la orilla empedrada del Vistula. La bruma es tan espesa que parece respirar, y, por momentos, tengo la impresión de caminar junto a una criatura etérea cuyos dedo Leer más...
Hoy, tras innumerables semanas de infructuosos esfuerzos y desalientos, he dado con la razón última y anhelada de mis laboriosos estudios en la rama más oscura y silente de las ciencias arcanas. Hablo, aunque mi pluma titubee, de la presencia y es Leer más...
Los trenes no circulan hacía el norte desde hace tres inviernos. Sin embargo, Teodoro había recibido la carta; una cosa pesada con tinta demasiado fresca, emitida desde la biblioteca de Celaeno, el nombre ininteligible al inicio, gemas en la cera y Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
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