Entre los yermos solares donde Cithra, la ramera cenicieta, oficiaba sus cultos privativos a Ildrak el Sinforma, jamás penetré, pues no era yo suficientemente insensato para tentar tal abismo de lujurias innominadas. Sin embargo, os contaré de ot...
I. En la Brújula de los Sueños
Me llamo Quentin Latham, navegante de barcos errantes y explorador de cartas náuticas tan antiguas que pareciera que sangre y tinta fuesen sus tinturas. No soy de naturaleza supersticiosa; el mundo, siempre he pens...
Bajo la sombra temblorosa de Xhaus, la Camelia Negra, remanente del mundo preadánico, tres siluetas se reunieron donde los vapores habían hecho de la tierra un légamo pútrido y la luz apenas convexa del astro Apau brillaba sesgada como la pupila ...
Entre las brumas turbulentas de Eynehollow, en el corazón mismo del condado de Wiltshire, se alzaba Nugate Hall, una de esas mansiones cuya mampostería saturada de musgo parecía más vieja que la propia nación, y cuyas ventanas elongadas trasluc...
Al principio, nadie advertía nada extraño. Era una tontería: un canal de YouTube con apenas cinco mil suscriptores, dedicado a explorar los rincones digitales más oscuros. “Tuercas y Pesadillas” se llamaba, aunque el tono era más de camarad...
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A veces, en Dylath-Leen, cuando la luna está baja y el rumor de las mareas ahoga el silbido de los comerciantes a la deriva, ciertas historias se deslizan entre los borrachos y los mendigos, adheridas a las costras de neblina negra que surcan ...
En el confín de la desembocadura eterna del río Anarkost, allí donde los árboles de Gnarllé son gruesos como ancianos reunidos en consejo, se alza la villa de Veldrith, hace tiempo corrompida por el sopor y las nieblas húmedas. No se atreven m...
A decir verdad, uno nunca concibe cómo la sangre de Dunwich continúa impávida entre aristas y praderas, cuando cada piedra y cada brizna de hierba parecen haber absorbido viejas historias usadas como señuelos del espanto. No fue por inquietud in...
La noche descendía sobre la vieja ciudad de Altdorf con el peso opresivo de una manta tejida por manos invisibles. La niebla, rebelde incluso a la luz de los faroles aceitados, reptaba entre los adoquines y se enroscaba en torno a los pilares romá...
Nadie recordaba ya el antiguo faro de Gharull, o al menos así lo creía Mervyn Frake durante los primeros días de su llegada a la extraña y poco frecuentada aldea de Halderport. Convocado por una carta salpicada de frases apenas legibles —firma...
No era lugar para caminantes tras la caída del sol, Bethel. Lo decían los pastores de la región; lo decían, aún más bajo, los nómadas que llegaban de paso y no regresaban jamás por la ruta oriental. Bethel, al pie de la colina, parecía, par...
Eran cerca de las once de la noche cuando, titubeante y presa de una inmediata desconfianza, me detuve frente al umbral roído por el salitre. Aquella casona escondida entre los juncos y el barro del litoral de Kingsport, uno de esos engendros arqui...
Sucedió en el año en el que las tormentas de polvo cubrían media Hispania y la sequía arrancaba los nombres de las piedras en los mapas. Yo, Rafael Mur, llegaba desde la Universidad Central de Madrid, enviado por esa malsana curiosidad de la cie...
El invierno —ese parásito insidioso de huesos y espíritu— había colonizado Antoniais, un villorrio francés que se aferraba indolente a las últimas rampas de los Montes Vosgos. La nieve caía sin tregua, una mortaja cerrada sobre patios y te...
Debo confesar, antes de comenzar con el relato de mis experiencias en la colonia septentrional de Beaulac, que mucho ha cambiado en mi percepción del tiempo y la muerte desde aquel invierno perpetuo cuando el doctor Laroque me llamó, urgido por ci...
En la memoria más abismal de Aserion, cuya calidez de juventud fue evaporada por la severidad antipática del mundo, pervive la noche en que mis pasos me llevaron, medio pidiendo, medio huyendo, hasta las puertas acechantes de la Hermandad Fuligino...
El jardín de las pesadillas se extendía hasta donde la vista alcanzaba, más allá de los vitrales grotescamente pulidos del palacio de Cyralis, cuyos domos brillaban como colmenas llenas de incandescentes zafiros bajo una luna eternamente lívida...
En las ruinas de una comarca despoblada de Hyperbórea, donde el viento cruje a través de columnas carcomidas y los líquenes fungen de alfombra con sus filamentos azul-verdosos, mi destino fue sellado en las primeras sendas del crepúsculo. Yo, Er...
Despertar es siempre una equivocación en noches como estas, cuando la bruma ceñida al acantilado de Garviel parece tan tangible como un sudario, y los relojes marchan hacia atrás, o se detienen simplemente, como si les resultase absurdo pasar el ...
I
En la opaca soledad que precede al alba, donde la neblina parece no solo ocultar sino devorar el contorno de las cosas, existe, para quien sabe percibirla, una música tan lejana y abismal como el aullido del primer ser consciente surgido de la n...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...
El mundo que conocemos apenas roza la costra superficial de un vórtice de fuerzas y presencias insondables, entidades que, en su aspecto más ínfimo, desafían cualquier tentativo de descripción o categorización. Pero mi relato no es una mera ale Leer más...
Henry Blackwell jamás fue hombre de supersticiones ni de credulidad fácil. Su posición en la Sociedad Histórica de Arkham requería una mente ordenada y analítica, pero, en el amargo otoño de 1927, una serie de acontecimientos que comenzaron en Leer más...
La primera vez que Jacob Meunier oyó algo sobre la región pantanosa al sur de Cammheim fue durante una reunión académica celebrada en la Universidad de Dorrance, a la cual asistió más por mera cortesía que por genuino interés. Recuerda el mo Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi convicci Leer más...
Había ciudades que sólo existían en ciertos mapas esotéricos, garabateados con manos temblorosas y tinta que parecía desvanecerse en la luz, como si la luz misma no soportara la verdad que esas líneas contenían. Había nombres que solo podía Leer más...
Recordaré siempre con una mezcla de repugnancia y luz atroz aquella visita, una suave tarde de mayo que me condujo hasta la decrepitud de Ingersmouth, ese villorrio dispuesto cabizbajo en las encrucijadas del desvelo y la bruma costera. No acudí po Leer más...