En la plataforma de la llanura, donde las rocas se curvan como espinas fosilizadas y la bruma se arrastra a la altura de las rodillas incluso a mediodÃa, Yven Hald tropezó. El suelo tenÃa la consistencia de la carne podrida, esponjoso, húmedo, y...
Jamás debà confiar en Eveleigh. Lo supe en cuanto abrió aquel delgado portafolio de cuero negro y dejó desparramar sobre mi mesa los mapas de la Llanura de Leng, junto a un croquis tosco de piedras ciclópeas y una fotografÃa en sepia de una cr...
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La Llanura de Leng, aunque conocida en los cÃrculos más turbios de los eruditos, sigue siendo un nombre apenas un susurro en los sueños febriles de quienes aún valoran la vida y la cordura. Se halla en la intersección de varios mundos, y q...
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Las tierras de Leng son el delirio de cartógrafos cuerdos y el ansia susurrante de cualquier mente sensible. No hay brújula que marque el curso, y ningún sol que oriente los dÃas. Y sin embargo, cada ciclo, los leprosos errantes cruzan los ...
Nunca habrá un lenguaje humano capaz de esbozar, ni siquiera burdamente, el verdadero aspecto de la Llanura de Leng, ese páramo prehumano, envuelto bajo soles muertos y brumas irisadas, donde el tiempo se repliega como un animal herido entre la ni...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos dÃas, y menos aún compartirán mi conviccià Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos dÃas, y menos aún compartirán mi conviccià Leer más...
A decir verdad, uno nunca concibe cómo la sangre de Dunwich continúa impávida entre aristas y praderas, cuando cada piedra y cada brizna de hierba parecen haber absorbido viejas historias usadas como señuelos del espanto. No fue por inquietud in Leer más...
El tren a Innsmouth avanzaba lentamente, resoplando con terca fatiga sobre los raÃles herrumbrosos. El paisaje que se deslizaba más allá de la ventanilla se descomponÃa en una sucesión interminable de marismas cubiertas de niebla, espigones pod Leer más...
El trueno habÃa pasado y el maracinar de la tormenta aún temblaba detrás de las nubes, medio tragadas por la tarde. HabÃa, en Kingsport, ese lunes de agosto, una claridad distinta, filtrada entre postigos mohosos, que parecÃa humedecer los dedo Leer más...