Era al oeste de todos los mapas, en la vasta y desolada planicie de Leng, donde la soledad y el silbido del viento componían una música que sólo podía surgir del mundo anterior al recuerdo de los hombres. Durante edades innombrables, los dioses y...
En la plataforma de la llanura, donde las rocas se curvan como espinas fosilizadas y la bruma se arrastra a la altura de las rodillas incluso a mediodía, Yven Hald tropezó. El suelo tenía la consistencia de la carne podrida, esponjoso, húmedo, y...
Jamás debí confiar en Eveleigh. Lo supe en cuanto abrió aquel delgado portafolio de cuero negro y dejó desparramar sobre mi mesa los mapas de la Llanura de Leng, junto a un croquis tosco de piedras ciclópeas y una fotografía en sepia de una cr...
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La Llanura de Leng, aunque conocida en los círculos más turbios de los eruditos, sigue siendo un nombre apenas un susurro en los sueños febriles de quienes aún valoran la vida y la cordura. Se halla en la intersección de varios mundos, y q...
Yo me encontraba acurrucado bajo el último techo recio de la provincia de Zarthis, en las mismísimas fronteras que se asoman y desmoronan hacia la Llanura de Leng. No puedo decir con qué propósito real llegué ahí, más allá de una insaciable ...
Había caminado durante tres días a través de la llanura. Así lo decía mi diario, aunque las fechas y las marcas de tiempo estaban escritas con una mano que cada vez temblaba más. El sol parecía un ojo ciego sobre un mar blanco, y ni las nubes...
Nunca olvidaré aquella velada en la que los portentos del olvido se manifestaron ante mis ojos, y juro que no lo haría siquiera si la razón se me fuera deshaciendo lentamente como la escarcha al sol letal de las regiones polares. Fue hace ya año...
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Las tierras de Leng son el delirio de cartógrafos cuerdos y el ansia susurrante de cualquier mente sensible. No hay brújula que marque el curso, y ningún sol que oriente los días. Y sin embargo, cada ciclo, los leprosos errantes cruzan los ...
Nunca habrá un lenguaje humano capaz de esbozar, ni siquiera burdamente, el verdadero aspecto de la Llanura de Leng, ese páramo prehumano, envuelto bajo soles muertos y brumas irisadas, donde el tiempo se repliega como un animal herido entre la ni...
Nunca me había creído supersticioso, al menos no como esos necios de la universidad que presumen del raciocinio occidental hasta que la medianoche y la soledad les muestran su verdadero rostro. No obstante, tras aquello que testifiqué en las yerm...
A quien pueda concernir, ojalá mis palabras no sean más que las balbuceantes cavilaciones de una mente desgastada por el insomnio y la desesperación, pues no pretendo que ni un alma sensata crea en la veracidad de los hechos que aquí transcribirà Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi conviccià Leer más...
No existe en Massachusetts paraje más innombrable y pernicioso que Dunwich. Así escapó llamar la atención de los cartógrafos y, durante el apogeo de la vida rural, incluso de algún viajero accidental. Mi llegada a Dunwich, empujado por la curio Leer más...
Hay una perversión ancestral en la curva de la costa, en cómo la niebla se desliza hacia el pueblo y lame con dedos fríos los ventanales velludos de algas y las farolas varadas de salitre. Pido disculpas por la digresión, pero es importante enten Leer más...
Kadath se alza sosegada ante la noche perpetua, tan quieta como una criatura que sueña. Cuando la luna doble surge, tras las torres ensortijadas como garras de un monstruo antediluviano, la ciudad escupe sombras líquidas y niebla densa desde la ven Leer más...
La niebla nació temprano ese jueves, engullendo Kingsport bajo su manto blanco y frío. El Atlántico rugía al otro lado de la bahía, pero el sonido se acuchillaba contra el muro, y la ciudad solo podía escuchar el retumbar amortiguado. Así habà Leer más...
1. El Despertar del Ahogado.
En los estertores finales de un febril verano, viajé hacia el suroeste del Pacífico bajo un pretexto académico —quizá despreciable a ojos de mis pares— sobre las migraciones polinesias en islas desaparecidas. No Leer más...
Había noches en Arkham en las que el silbido del viento traía consigo lamentos desconocidos a través de las rendijas de la lúgubre biblioteca Miskatónica. Como viejos libros, las palabras perdidas flotaban sobre el vaho persistente de las ribera Leer más...