El tren a Innsmouth avanzaba lentamente, resoplando con terca fatiga sobre los raÃles herrumbrosos. El paisaje que se deslizaba más allá de la ventanilla se descomponÃa en una sucesión interminable de marismas cubiertas de niebla, espigones pod...
La noche en que Philip Marlowe llegó a Innsmouth, las calles estaban saturadas de niebla y un hedor a salmuera antigua, tan denso y podrido como los rumores que arrastraban los rieles desde Arkham sobre ese pedazo de mundo. Los faroles—escasos, o...
Recuerdo las palabras de mi colega, el profesor Hensley, mientras el tren traqueteaba por el descuidado ramal que lleva a Innsmouth: “Hay cosas que no deben buscarse, mi estimado Creighton. Algunas ciudades deberÃan quedarse ahÃ, en los márgene...
I
PermÃtaseme la indulgencia de este testimonio, que a tantos parecerá locura y a muy pocos advertencia. Me atrevo a confiar el relato a estas páginas, con la última esperanza de que la verdad, aunque recubierta de absurdidad y de blasfemia, en...
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Cuando el pálido tren atraviesa las ruinas del Este a la hora maldita—ni noche ni tarde aún—la brisa sobre los marjales sólo trae, ante los forasteros valientes, silencio y olor a sal petrificada. Pocos, por decir ninguno, bajan en la es...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos dÃas, y menos aún compartirán mi conviccià Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos dÃas, y menos aún compartirán mi conviccià Leer más...
A decir verdad, uno nunca concibe cómo la sangre de Dunwich continúa impávida entre aristas y praderas, cuando cada piedra y cada brizna de hierba parecen haber absorbido viejas historias usadas como señuelos del espanto. No fue por inquietud in Leer más...
El trueno habÃa pasado y el maracinar de la tormenta aún temblaba detrás de las nubes, medio tragadas por la tarde. HabÃa, en Kingsport, ese lunes de agosto, una claridad distinta, filtrada entre postigos mohosos, que parecÃa humedecer los dedo Leer más...
En la plataforma de la llanura, donde las rocas se curvan como espinas fosilizadas y la bruma se arrastra a la altura de las rodillas incluso a mediodÃa, Yven Hald tropezó. El suelo tenÃa la consistencia de la carne podrida, esponjoso, húmedo, y Leer más...