Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc...
Había ciudades que sólo existían en ciertos mapas esotéricos, garabateados con manos temblorosas y tinta que parecía desvanecerse en la luz, como si la luz misma no soportara la verdad que esas líneas contenían. Había nombres que solo podía...
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La luz grisácea que se filtra en la celda apenas roza el cuaderno, sucio y tembloroso en mis manos. No sé si sellar estas palabras será mi salvación o la condena final de mi razón, si acaso queda algo de ella. Pero sé que alguien debe sab...
Cuando Shesamath despertó aquella noche sacudida por vientos gélidos y voces apagadas, supo, con un escalofrío que le reptó por la columna, que su vigilia sería la última. Su habitación, localizada en la cara este de la Biblioteca Cerúlea de...
La luna llena bañaba el jardín de mi abuelo en una luz mortecina, y yo, recién retornado al caserón familiar tras veinte años de autoexilio, me senté en la terraza de losas húmedas, contemplando los cicadáceos que rodeaban la vieja edificaci...
A J. V. R. G., lector de otras puertas
Las losas eran pulidas y cálidas aún bajo la caricia del atardecer. Yo, Álvaro Mejía, había aprendido, quizás demasiado pronto—tal vez con la torpeza de los reacios a enterrar cosas en la noche—que l...
- I -
Hacía frío en la biblioteca incluso en junio, cuando la brisa del mar subía por las calles de Arkham e inundaba las ventanas de la calle Derby con humedad y salitre. Thomas Caldwell, profesor de lenguas muertas, caminó despacio entre los ...
Jamás podré borrar de mi maltrecha memoria aquellos días en los que, por razones que aún no acierto a comprender del todo, me hallé sumido en la investigación de los Manuscritos Pnakóticos. Antes de los hechos, me hubiese reído amargamente d...
La figura de Beirith Vaughan cruzaba el corredor abovedado del Archivo Miskatonic a paso sigiloso. Entre sus manos temblorosas aferraba la misiva perfumada que había llegado esa mañana; palabras torcidas como raíces excavaban el papel:
"Se le r...
En la vasta y remota ribera del Aihais, donde la niebla, como vaho en la boca de un animal dormido, se enrollaba a las malezas, Edrom Stykos escudriñaba el barro con paso errante. Más allá del delta, la ciudad de Hlanith pululaba como un rumor de...
No sabría decir con certeza cuán profundo es el abismo del miedo hasta que, errando por sendas prohibidas del saber, fui a dar con la verdad que ocultan los Manuscritos Pnakóticos. Ni el bramido del viento en Nueva Inglaterra, ni mi propia ruina ...
Hubo una época, hace no mucho, en la que me sentí separado de los misterios de la vida. Como muchos de nosotros en la Edad de la Tecnología, vivía rodeado de una claridad taimada, de los grises y azules de mi pequeño apartamento, hasta que la c...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Las sombras de la vieja Europa se extienden como vendas raídas, tapando los ojos y aturdiendo el alma de los incautos. En París, donde los tejados de pizarra cortan el cielo como cuchillas y donde las piedras contienen la memoria de siglos de sangr Leer más...
Secunda medianoche. La luna, una garra sepulcral en el cielo, baña con luz mortecina la orilla empedrada del Vistula. La bruma es tan espesa que parece respirar, y, por momentos, tengo la impresión de caminar junto a una criatura etérea cuyos dedo Leer más...
Hoy, tras innumerables semanas de infructuosos esfuerzos y desalientos, he dado con la razón última y anhelada de mis laboriosos estudios en la rama más oscura y silente de las ciencias arcanas. Hablo, aunque mi pluma titubee, de la presencia y es Leer más...
Los trenes no circulan hacía el norte desde hace tres inviernos. Sin embargo, Teodoro había recibido la carta; una cosa pesada con tinta demasiado fresca, emitida desde la biblioteca de Celaeno, el nombre ininteligible al inicio, gemas en la cera y Leer más...
Desde mi retiro forzado en la brumosa región de Kingsport, obligado por las circunstancias a una vida de casi monástica introspección, puedo al fin poner en palabras –aunque aún temo lo que un mero aliento pueda despertar– los horrores acaeci Leer más...