Henry Blackwell jamás fue hombre de supersticiones ni de credulidad fácil. Su posición en la Sociedad Histórica de Arkham requería una mente ordenada y analítica, pero, en el amargo otoño de 1927, una serie de acontecimientos que comenzaron en...
Había pasado un mes desde la muerte de mi tío, Ambrose Varwick, y, sin embargo, yo seguía temblando ante la sola idea de dormir en su descomunal mansión de girones victorianos, perdida entre pantanos insalubres al extremo norte de Arkham. De niÃ...
Afuera, los aleros de Inverno Hall tiritaban, cada teja recubierta de hielo, cada ventana empañada de aliento frío, mientras la nieve húmeda erosionaba con pasos mudos el sendero hacia la entrada. La fachada, posada entre un mar de sauces y el ol...
El crepúsculo de octubre caía denso sobre los cláxones y pasos inciertos de Gyeongseong. En el aire se extendía una niebla pestilente, tan espesa que parecían formarse cuerpos en movimiento bajo sus pliegues. Había regresado de Estados Unidos ...
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La lluvia no era más que un telón de fondo, el latido gris del clima que flanqueaba al Londres de 1923, y, sin embargo, pesaba esa tarde como una mortaja. Rupert Harrington, apretando el ala de su sombrero contra el viento, sentía cada paso ...
Era el invierno de 1927, y las gentes de la ciudad —gentes que aparentaban robustez pero cuya miope obstinación les cegaba de antiguos susurros— comenzaban a inquietarse por unas grietas que habían surgido, negras y retorcidas, a lo largo de v...
Era una noche sin luna cuando regresé a Kingsport, una de esas noches en las que el viento marino sopla sigiloso y los viejos pescadores se apresuran a echar doble pestillo a sus puertas desvencijadas. Habían pasado veinte años desde la última v...
El silencio sobre el Hudson
Nueva York. Otoño. 1927. El Hudson se extendía, sucio y resbaladizo como una lengua podrida, bajo las brumas que titilaban bajo la herrumbre de los viejos puentes de Manhattan hacia la noche. El silbido lejano de un ba...
Con la luna menguante entre nubes agitadas por un viento inclemente, el joven Lionel Paddock empapó el ala de su sombrero bajo el fango del camino rural. Ráfagas de lluvia diagonal le azotaban el rostro y convertían el sendero hacia Kettlewell en...
Había sostenido durante mucho tiempo una convicción inquebrantable respecto a la naturaleza de la realidad: que bajo las apariencias y el rigor de la vida moderna de los años veinte, el tiempo del jazz y los anuncios de neón, latía un vigoroso ...
El viejo Perkins solía advertirme cuando vagábamos, años atrás, por los embarcaderos de Arkham, sobre los peligros de abrir puertas cuyo propósito ni siquiera comprendían las ratas que huían de sus profundidades. “Nada es más traicionero q...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Hay algo inexpresable, carcomiendo los cimientos del racionalismo mismo, en los supuestos límites que el hombre se ha impuesto a la memoria de su propia especie. Hay, en la vasta noche de los tiempos, civilizaciones cuya existencia se insinúa en sà Leer más...
Me marché de Boston en enero porque la casa de mi hermana pasó del susurro al grito. Tres noches enteras, el mismo sonido de fondo, como si alguien caminara lento sobre nieve recién caída, pero en la segunda planta donde ninguna pisada era posibl Leer más...
Cuando las nieblas caían pesadamente sobre las calles de New Brighton, los faroles de gas parecían encenderse no tanto para alumbrar, sino para celebrar la penumbra. Sus lejanas luminiscencias solo lograban trazar una frontera de tenues resplandore Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...