Había muchas razones para odiar la Universidad de Yharnis, pero aquella tarde –la última tarde reconocible de mi vida– supe que todas mis previas aversiones eran simple paja quemada comparadas con el terror que esperaba encubierto bajo su campu...
En las noches de junio, el lago Dormoth relucía con los reflejos de una niebla densa. Nadie en el pueblo de Virkia se acercaba a su orilla después del crepúsculo. Era la costumbre más antigua y sagrada, impuesta a raíz de crónicas que parecían...
El relato empieza bajo el cielo plomizo de un otoño tardío en Spokane, cuando Arthur Singer recibió la carta lacrada con cera amarilla opaca—aquel tono entre el oro podrido y el mosto de vino barato, similar al sueño febril de un brujo moribund...
Era noviembre y el mar golpeaba, lamiendo el promontorio donde las últimas casas de la Costera del Ocaso se aferraban a la roca. Atalayas, más bien, aún de pie por obstinación y amor, cada una con la sal incrustada en sus vigas y la pintura oscur...
Debajo de la ciudad, el olor no era únicamente a podrido. Marian intentaba no pensar mucho en ello mientras apretaba la linterna contra el pecho y observaba que el haz polvoriento ni siquiera rozaba el techo del túnel. Había humedad, sudor rancio ...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí ...
Los trenes no circulan hacía el norte desde hace tres inviernos. Sin embargo, Teodoro había recibido la carta; una cosa pesada con tinta demasiado fresca, emitida desde la biblioteca de Celaeno, el nombre ininteligible al inicio, gemas en la cera y...
Me siento extraño escribiendo esto. No porque haya nada insólito en tomar la pluma una noche lluviosa, sino porque cada sílaba me clava una astilla en la mente. Pero he sufrido bastante guardando silencio. Si este cuaderno llega a manos ajenas, sa...
El club experiencias para adultos era, primero que nada, un acuerdo tácito. Nadie que entrara mencionaba que así había sido bautizado en los foros, ni que su portal de acceso era la reputada puerta trasera de un bar ruinoso en la Avenida Guerrero....
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Expediciones. La palabra promete aventura, conquista, descubrimientos plasmados en mapamundis. Para los románticos, implica el susurro de lo ignoto rozando la piel, las noches a la intemperie escuchando bestias más viejas que el hombre. Para m...
Polvo y humedad tejían una mortaja en los sótanos de la casona Faure, erguida desde hacía siglos sobre la arteria principal de Villalba, ese confín olvidado entre la Castilla vieja y el interminable crepitar del bosque, donde hasta el tiempo disc...
Cuando las nieblas caían pesadamente sobre las calles de New Brighton, los faroles de gas parecían encenderse no tanto para alumbrar, sino para celebrar la penumbra. Sus lejanas luminiscencias solo lograban trazar una frontera de tenues resplandore...
Me marché de Boston en enero porque la casa de mi hermana pasó del susurro al grito. Tres noches enteras, el mismo sonido de fondo, como si alguien caminara lento sobre nieve recién caída, pero en la segunda planta donde ninguna pisada era posibl...
Recuerdo cada detalle porque, desde entonces, aprendí que el olvido es el más generoso de los dioses, y que la memoria, por el contrario, es la boca hambrienta que roe la cordura bajo nuestras costillas. Ignorar lo que sucedió en la cabaña habrí...
Hoy, tras innumerables semanas de infructuosos esfuerzos y desalientos, he dado con la razón última y anhelada de mis laboriosos estudios en la rama más oscura y silente de las ciencias arcanas. Hablo, aunque mi pluma titubee, de la presencia y es...
No existe en Massachusetts paraje más innombrable y pernicioso que Dunwich. Así escapó llamar la atención de los cartógrafos y, durante el apogeo de la vida rural, incluso de algún viajero accidental. Mi llegada a Dunwich, empujado por la curio...
Secunda medianoche. La luna, una garra sepulcral en el cielo, baña con luz mortecina la orilla empedrada del Vistula. La bruma es tan espesa que parece respirar, y, por momentos, tengo la impresión de caminar junto a una criatura etérea cuyos dedo...
El año era 1921, y jamás en mi vida hubiese imaginado que una tempestad me haría naufragar en una tierra donde la cordura se desvanece, ni que por mi corazón demente haría brillar lunas antediluvianas bajo una bóveda de aguas sin fondo. Recuerd...
En los abismos donde la ciencia jamás suspira y la razón se desgarra como un paño raído, hay círculos de hombres y mujeres que buscan aquello que ningún espíritu sensato ansiaría contemplar. Yo fui uno de ellos. Durante la grisácea existenci...
El viento que vino del nordeste traía consigo un hedor que ni la mar, en los días de mayor rompimiento, había sido capaz de engendrar. Iba impregnando las viejas tablas de la casona de los Marsh, deslizándose con taimada insistencia por rendijas ...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...