El viento que vino del nordeste traía consigo un hedor que ni la mar, en los días de mayor rompimiento, había sido capaz de engendrar. Iba impregnando las viejas tablas de la casona de los Marsh, deslizándose con taimada insistencia por rendijas ...
Eran cerca de las once de la noche cuando, titubeante y presa de una inmediata desconfianza, me detuve frente al umbral roído por el salitre. Aquella casona escondida entre los juncos y el barro del litoral de Kingsport, uno de esos engendros arqui...
El regresó a Innsmouth fue una decisión errática, una necesidad surgida del humo de los sueños repetidos, de ese zumbido constante que la ciudad sembraba en su memoria desde la niñez. Había huido a Boston hacía más de veinte años, jurando n...
Nunca olvidaré la noche en que mi vida quedó para siempre marcada por el hedor salino y la inenarrable monstruosidad acechando bajo la superficie del mar. Antes de los eventos que narraré, mi nombre apenas tenía peso fuera de los registros del C...
El viento húmedo traía el hedor del mar muerto más allá del malecón, olores convocados por la marea baja y las extrañas trampas para cangrejos varadas en la arena, cubiertas de algas y de conchas incrustadas. Philip Randall regresaba a Innsmou...
Era la noche más fría que había sentido jamás en el cobertizo de los Marsh, y eso ya era decir mucho para alguien que había sobrevivido los interminables inviernos de Nueva Inglaterra. El olor a algas podridas llegaba desde las grietas del suel...
No puedo olvidar aquella noche glacial en la que el miedo desbordó los límites de lo razonable, ni las visiones que, todavía hoy, arrastran mi sanidad a la deriva, como algas muertas devueltas por las olas a una playa ya desierta. El lector sabrÃ...
En el borde de Kingsport, donde los acantilados se desgarran en abruptos colmillos sobre el Atlántico y la bruma se arrastra al anochecer como una serpiente sin fin, se encontraba la casucha olvidada de Obed Marsh. Reconstruída tras un curioso inc...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
El invierno de 1927 se apoderó de Arkham con una rudeza inusitada, despojando de vida a las dolientes ramas y cerrando los párpados de la ciudad en una bruma precoz, interminable. Ni siquiera los adoquines conocieron alivio, cubiertos de musgo mohà Leer más...
El relato empieza bajo el cielo plomizo de un otoño tardío en Spokane, cuando Arthur Singer recibió la carta lacrada con cera amarilla opaca—aquel tono entre el oro podrido y el mosto de vino barato, similar al sueño febril de un brujo moribund Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...