A quien pueda concernir, ojalá mis palabras no sean más que las balbuceantes cavilaciones de una mente desgastada por el insomnio y la desesperación, pues no pretendo que ni un alma sensata crea en la veracidad de los hechos que aquí transcribirÃ...
Era al oeste de todos los mapas, en la vasta y desolada planicie de Leng, donde la soledad y el silbido del viento componían una música que sólo podía surgir del mundo anterior al recuerdo de los hombres. Durante edades innombrables, los dioses y...
La niebla nació temprano ese jueves, engullendo Kingsport bajo su manto blanco y frío. El Atlántico rugía al otro lado de la bahía, pero el sonido se acuchillaba contra el muro, y la ciudad solo podía escuchar el retumbar amortiguado. Así habÃ...
Kadath se alza sosegada ante la noche perpetua, tan quieta como una criatura que sueña. Cuando la luna doble surge, tras las torres ensortijadas como garras de un monstruo antediluviano, la ciudad escupe sombras líquidas y niebla densa desde la ven...
Hay una perversión ancestral en la curva de la costa, en cómo la niebla se desliza hacia el pueblo y lame con dedos fríos los ventanales velludos de algas y las farolas varadas de salitre. Pido disculpas por la digresión, pero es importante enten...
No existe en Massachusetts paraje más innombrable y pernicioso que Dunwich. Así escapó llamar la atención de los cartógrafos y, durante el apogeo de la vida rural, incluso de algún viajero accidental. Mi llegada a Dunwich, empujado por la curio...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi convicciÃ...
Había noches en Arkham en las que el silbido del viento traía consigo lamentos desconocidos a través de las rendijas de la lúgubre biblioteca Miskatónica. Como viejos libros, las palabras perdidas flotaban sobre el vaho persistente de las ribera...
1. El Despertar del Ahogado.
En los estertores finales de un febril verano, viajé hacia el suroeste del Pacífico bajo un pretexto académico —quizá despreciable a ojos de mis pares— sobre las migraciones polinesias en islas desaparecidas. No...
La expedición partió de Arkham en pleno agosto, cuando el calor hacía oscilar los muros milenarios de la universidad, y la niebla flotaba inusualmente densa en la desembocadura del Miskatonic. El motivo de nuestra partida fue una carta hallada por...
En la plataforma de la llanura, donde las rocas se curvan como espinas fosilizadas y la bruma se arrastra a la altura de las rodillas incluso a mediodía, Yven Hald tropezó. El suelo tenía la consistencia de la carne podrida, esponjoso, húmedo, y...
El trueno había pasado y el maracinar de la tormenta aún temblaba detrás de las nubes, medio tragadas por la tarde. Había, en Kingsport, ese lunes de agosto, una claridad distinta, filtrada entre postigos mohosos, que parecía humedecer los dedo...
1.
Recuerdo que fue por culpa de un manual de espeleología anticuado, hallado entre los papeles húmedos de la biblioteca de Arkham, que acabé buscando las primeras pistas en las costas olvidadas del norte de Nueva Inglaterra. Trabajaba para un i...
El tren a Innsmouth avanzaba lentamente, resoplando con terca fatiga sobre los raíles herrumbrosos. El paisaje que se deslizaba más allá de la ventanilla se descomponía en una sucesión interminable de marismas cubiertas de niebla, espigones pod...
A decir verdad, uno nunca concibe cómo la sangre de Dunwich continúa impávida entre aristas y praderas, cuando cada piedra y cada brizna de hierba parecen haber absorbido viejas historias usadas como señuelos del espanto. No fue por inquietud in...
Cuando las últimas nieblas de marzo descendieron como un sudario sobre las calles viejas y desiguales de Arkham, solo los más imprudentes permanecieron sin refugio tras la medianoche. La Miskatonic arrastraba por esos días aguas espesamente oscur...
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Aún hoy, a más de treinta años del suceso, mi mano tiembla mientras escribo. La lámpara jade de mi escritorio, tan semejante en perversidad a lo que iluminó mi descenso, apenas exorciza las sombras que me asombran. La mayoría de quienes a...
Era una noche como pocas recordaba Arkham, encajada entre las paredes empapadas de la primavera y el olor mohoso de los sótanos ocultos tras los cimientos de la historia local. Las primeras lluvias arremolinaban el fango en la ribera del Miskatonic...
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La vieja biblioteca de la Universidad de Miskatonic, en Arkham, nunca dormía completamente. Había siempre alguien que vagaba por sus pasillos oscuros, a cualquier hora del día o de la noche, alguno de esos obsesivos devoradores de libros que...
Estoy seguro de que no existen pesadillas tan atrapadas en la mente como aquellas que nos llegan a través de los cielos abisales, cargadas de una negrura que ni siquiera la muerte puede prometer. Puede que lo que voy a relatar haya ocurrido, o pued...
A quien pueda concernir, ojalá mis palabras no sean más que las balbuceantes cavilaciones de una mente desgastada por el insomnio y la desesperación, pues no pretendo que ni un alma sensata crea en la veracidad de los hechos que aquí transcribirà Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi conviccià Leer más...
No existe en Massachusetts paraje más innombrable y pernicioso que Dunwich. Así escapó llamar la atención de los cartógrafos y, durante el apogeo de la vida rural, incluso de algún viajero accidental. Mi llegada a Dunwich, empujado por la curio Leer más...
Hay una perversión ancestral en la curva de la costa, en cómo la niebla se desliza hacia el pueblo y lame con dedos fríos los ventanales velludos de algas y las farolas varadas de salitre. Pido disculpas por la digresión, pero es importante enten Leer más...
Kadath se alza sosegada ante la noche perpetua, tan quieta como una criatura que sueña. Cuando la luna doble surge, tras las torres ensortijadas como garras de un monstruo antediluviano, la ciudad escupe sombras líquidas y niebla densa desde la ven Leer más...
La niebla nació temprano ese jueves, engullendo Kingsport bajo su manto blanco y frío. El Atlántico rugía al otro lado de la bahía, pero el sonido se acuchillaba contra el muro, y la ciudad solo podía escuchar el retumbar amortiguado. Así habà Leer más...
Era al oeste de todos los mapas, en la vasta y desolada planicie de Leng, donde la soledad y el silbido del viento componían una música que sólo podía surgir del mundo anterior al recuerdo de los hombres. Durante edades innombrables, los dioses y Leer más...
1. El Despertar del Ahogado.
En los estertores finales de un febril verano, viajé hacia el suroeste del Pacífico bajo un pretexto académico —quizá despreciable a ojos de mis pares— sobre las migraciones polinesias en islas desaparecidas. No Leer más...
Había noches en Arkham en las que el silbido del viento traía consigo lamentos desconocidos a través de las rendijas de la lúgubre biblioteca Miskatónica. Como viejos libros, las palabras perdidas flotaban sobre el vaho persistente de las ribera Leer más...