Las sombras de la vieja Europa se extienden como vendas raídas, tapando los ojos y aturdiendo el alma de los incautos. En París, donde los tejados de pizarra cortan el cielo como cuchillas y donde las piedras contienen la memoria de siglos de sangr...
El invierno —ese parásito insidioso de huesos y espíritu— había colonizado Antoniais, un villorrio francés que se aferraba indolente a las últimas rampas de los Montes Vosgos. La nieve caía sin tregua, una mortaja cerrada sobre patios y te...
En la médula de las tinieblas urbanas de París, al margen de las avenidas alineadas por Haussmann y más allá del alcance ordinario de la razón, existe una realidad que pocos han visto y que nadie debería buscar. Y sin embargo, hay hombres –y...
El invierno suizo había roto su gélida lanza contra los muros del viejo monasterio donde yo, Léonard Duvivier, me hallaba confinado por cuestiones de estudio. Había venido hasta Vevey —una ciudad pequeña a la orilla del lago Léman— en pos ...
A veces pienso que la mayor razón para vigilar nuestras manos no es el miedo a lo que puedan hacer, sino a lo que puedan encontrar. Y sin embargo, el destino rara vez concede esa gracia a los curiosos compulsivos como yo. Me llamo Arthur Vayle y, c...
Eran casi las tres de la madrugada cuando François Duvalier reconoció finalmente la plaza, apenas adivinada bajo los escombros de un barrio destruido por el perpetuo acoso de la humedad y del tiempo, en una ciudad cuyos nombres cambiaban siempre s...
En la ciudad de París, en el otoño húmedo y perpetuamente gris del año 1787, la decadencia del viejo continente se respiraba como un miasma, impregnando cada rincón de sus callejones retorcidos, viejos adoquines y húmedos canalones a punto de ...
No fue por pasión filológica que me sumergí, en la melancolía afiebrada de París, en el estudio de aquellas ruinas moribundas del saber, sino por un impulso más sombrío y... dolorosamente humano. Escuché los nombres —Comte d’Erlette, el ...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Secunda medianoche. La luna, una garra sepulcral en el cielo, baña con luz mortecina la orilla empedrada del Vistula. La bruma es tan espesa que parece respirar, y, por momentos, tengo la impresión de caminar junto a una criatura etérea cuyos dedo Leer más...
Hoy, tras innumerables semanas de infructuosos esfuerzos y desalientos, he dado con la razón última y anhelada de mis laboriosos estudios en la rama más oscura y silente de las ciencias arcanas. Hablo, aunque mi pluma titubee, de la presencia y es Leer más...
Los trenes no circulan hacía el norte desde hace tres inviernos. Sin embargo, Teodoro había recibido la carta; una cosa pesada con tinta demasiado fresca, emitida desde la biblioteca de Celaeno, el nombre ininteligible al inicio, gemas en la cera y Leer más...
Desde mi retiro forzado en la brumosa región de Kingsport, obligado por las circunstancias a una vida de casi monástica introspección, puedo al fin poner en palabras –aunque aún temo lo que un mero aliento pueda despertar– los horrores acaeci Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
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