Secunda medianoche. La luna, una garra sepulcral en el cielo, baña con luz mortecina la orilla empedrada del Vistula. La bruma es tan espesa que parece respirar, y, por momentos, tengo la impresión de caminar junto a una criatura etérea cuyos dedo...
La noche descendía sobre la vieja ciudad de Altdorf con el peso opresivo de una manta tejida por manos invisibles. La niebla, rebelde incluso a la luz de los faroles aceitados, reptaba entre los adoquines y se enroscaba en torno a los pilares romá...
Los más dignos de temor no son los recuerdos, sino los silencios que les sobreviven; pues dentro de la mudez de un secreto se agazapan horrores cuya naturaleza trasciende la mera comprensión humana. Muchas noches, cuando las sombras serpentean ent...
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No sé por qué he decidido dejar esto por escrito. Quizá sea un afán absurdo por exorcizar los fantasmas que me atenazan, o tal vez la esperanza pueril de que alguien, en algún recodo del tiempo, pueda refugiarse en mi testimonio, y libr...
El hombre avanzó, penetrando la humedad de la antigua biblioteca subterránea, cuyos muros exhalaban el olor corrompido de pergaminos encuadernados en pieles de siglos muertos. Lothar Freniere venía en busca de algo muy específico, un ejemplar de...
El otoño se había instalado sobre la villa de Argenti con la delicadeza de un sudario. Aquel año, las hojas no solo crujían bajo los pasos sino que parecían, al caer de los árboles, traer consigo un frío más denso, más pertinaz, con la cual...
La lluvia caía con un golpeteo impasible sobre los tejados abigarrados de la vieja ciudad francesa de Saint-Benoît le Charles la noche que el profesor Maurice Legrand, ya achacoso pero tan insomne como en sus mejores días, desenterró en la bibli...
Cuando, en la melancolía de la primavera de 1925, recibí de mi tío Rupert la llave de la rectoría ancestral de Arkham, creí estar entre los redimidos de la peste moderna: la vida recobrada en provincias, lejos del hedor mecánico de Boston y su...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Las sombras de la vieja Europa se extienden como vendas raídas, tapando los ojos y aturdiendo el alma de los incautos. En París, donde los tejados de pizarra cortan el cielo como cuchillas y donde las piedras contienen la memoria de siglos de sangr Leer más...
Hoy, tras innumerables semanas de infructuosos esfuerzos y desalientos, he dado con la razón última y anhelada de mis laboriosos estudios en la rama más oscura y silente de las ciencias arcanas. Hablo, aunque mi pluma titubee, de la presencia y es Leer más...
Los trenes no circulan hacía el norte desde hace tres inviernos. Sin embargo, Teodoro había recibido la carta; una cosa pesada con tinta demasiado fresca, emitida desde la biblioteca de Celaeno, el nombre ininteligible al inicio, gemas en la cera y Leer más...
Desde mi retiro forzado en la brumosa región de Kingsport, obligado por las circunstancias a una vida de casi monástica introspección, puedo al fin poner en palabras –aunque aún temo lo que un mero aliento pueda despertar– los horrores acaeci Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...