Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c...
Debo comenzar mi relato con una advertencia, aunque sé que pocos hombres osarían continuar leyendo después de siquiera vislumbrar las verdaderas dimensiones de mi experiencia. Quien prosiga tendrá los cabellos encanecidos por una noche de terrore...
Cuando Sophine Petrescu llegó a Templewood, la pequeña comunidad costera estaba sumida en una humedad tostada y vieja, la misma que escurría de los helechos raquíticos y las tejas resquebrajadas por la sal. Desde niño, Sophine había tenido la h...
Las gaviotas chillaban como viudas desoladas mientras la bruma de la madrugada abrazaba la cubierta del **Jelena**, un viejo barco de arrastre con más costuras que madera. Olaf, el patrón, tenía el mismo aspecto ennegrecido y encallado que su nave...
No recuerdo cuándo comenzó la compulsión. La mayoría de las historias que merecen contarse suceden porque en algún punto alguien tuvo la amabilidad –o la imprudencia– de mirar dos veces una sombra incitante... y continuar tras ella. No hay m...
Había muchas razones para odiar la Universidad de Yharnis, pero aquella tarde –la última tarde reconocible de mi vida– supe que todas mis previas aversiones eran simple paja quemada comparadas con el terror que esperaba encubierto bajo su campu...
Recordaré siempre con una mezcla de repugnancia y luz atroz aquella visita, una suave tarde de mayo que me condujo hasta la decrepitud de Ingersmouth, ese villorrio dispuesto cabizbajo en las encrucijadas del desvelo y la bruma costera. No acudí po...
4 de mayo de 1923, Ulthar, Provincia de Miskatonic.
Mi querido profesor Armitage,
Me permito la osadía de escribirle no solo por la admiración que profeso a sus investigaciones, sino por la incesante e ineludible urgencia que me atenaza desd...
No sé si mis palabras caerán en algún oído simpatizante o, como temo, quedarán impresas únicamente para el regocijo burlón de aquellos que desprecian los dictados de la razón y el terror. Ruego, aunque en vano, que ningún hombre ni mujer lea...
La bruma había llegado un martes. Un fenómeno atmosférico, dijeron los meteorólogos, aunque no conseguían precisar el origen. No la precedió ningún anuncio, ni tampoco la siguió un cambio del tiempo: simplemente descendió en medio de la tard...
A nadie, que no esté ya formado en la paciencia y la aceptación del pánico convertido en una forma de vida, le sería posible soportar la espera en la goleta ‘Estrella de Gadeir’. Ni el mismo capitán Brenet, por más que presumiera de su lina...
No había mapa para ese tramo de la isla, aunque Ellicott llevaba uno, con las esquinas resecas y el papel manchado de humedad antigua. Ni siquiera era un mapa correcto, más un recuerdo garabateado por un cartógrafo que se había atrevido a inscri...
La noche del 23 de junio se presentó con ese calor neoyorquino que parece adecuado únicamente para los delirios. El Dr. Holden Morrow, catedrático de Bioinformática, dirigía al último técnico por el pasillo mientras los ventiladores vibraban ...
Nadie en el pueblo olvidaba la noche del Silencio Mayor, cuando las campanas de la iglesia se fundieron, las aves se escondieron y el viento cesó, ahogando por completo hasta los rumores de las ratas. Era tradición, en Berlecombe, referirse a ese ...
No era posible atravesar la accidentada senda de Charvet sin que la bruma marina peinara la piel, fría y grasienta, como una mano ancestral. Si el destino, el instinto o acaso una fatídica curiosidad llevaban a uno más allá de las últimas casas...
El primer sonido es siempre el agua. Un chapoteo irregular y húmedo que resuena como latido tras la fachada de la realidad, tímido, familiar y hostil a la vez. Así se extiende cada noche bajo la ciudad, donde los ladrillos se desmoronan y el moho...
Mi buen amigo Jonathan,
Espero que esta carta te encuentre en posesión de mente lúcida y en el refugio seguro de tu estudio, lejos de las sombras cambiantes que, desde hace un tiempo, parecen abrazar mi cuerpo y espíritu. Me resulta difícil pon...
Mi querido Jonathan,
La tinta se desliza temblorosa mientras narro la inusitada secuencia de horrores que me ha acontecido desde mi llegada a este pueblito ignoto, encaramado sobre la ladera azulada de alguna geografía que los mapas comunes rehúy...
El frío aliento de la Amanecer barría los pasillos del viejo Museo Southwest en Chicago cuando el doctor Enoch Hargrave recibió la misteriosa carta. Lo que parecía primero el susurro apagado del quincuagésimo invierno extendiéndose sobre la ci...
Desde que tengo memoria, los habitantes de Innsmouth me miraban con ese aire de sospecha que sólo poseen los que guardan secretos unidos al linaje y al mar. Nací en Arkham, pero la sangre de mis abuelos maternos clamaba por mi regreso, y fue una c...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...
Había muchas razones para odiar la Universidad de Yharnis, pero aquella tarde –la última tarde reconocible de mi vida– supe que todas mis previas aversiones eran simple paja quemada comparadas con el terror que esperaba encubierto bajo su campu Leer más...
No recuerdo cuándo comenzó la compulsión. La mayoría de las historias que merecen contarse suceden porque en algún punto alguien tuvo la amabilidad –o la imprudencia– de mirar dos veces una sombra incitante... y continuar tras ella. No hay m Leer más...
Las gaviotas chillaban como viudas desoladas mientras la bruma de la madrugada abrazaba la cubierta del **Jelena**, un viejo barco de arrastre con más costuras que madera. Olaf, el patrón, tenía el mismo aspecto ennegrecido y encallado que su nave Leer más...
Cuando Sophine Petrescu llegó a Templewood, la pequeña comunidad costera estaba sumida en una humedad tostada y vieja, la misma que escurría de los helechos raquíticos y las tejas resquebrajadas por la sal. Desde niño, Sophine había tenido la h Leer más...
Debo comenzar mi relato con una advertencia, aunque sé que pocos hombres osarían continuar leyendo después de siquiera vislumbrar las verdaderas dimensiones de mi experiencia. Quien prosiga tendrá los cabellos encanecidos por una noche de terrore Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...