Había oído hablar de la casa en el borde de Templewood incluso antes de aquello. Leslie Birtwhistle me lo había contado la última vez que lo vi en persona: era el tipo de sitio que enloquecía a los granjeros, hacía nacer historias de figuras a...
Capítulo 1: La llegada al Polo Negro
Año 1927, a las afueras de Arkham, Nueva Inglaterra. La niebla de una madrugada perpetuamente húmeda y gris se espesaba bajo los ventanales cerrados del observatorio Lowell, confiriendo al edificio una atmósf...
Bajo la luna de Yuggoth
Quizá no hay nada tan penoso como el salir a medianoche a través de ciénagas cubiertas de niebla, con una linterna temblorosa y el peso del miedo aleteando entre la carne y el alma. Esto lo supe la noche del 14 de noviemb...
Fue Isolde la primera en notar el extraño temblor bajo sus pies, una vibración que les subía por las piernas como el tañido de una campana lejana. El acceso, tallado entre placas de roca negra y rodeado de símbolos que recordarían vagamente a ...
Aun en las noches más tranquilas de verano, cuando el mundo parece haberse fundido en la quietud líquida del universo, hay aquellos cuyo palpitar late en sincronía con lugares que ninguna brújula señala. Estos lugares —tan antiguos que la mem...
I
Los hombres, a menudo —acaso por temor a su propia insignificancia— piensan que ciertos lugares del mundo no deberían ser hollados, ni por el pie ansioso del explorador ni por la mirada inquieta del soñador. Esos lugares se revisten de leye...
Jamás debí confiar en Eveleigh. Lo supe en cuanto abrió aquel delgado portafolio de cuero negro y dejó desparramar sobre mi mesa los mapas de la Llanura de Leng, junto a un croquis tosco de piedras ciclópeas y una fotografía en sepia de una cr...
---
La Llanura de Leng, aunque conocida en los círculos más turbios de los eruditos, sigue siendo un nombre apenas un susurro en los sueños febriles de quienes aún valoran la vida y la cordura. Se halla en la intersección de varios mundos, y q...
Yo me encontraba acurrucado bajo el último techo recio de la provincia de Zarthis, en las mismísimas fronteras que se asoman y desmoronan hacia la Llanura de Leng. No puedo decir con qué propósito real llegué ahí, más allá de una insaciable ...
Era en Kingsport, y era medianoche, o algo peor que medianoche. Porque a veces, en esa costa lavado de sueños, el tiempo se comporta como la marea: retirándose en jirones y regresando con visiones irreales adheridas a su espuma. Y lo que ocurrió ...
La luna, gibosa y grotesca, exploraba con sus garras de luz los recovecos más secretos de la vasta y dormida Kadath, esa ciudad que, me aseguraron, solo puede hallar quien de verdad no la busca. De los muchos relatos que surgen en torno a sus torre...
Las olas entonaban su lamento, y la niebla descendía, viscosa, sobre las maderas ruinadas del puerto de Innsmouth, como una mortaja. Era una noche que olía a algas podridas y a sal entaponada en las cerraduras por el tiempo. Cuando llegué a esa l...
Vivía yo, por entonces, en Providence, aunque cada fibra de mi ser anhelaba la imposibilidad de todo recuerdo asociado a ese tiempo. La vieja casona de Benefit Street, mucho antes luz de orgullo victoriano que cáscara de resonancias funestas, fue ...
El mar extendía su inmenso manto helado bajo la luna nueva, un abismo negro y carente de compasión sobre el cual el viejo bergantín de cabotaje “Providence” luchaba con las olas como un condenado lanza puñetazos a la inevitabilidad de la tum...
No sé si algún día alcanzaré a comprender la osadía, o acaso la locura, que me llevó a aquel cubil de humedad y musgo, durante la primavera muerta de 1923. A veces llego a sospechar que fui guiado por una voluntad más vasta y sutil que la hum...
El cosmos es un manuscrito ilegible, cubierto de garabatos incandescentes, una selva de términos esotéricos y ecuaciones arcanas esbozadas por inteligencias más allá de la concepción humana. Este hecho lo aprendí, con horror, durante mi estanc...
El crepúsculo serpentearía como una sombra líquida sobre aquellas ruinas que ningún cartógrafo osaría señalar, y aún menos los supersticiosos nativos de la región del Tlalocan moderno, donde las aguas cenagosas del Golfo parecían abrazar c...
Mi querido lector, si por casualidad de la vida esta narración cae en tus manos, yo solo te suplico que entiendas: las palabras, por retorcidas y frenéticas que parezcan, no son más que el testimonio desesperado de un hombre que ha tocado briznas...
I
Las noches de Innsmouth, pueblo de un silencio infestado, me devolvían siempre, casi hipnóticamente, hacia los mismos acantilados batidos por el Atlántico. Aquel otoño, el frío marino parecía arrastrar susurros, viejos y persistentes, ecos...
Siempre había rehuido los caminos tras la medianoche. La ciudad misma parecía aletargada, opaca, presa de una disolución imperceptible que sólo las almas más sensibles llegaban a percibir en las hondas horas nocturnas. Pero la necesidad —esa ...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...
El mundo que conocemos apenas roza la costra superficial de un vórtice de fuerzas y presencias insondables, entidades que, en su aspecto más ínfimo, desafían cualquier tentativo de descripción o categorización. Pero mi relato no es una mera ale Leer más...
Henry Blackwell jamás fue hombre de supersticiones ni de credulidad fácil. Su posición en la Sociedad Histórica de Arkham requería una mente ordenada y analítica, pero, en el amargo otoño de 1927, una serie de acontecimientos que comenzaron en Leer más...
La primera vez que Jacob Meunier oyó algo sobre la región pantanosa al sur de Cammheim fue durante una reunión académica celebrada en la Universidad de Dorrance, a la cual asistió más por mera cortesía que por genuino interés. Recuerda el mo Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi convicci Leer más...
Había ciudades que sólo existían en ciertos mapas esotéricos, garabateados con manos temblorosas y tinta que parecía desvanecerse en la luz, como si la luz misma no soportara la verdad que esas líneas contenían. Había nombres que solo podía Leer más...
Recordaré siempre con una mezcla de repugnancia y luz atroz aquella visita, una suave tarde de mayo que me condujo hasta la decrepitud de Ingersmouth, ese villorrio dispuesto cabizbajo en las encrucijadas del desvelo y la bruma costera. No acudí po Leer más...