¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació...
Despertar es siempre una equivocación en noches como estas, cuando la bruma ceñida al acantilado de Garviel parece tan tangible como un sudario, y los relojes marchan hacia atrás, o se detienen simplemente, como si les resultase absurdo pasar el ...
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No puedo decir con certeza qué fue lo que me llevó aquel verano a las colinas próximas a Dunwich. Tal vez la culpa todavía roía mis sueños, o simplemente el ineludible magnetismo del dolor—propio y ajeno—que uno siente cuando converge...
Había cierto silencio mineral aquella noche en Dinas Maud, un antiguo pueblo perdido en las llanuras galesas. Era el silencio de la piedra, el eco de eras tan viejas que el recuerdo no alcanzaba, salvo quizás, por un parpadeo atávico en la mente ...
Era aquella noche idéntica en extensión obscura y silencio que tantas otras, fría y sin luna, la brisa trayendo ocasionales ráfagas de olor a tierra removida y vegetación enmohecida. Los trabajos de campaña arqueológica en ese paraje –el pÃ...
El grito persiste en la garganta de los hombres, incluso siglos después de que el amor y la racionalidad hayan abandonado la Tierra para refugiarse en promesas mecánicas y ruinas. Yo mismo he gritado, más veces de las que quisiera admitir, desde ...
La mansión de los Fenwick se alzaba retorcida al final de la avenida, su silueta mortecina apenas recortándose contra el cielo plúmbeo de Arkham. Los inviernos eran largos y desolados en esa región maldita de Nueva Inglaterra, pero jamás lo fue...
La calle de Dunworthy era una herida antigua en los suburbios de Arkham: desconchada, quebradiza, siempre silenciosa incluso durante el día. Aquí había nacido y crecido Elmer Tinsley, y aquí volvía ahora, un hombre endurecido y hastiado, tras a...
El polvo, arrastrado por un viento frío, iba apilándose en las sinuosidades de las viejas losas. La gran ciudad de Iram era solo un cúmulo de ruinas ocultas bajo la fina penumbra que la luna otoñal vertía aquella noche sobre las tierras maldita...
Hay noches que no deberían ser transitadas. Aunque se repita la secuencia de los astros, hay algo que se enrosca en el corazón de lo oscuro, una cosa cuyas raíces desconocemos, pero cuya presencia sentimos entre los huecos de la razón. Si usted ...
Silencio. El abismo sobre la ciudad dormida parecía respirar, hinchado por los vapores febriles que exhalaba el gran desierto de lenguas muertas. Era Ulthar —o lo que los mapamundis antiguos aún llamaban Ulthar— unos siglos tras la Muerte de l...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Serían casi las dos de la madrugada cuando comencé a escribir esto, desde la desesperanza y el cansancio, convencido de que la catástrofe está cerca; tal vez, mientras mis manos aún obedezcan mi voluntad, pueda legar un testimonio útil, siquier Leer más...
Debajo de la ciudad, el olor no era únicamente a podrido. Marian intentaba no pensar mucho en ello mientras apretaba la linterna contra el pecho y observaba que el haz polvoriento ni siquiera rozaba el techo del túnel. Había humedad, sudor rancio Leer más...
En las noches de junio, el lago Dormoth relucía con los reflejos de una niebla densa. Nadie en el pueblo de Virkia se acercaba a su orilla después del crepúsculo. Era la costumbre más antigua y sagrada, impuesta a raíz de crónicas que parecían Leer más...
Era costumbre de los habitantes de Arkham y sus alrededores contar historias a la luz de las velas cuando el viento nevado azotaba los cristales: relatos de formas inhumanas acechando en la espesura de los bosques oscuros, de perturbar ruidos nocturn Leer más...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las tierras de Leng yacen, ignoradas, en las pesadillas de la humanidad, un páramo revuelto de témpanos errantes y torres rotas, bajo una aurora inmóvil y perversa. Pero hay otra Leng, más profunda y cruel, confinada a los bordes de la conciencia Leer más...
Era en los días más sombríos del invierno neoyorquino cuando, desplazado y vencido por el frío y la miseria, acepté un encargo que ningún alma sensata habría contemplado siquiera entre delirios febriles. Había conocido a Charles W. Dunthorne, Leer más...