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La vieja biblioteca de la Universidad de Miskatonic, en Arkham, nunca dormía completamente. Había siempre alguien que vagaba por sus pasillos oscuros, a cualquier hora del día o de la noche, alguno de esos obsesivos devoradores de libros que...
Afuera, los aleros de Inverno Hall tiritaban, cada teja recubierta de hielo, cada ventana empañada de aliento frío, mientras la nieve húmeda erosionaba con pasos mudos el sendero hacia la entrada. La fachada, posada entre un mar de sauces y el ol...
La noche caía sobre la llanura de Leng con la suavidad de una losa mortuoria. El viento ululaba a través de las colinas, enredándose entre las rocas con voces que nunca fueron humanas. Contrariamente al consejo de los moradores de los lindes sept...
La tarde parecía empapada en una neblina que brotaba, no de las aguas del río, sino del aire mismo, como si el mundo exhalara su último suspiro. Había recorrido tres pueblos y dos comarcas para llegar a Khalast, una aldea irreal posada sobre fio...
Estoy seguro de que no existen pesadillas tan atrapadas en la mente como aquellas que nos llegan a través de los cielos abisales, cargadas de una negrura que ni siquiera la muerte puede prometer. Puede que lo que voy a relatar haya ocurrido, o pued...
El crepúsculo de octubre caía denso sobre los cláxones y pasos inciertos de Gyeongseong. En el aire se extendía una niebla pestilente, tan espesa que parecían formarse cuerpos en movimiento bajo sus pliegues. Había regresado de Estados Unidos ...
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La lluvia no era más que un telón de fondo, el latido gris del clima que flanqueaba al Londres de 1923, y, sin embargo, pesaba esa tarde como una mortaja. Rupert Harrington, apretando el ala de su sombrero contra el viento, sentía cada paso ...
El ocaso, esa hora en que la realidad se estira como piel hendida sobre un tambor primitivo, arrojó sombras largas sobre la desvencijada cabaña de Nathaniel Durand. En el límite de Vermont, tan cerca de las sensatas bulliciosas calles de Brattleb...
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Han pasado los siglos como un cometa enfermizo desde mis primeras lecturas de los saberes prohibidos, y las cicatrices del saber continúan ardiendo en mi carne. A aquellos que les apetece la luz de libros ortodoxos y doctrinas santificadas, la...
Dije que me había propuesto no volver a frecuentar la región más oscura de mis sueños y, aun así, ¿acaso mis propósitos valen más que el canto de los gusanos en cuanto las estrellas comienzan a menearse inquietas en el firmamento de mediana ...
Toda mi vida quise exorcizar el espanto con palabras, repeliendo la invasión de aquellas cosas que se ciernen en los rincones donde ni la razón ni el corazón alcanzan. Sin embargo, jamás supuse que sería en la gran meseta antártica donde encon...
Nadie en el pueblo olvidaba la noche del Silencio Mayor, cuando las campanas de la iglesia se fundieron, las aves se escondieron y el viento cesó, ahogando por completo hasta los rumores de las ratas. Era tradición, en Berlecombe, referirse a ese ...
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He aprendido que la ignorancia es, a menudo, el último baluarte de la cordura. Antes de este otoño, habría despreciado a cualquiera que valorara el misterio por encima de la verdad; ahora, de madrugada, cuando la casa se queja y cruje bajo e...
No era posible atravesar la accidentada senda de Charvet sin que la bruma marina peinara la piel, fría y grasienta, como una mano ancestral. Si el destino, el instinto o acaso una fatídica curiosidad llevaban a uno más allá de las últimas casas...
Comenzó, como suelen hacerlo estas cosas, con el mínimo de advertencia: un rebaño de cabras nació desfigurado en la granja de los Andersen, en las lomas occidentales de Arkham....
El primer sonido es siempre el agua. Un chapoteo irregular y húmedo que resuena como latido tras la fachada de la realidad, tímido, familiar y hostil a la vez. Así se extiende cada noche bajo la ciudad, donde los ladrillos se desmoronan y el moho...
El viento surgía desde la costa con una fuerza atávica, hiriendo la noche como una lengua salada y húmeda en la carne de quien osaba acercarse. Las rocas sabían a resina antigua y sangre vieja, recuerdo de generaciones que habían caído aquí, ...
Hay algo en las profundidades, un pulso que no debería haberse sentido más allá del alba primordial, una reverberación antigua que tiembla entre los pliegues de nuestro universo. Algunos hombres, sumidos en la desdicha y la impertinente curiosid...
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Me lo advirtieron en la sala de archivo, con un temblor que rozaba el ansia en la voz del viejo Gutiérrez. Había algo en Tíndara, algo que se agazapaba entre los rollos centenarios y los anaqueles de madera vieja, más allá de los desvaído...
El sueño llegó, oscuro, deshilachado, un eco viscoso sobre mi conciencia antes de despedazarla y llevarme por caminos ignotos. Recuerdo los sonidos primero: un susurro grave y arrastrado, palabras rotas que vibraban en ese extraño espacio liminal...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...