Kadath se alza sosegada ante la noche perpetua, tan quieta como una criatura que sueña. Cuando la luna doble surge, tras las torres ensortijadas como garras de un monstruo antediluviano, la ciudad escupe sombras líquidas y niebla densa desde la ven...
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Recuerdo que fue por culpa de un manual de espeleología anticuado, hallado entre los papeles húmedos de la biblioteca de Arkham, que acabé buscando las primeras pistas en las costas olvidadas del norte de Nueva Inglaterra. Trabajaba para un i...
La luna, gibosa y grotesca, exploraba con sus garras de luz los recovecos más secretos de la vasta y dormida Kadath, esa ciudad que, me aseguraron, solo puede hallar quien de verdad no la busca. De los muchos relatos que surgen en torno a sus torre...
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Había algo pasar en Cedryn, aunque nadie en la villa de los peinadores de sombras supiera definirlo. Los sueños habían comenzado su rebelión de silencios, y los caminantes nocturnos regresaban a casa con marcas frescas o con el nombre propi...
Tenía yo la costumbre malsana, como tantos en mi atribulado linaje, de inmiscuirme en los libros prohibidos que residen en los rincones cajones y estantes negados al ojo cotidiano, y fue en el invierno de mi cuarentaavo año, cuando el viento asola...
Nunca, bajo ninguna circunstancia, regresaré a la ciudad que yace bajo tres lunas muertas, allí donde las sombras crecen y los cuerpos se encogen al ver la forma de lo que acecha. Y sin embargo, al escribir estas líneas, la urgente vibración en ...
Todos los sabios de la decadente Celephais coinciden en que la senda de los sueños tiene final incierto, que cruzar el umbral entre mundos es pacto y condena, y aun así, cuando los vientos gimen por la bahía de grimorios, hay quienes eligen ignor...
Sabed, empero, que sólo los insensatos ignoran los peligros del hielo perpetuo. Fue en la primavera, entre los últimos retazos de nieve que manchan los altos páramos como jirones de un sueño olvidado, cuando mis pasos y mi hambre de saber me lle...
A quien pueda concernir, ojalá mis palabras no sean más que las balbuceantes cavilaciones de una mente desgastada por el insomnio y la desesperación, pues no pretendo que ni un alma sensata crea en la veracidad de los hechos que aquí transcribirà Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi conviccià Leer más...
No existe en Massachusetts paraje más innombrable y pernicioso que Dunwich. Así escapó llamar la atención de los cartógrafos y, durante el apogeo de la vida rural, incluso de algún viajero accidental. Mi llegada a Dunwich, empujado por la curio Leer más...
Hay una perversión ancestral en la curva de la costa, en cómo la niebla se desliza hacia el pueblo y lame con dedos fríos los ventanales velludos de algas y las farolas varadas de salitre. Pido disculpas por la digresión, pero es importante enten Leer más...
La niebla nació temprano ese jueves, engullendo Kingsport bajo su manto blanco y frío. El Atlántico rugía al otro lado de la bahía, pero el sonido se acuchillaba contra el muro, y la ciudad solo podía escuchar el retumbar amortiguado. Así habà Leer más...
Era al oeste de todos los mapas, en la vasta y desolada planicie de Leng, donde la soledad y el silbido del viento componían una música que sólo podía surgir del mundo anterior al recuerdo de los hombres. Durante edades innombrables, los dioses y Leer más...
1. El Despertar del Ahogado.
En los estertores finales de un febril verano, viajé hacia el suroeste del Pacífico bajo un pretexto académico —quizá despreciable a ojos de mis pares— sobre las migraciones polinesias en islas desaparecidas. No Leer más...
Había noches en Arkham en las que el silbido del viento traía consigo lamentos desconocidos a través de las rendijas de la lúgubre biblioteca Miskatónica. Como viejos libros, las palabras perdidas flotaban sobre el vaho persistente de las ribera Leer más...