Los bufidos del mar llegaban apagados hasta la cabaña, anegados por la niebla densa y pegajosa que, pese a la estación, se ceñía a la costa como un sudario. El whisky era bueno, fuerte, agresivo; Robillard se sirvió otra copa mientras escuchaba...
La figura de Beirith Vaughan cruzaba el corredor abovedado del Archivo Miskatonic a paso sigiloso. Entre sus manos temblorosas aferraba la misiva perfumada que había llegado esa mañana; palabras torcidas como raíces excavaban el papel:
"Se le r...
En la vasta y remota ribera del Aihais, donde la niebla, como vaho en la boca de un animal dormido, se enrollaba a las malezas, Edrom Stykos escudriñaba el barro con paso errante. Más allá del delta, la ciudad de Hlanith pululaba como un rumor de...
Nunca experimenté la luz antes de salir. A veces la siento ahora, en las superficies arqueadas por encima de los túneles; la recuerdo incandescente como un toque de ácido sobre la piel, imposible de soportar más allá de un momento antes de tene...
Siento que el mundo que habito es un paño húmedo, hambriento, extendiéndose en la penumbra, latiendo apenas, como un párpado. No sé bien cuánto hace que me despierto, tal vez cada noche, adormecido entre los pliegues de la piedra y los costuro...
Hube de salir precipitadamente de la polvorienta biblioteca universitaria —una tarde de marzo, cuando la lluvia azotaba Arkham entre destellos de relámpagos— tras una llamada telefónica enigmática. El aroma metálico del papel húmedo me acom...
El viento soplaba con la insistencia húmeda del mar, trayendo consigo el retintinear de boyas lejanas y, mezclado con la sal en el aire, un sutil aroma a hierbas marchitas. Al atardecer, el pueblo de La Caleta, encajonado entre acantilados y laguna...
La luna caía como una losa sólida, helando el tejado de la pensión DeMersant y dejando sobre las tejas perfiles de azogue, vibrantes y tensos. Andrew Tavares requirió tres giros completos de la llave, lo que era poco habitual por la hora y el si...
La mayoría de los grandes descubrimientos empiezan en la fascinación y terminan en la culpa. Sé esto porque lo viví en carne propia cuando accedí al sótano de la casa de Roussel, arrastrado hasta allí por el peso cansado de la curiosidad y la...
El ferrocarril nocturno jadeaba mientras recorría la ruta de Dunwich a las ruinas de Boston; no había luna esa tarde, solo un brillo mortecino filtrándose entre nubes fangosas que apenas permitían el parpadeo de los faroles de las estaciones des...
A pesar de sus años de profesión, el doctor Kendric Halsey jamás creyó en lo sobrenatural. Era un hombre de ciencia hasta la médula, un neurólogo aclamado en la Academia Médica de Boston, una mente analítica y rigurosa, acostumbrada a desent...
Aquella noche fría del equinoccio de otoño, un viento seco y polvoriento arrastró sobre la ciudad de Providence una sensación de remotísimo desasosiego. Era el tipo de brisa que uno creería nacida no en las lluvias otoñales, sino en sílabas ...
El primer indicio llegó con un rumor húmedo al atardecer, como si la niebla sulfurosa del pantano —atrapada entre las grietas de la ciudad vieja— hubiese decidido reptar hacia nuestro mundo con la intención de ahogar el crepúsculo. En Arkham...
Me veo, mientras transcribo este perturbador relato bajo la vacilante luz de una lámpara gastada, en la disyuntiva ética de advertir al lector. Lo hago ante la certeza de que nada puede prepararnos para las revelaciones ocultas en los rincon...
Nunca habrá un lenguaje humano capaz de esbozar, ni siquiera burdamente, el verdadero aspecto de la Llanura de Leng, ese páramo prehumano, envuelto bajo soles muertos y brumas irisadas, donde el tiempo se repliega como un animal herido entre la ni...
Nunca he sentido hacia ningún sitio ese miedo primitivo y opresivo que me asaltó la vez que, impelido por circunstancias desgraciadamente prosaicas, hube de pasar tres días y dos noches en Kingsport, ese decaído pueblo costero que muchos aún co...
Todos los sabios de la decadente Celephais coinciden en que la senda de los sueños tiene final incierto, que cruzar el umbral entre mundos es pacto y condena, y aun así, cuando los vientos gimen por la bahía de grimorios, hay quienes eligen ignor...
I
Permítaseme la indulgencia de este testimonio, que a tantos parecerá locura y a muy pocos advertencia. Me atrevo a confiar el relato a estas páginas, con la última esperanza de que la verdad, aunque recubierta de absurdidad y de blasfemia, en...
Aún soy un hijo de la prosa y la medianoche, y aunque el tiempo es un abismo, traigo a la página este particular y reciente naufragio de la mente: el descenso de Arthur Fenway, antiguo colega y temido amigo, a los abismos internos donde la realida...
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De todas las leyendas escuchadas en mi atribulada niñez, ninguna dejó en mi alma una herida tan persistente como los murmullos que describían la costa olvidada de Kingsport y, en su extremo más apartado, la recóndita aldea de Greywater. Ho...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...
El mundo que conocemos apenas roza la costra superficial de un vórtice de fuerzas y presencias insondables, entidades que, en su aspecto más ínfimo, desafían cualquier tentativo de descripción o categorización. Pero mi relato no es una mera ale Leer más...
Henry Blackwell jamás fue hombre de supersticiones ni de credulidad fácil. Su posición en la Sociedad Histórica de Arkham requería una mente ordenada y analítica, pero, en el amargo otoño de 1927, una serie de acontecimientos que comenzaron en Leer más...
La primera vez que Jacob Meunier oyó algo sobre la región pantanosa al sur de Cammheim fue durante una reunión académica celebrada en la Universidad de Dorrance, a la cual asistió más por mera cortesía que por genuino interés. Recuerda el mo Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi convicci Leer más...
Había ciudades que sólo existían en ciertos mapas esotéricos, garabateados con manos temblorosas y tinta que parecía desvanecerse en la luz, como si la luz misma no soportara la verdad que esas líneas contenían. Había nombres que solo podía Leer más...
Recordaré siempre con una mezcla de repugnancia y luz atroz aquella visita, una suave tarde de mayo que me condujo hasta la decrepitud de Ingersmouth, ese villorrio dispuesto cabizbajo en las encrucijadas del desvelo y la bruma costera. No acudí po Leer más...