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Las olas se agitaban con una furia antinatural aquella noche, espumosas y gruesas, arremetiendo una y otra vez contra el maltrecho costado del “Black Narwhal”. El navío, un arrastrero canadiense que en tiempos prósperos había surcado el ...
Estimado señor Ralston:
No espero que recordéis mi nombre sin esfuerzo. Han pasado quince años desde aquella anodina reunión en la biblioteca de la universidad, y soy plenamente consciente de que, entonces, no era nadie especial para usted, ni ...
Sólo una vez he vuelto a Washington Road, a la vieja casa de la familia Gaten, y puedo jurar con el corazón helado que jamás volverán a arrastrarme a esa mansión, a ese pueblo ni a esa región. Han pasado seis años desde la noche en que perdí...
El faro-emblema de Contracosta emergía solitario, sordo a cualquier nueva embestida de la marea, aún tras el lento declive del puerto y la prolongada huida de sus habitantes. Torcido sobre su pedestal de pizarra, cada tanto alguien, como yo, se an...
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El reloj de peltre sobre el aparador marcaba las once cuando una ráfaga fría recorrió la desvencijada habitación de la posada Marsh. Científicos y locos pueden discutir largamente acerca de los orígenes de la familia Marsh y acerca de lo...
Haré lo posible por capturar el tono racional, escéptico y detallado que caracteriza mi estilo, así como el enfoque en la construcción de una atmósfera inquietante y la interacción entre lo desconocido y la mente humana.
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La mayoría de l...
Los bufidos del mar llegaban apagados hasta la cabaña, anegados por la niebla densa y pegajosa que, pese a la estación, se ceñía a la costa como un sudario. El whisky era bueno, fuerte, agresivo; Robillard se sirvió otra copa mientras escuchaba...
La figura de Beirith Vaughan cruzaba el corredor abovedado del Archivo Miskatonic a paso sigiloso. Entre sus manos temblorosas aferraba la misiva perfumada que había llegado esa mañana; palabras torcidas como raíces excavaban el papel:
"Se le r...
En la vasta y remota ribera del Aihais, donde la niebla, como vaho en la boca de un animal dormido, se enrollaba a las malezas, Edrom Stykos escudriñaba el barro con paso errante. Más allá del delta, la ciudad de Hlanith pululaba como un rumor de...
Nunca experimenté la luz antes de salir. A veces la siento ahora, en las superficies arqueadas por encima de los túneles; la recuerdo incandescente como un toque de ácido sobre la piel, imposible de soportar más allá de un momento antes de tene...
Siento que el mundo que habito es un paño húmedo, hambriento, extendiéndose en la penumbra, latiendo apenas, como un párpado. No sé bien cuánto hace que me despierto, tal vez cada noche, adormecido entre los pliegues de la piedra y los costuro...
Hube de salir precipitadamente de la polvorienta biblioteca universitaria —una tarde de marzo, cuando la lluvia azotaba Arkham entre destellos de relámpagos— tras una llamada telefónica enigmática. El aroma metálico del papel húmedo me acom...
El viento soplaba con la insistencia húmeda del mar, trayendo consigo el retintinear de boyas lejanas y, mezclado con la sal en el aire, un sutil aroma a hierbas marchitas. Al atardecer, el pueblo de La Caleta, encajonado entre acantilados y laguna...
La luna caía como una losa sólida, helando el tejado de la pensión DeMersant y dejando sobre las tejas perfiles de azogue, vibrantes y tensos. Andrew Tavares requirió tres giros completos de la llave, lo que era poco habitual por la hora y el si...
La mayoría de los grandes descubrimientos empiezan en la fascinación y terminan en la culpa. Sé esto porque lo viví en carne propia cuando accedí al sótano de la casa de Roussel, arrastrado hasta allí por el peso cansado de la curiosidad y la...
El ferrocarril nocturno jadeaba mientras recorría la ruta de Dunwich a las ruinas de Boston; no había luna esa tarde, solo un brillo mortecino filtrándose entre nubes fangosas que apenas permitían el parpadeo de los faroles de las estaciones des...
A pesar de sus años de profesión, el doctor Kendric Halsey jamás creyó en lo sobrenatural. Era un hombre de ciencia hasta la médula, un neurólogo aclamado en la Academia Médica de Boston, una mente analítica y rigurosa, acostumbrada a desent...
Aquella noche fría del equinoccio de otoño, un viento seco y polvoriento arrastró sobre la ciudad de Providence una sensación de remotísimo desasosiego. Era el tipo de brisa que uno creería nacida no en las lluvias otoñales, sino en sílabas ...
El primer indicio llegó con un rumor húmedo al atardecer, como si la niebla sulfurosa del pantano —atrapada entre las grietas de la ciudad vieja— hubiese decidido reptar hacia nuestro mundo con la intención de ahogar el crepúsculo. En Arkham...
Me veo, mientras transcribo este perturbador relato bajo la vacilante luz de una lámpara gastada, en la disyuntiva ética de advertir al lector. Lo hago ante la certeza de que nada puede prepararnos para las revelaciones ocultas en los rincon...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...