Siempre he sostenido que nuestros mayores horrores son co-creados. Ni los demonios primigenios de la mitología, ni las modernas amenazas de bisturí y farmacia, ni el húmedo y palpitante infierno de la psique humana existen sin cierto conse...
El atardecer se derramaba carmesí sobre la línea de árboles de la selva de Darien, y la humedad invadía los pulmones de la expedición como una muralla translúcida y viva. Ninguno de nosotros se atrevía a mencionarlo, pero el aire mismo, satur...
Cuando Jonathan Felder se halló caminando por los muelles arruinados de Gull Haven, la marea estaba alta y las coronas de sargazo brillaban con un fulgor malsano bajo la luna llena. Nadie en la posada se atrevía a mirar el mar después de medianoc...
Capítulo 1: Niebla de Carcosa
Boston, invierno de 1927. En la redacción de la Gazette, la monotonía de la lluvia y el humo era interrumpida sólo por la llegada de correos insólitos: cartas de soñadores, avisos de catástrofes rurales, pequeña...
I
El sol moría, aprisionando la campiña inglesa en una palidez enfermiza y malva cuando descendí del carruaje frente a la Casa Graves. Aquella noche de noviembre caía densa, y la neblina costera se agazapaba en torno a las cancelas de hierro, e...
La alarma del teléfono sonó a las 02:49 a.m., cortando el denso silencio como un bisturí hundido en carne dormida. Marta ni siquiera recordaba haber configurado la alarma. Ofuscada de sueño, intentó detenerla y resbaló el aparato con el pulgar...
Cuando el profesor Emmerich Hallward recibió la invitación del enigmático Barón von Nielzen para pasar el mes de octubre en su aislada mansión en las tierras boscosas del Sudoeste alemán, la aceptó, como era su costumbre, con una mezcla de re...
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La tradición leyda, cuya raíz en los anales del Páramo Helado se extravía en la niebla de los siglos, habla de vínculos entre el hombre y fuerzas para las que ni dios ni demonios tienen nombre. El Libro de Eibon, grueso compendio obeso d...
El guardián de la colina negra
Habían pasado muchos años desde que los Whateley abandonaron la granja en la colina, pero en Dunwich la memoria es larga y los rumores se aferran como la niebla que baja por los valles cada atardecer. Era verano cu...
El hombre avanzó, penetrando la humedad de la antigua biblioteca subterránea, cuyos muros exhalaban el olor corrompido de pergaminos encuadernados en pieles de siglos muertos. Lothar Freniere venía en busca de algo muy específico, un ejemplar de...
El otoño se había instalado sobre la villa de Argenti con la delicadeza de un sudario. Aquel año, las hojas no solo crujían bajo los pasos sino que parecían, al caer de los árboles, traer consigo un frío más denso, más pertinaz, con la cual...
La noche había caído sobre las pestilentes marismas de Innsmouth, derramando telones de niebla sobre las aguas aceitosas, donde los lirios abrazaban monstruosas raíces. Los faros del puerto parpadeaban a lo lejos, como ojos agotados por vigilar t...
Vagaba la niebla en la madrugada como si fuera una phalange de monstruos ciegos, extendiéndose desde el mar en olas densas y pesadas, invadiendo el muelle principal de Vellham, una aldea portuaria apenas señalada en los mapas del oeste de Inglater...
Te contaré el secreto, aunque lo haré a fuerza de voluntad hostigada por años de insomnio y de miradas tras la cortina, vigilando el contorno nocturno de las cosas que aún respiran. Esta confesión tiene un propósito: aliviar mi alma y disuadir...
Aún recuerdo el crujir de las tablas bajo mis botas mientras descendía por la escalera caracol, los pasos amortiguados por el polvo secular que cubría el aire —y el alma— de la mansión Aymar. Era temprano, antes del alba, cuando el chillido ...
El viento húmedo traía el hedor del mar muerto más allá del malecón, olores convocados por la marea baja y las extrañas trampas para cangrejos varadas en la arena, cubiertas de algas y de conchas incrustadas. Philip Randall regresaba a Innsmou...
Era la noche más fría que había sentido jamás en el cobertizo de los Marsh, y eso ya era decir mucho para alguien que había sobrevivido los interminables inviernos de Nueva Inglaterra. El olor a algas podridas llegaba desde las grietas del suel...
Cuando el remolino de niebla bajó del Atlántico sobre Arkham, a finales de octubre de 1931, muchos en la ciudad pensaron que era solo otra extravagancia del otoño. Pero yo, Silas Hexter, ya sentía el temblor frío que recorren las raíces del mi...
La noche había caído sobre la aldea costera de Llynport como un sudario húmedo, con la humedad impregnando los muros de piedra y maderas podridas que resistían el asedio incesante del mar. Las olas chocaban contra los viejos pilotes con un ritmo...
A veces pienso que la mayor razón para vigilar nuestras manos no es el miedo a lo que puedan hacer, sino a lo que puedan encontrar. Y sin embargo, el destino rara vez concede esa gracia a los curiosos compulsivos como yo. Me llamo Arthur Vayle y, c...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...
El mundo que conocemos apenas roza la costra superficial de un vórtice de fuerzas y presencias insondables, entidades que, en su aspecto más ínfimo, desafían cualquier tentativo de descripción o categorización. Pero mi relato no es una mera ale Leer más...
Henry Blackwell jamás fue hombre de supersticiones ni de credulidad fácil. Su posición en la Sociedad Histórica de Arkham requería una mente ordenada y analítica, pero, en el amargo otoño de 1927, una serie de acontecimientos que comenzaron en Leer más...
La primera vez que Jacob Meunier oyó algo sobre la región pantanosa al sur de Cammheim fue durante una reunión académica celebrada en la Universidad de Dorrance, a la cual asistió más por mera cortesía que por genuino interés. Recuerda el mo Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi convicci Leer más...
Había ciudades que sólo existían en ciertos mapas esotéricos, garabateados con manos temblorosas y tinta que parecía desvanecerse en la luz, como si la luz misma no soportara la verdad que esas líneas contenían. Había nombres que solo podía Leer más...
Recordaré siempre con una mezcla de repugnancia y luz atroz aquella visita, una suave tarde de mayo que me condujo hasta la decrepitud de Ingersmouth, ese villorrio dispuesto cabizbajo en las encrucijadas del desvelo y la bruma costera. No acudí po Leer más...