Al principio, me resultaba difícil explicar el modo como comenzó todo, pero ahora, desde la cama empapada en soledad de este hospital, puedo soportar las mil punzadas de recuerdos afilados que me asedian. La noche envuelve mis pensamientos y, con ...
Venía escuchando las palabras inacabadas de mi difunto mentor mientras descendía, trémulo, a la cámara subterránea que el gobernador tenía prohibida incluso para su confianza más cercana. Un veneno resinero y frío flotaba en cada respiració...
El silencio verde en el fondo
El descenso a Asarathal
No creo que ningún mortal pueda nunca comprender el horror de aquel viaje, ni relatar los sórdidos sucesos de la expedición Armitage-Vogel a las islas Remotas de la Polinesia Sur Occidenta...
Me veo forzado, pues, a dar testimonio de una oscura verdad, cuyas ramificaciones acaso sobrevivan a mi frágil cordura; permitidme, al menos, la amargura del preludio antes de la caída. El atroz relato que —con tintas temblonas y titubeantes ded...
Cuando uno se adentra en la vastedad de la noche providenciana, los callejones antiguos y los tejados inclinados refieren memorias ausentes, y una humedad infecta, reptante, parece emanar no sólo del suelo, sino de cada piedra mohecida, de cada som...
Debo advertir, lector, que los recuerdos que encierro y despliego en las siguientes páginas pueden que no sean bienvenidos por el juicio racional, ni por los que pretenden mantener los velos luminosos del sentido común a salvo del acecho de otras ...
Recuerdo las noches antiguas, los largos amaneceres de rieles, acero y vacío en los que el hombre aún podía fingirse dueño de su mente. Ya no. Lo que aprendí en la Estación Ulmar V todavía roe mis sueños en este oscuro habitáculo, donde la ...
El viajero que busca el saber prohibido, está condenado a ser poseído por la sed insaciable de aquello que no se puede nominar sin desgarro del alma; y ninguna reputación es más temida o consultada en las mesas de los eruditos que los fragmentos...
Querido lector, si es que aún existes cuando las últimas palabras de este manuscrito lleguen a su puerta, ruego clemencia. No pido juicio, ni redención; sólo comprensión ante el abismo en que mi mente se despeña. Lo que va a leerse no es sino ...
I
El verano del 1935 supuso para mí el fin de la inocencia y el comienzo de un descenso irrevocable en la cripta de lo desconocido. Mi nombre es Richard E. Salter, y las líneas que escribiré aquí no pueden ni pretenden justificar mi destino ni ...
El informe que me dispongo a ofrecer, por increíble que parezca, se apoya en documentos tan antiguos y palabras tan vetustas que hablar de su autenticidad o veracidad raya en la blasfemia. Sin embargo, la reciente desaparición de la expedición Se...
El atardecer se derramaba desplomado y ceniciento sobre las ruinas de lo que una vez fue serena gloria, cuando mi alma, en busca de orígenes y horrores, llegó al lugar donde no respiran los que una vez fueron celebrados por estar vivos. A muchos, ...
El horror, cuando acude a nuestro mundo en formas demasiado sutiles para ser rechazadas por la mente racional, actúa como una niebla: insidiosa, espesa, y poseedora de una memoria antigua, previa a la humanidad misma. No hay mayor advertencia para ...
Sólo recuerdo retazos; vagas reminiscencias que surgen cuando el viento sopla cierto escalofrío, trayendo aroma de sal y sangre sobre las cimas de los acantilados. A veces, cuando camino por la orilla desolada durante el crepúsculo, el murmullo d...
No sabría decir exactamente cuándo comenzó la obsesión, pero puedo recordar nítidamente el primer incidente: un extraño sueño, húmedo y denso, poblado de raíces que se enroscaban entre sí hasta formar la gran silueta de un ser colosal, ape...
Desde hace siglos, existen relatos susurrados entre las sombras de salas vergonzantes y abismos negados por el raciocinio; relatos que difícilmente desearían los hombres escuchar, aun menos los más eruditos, aunque sepulten días enteros en las r...
Desde la ventana del desvencijado desván del viejo solar Watley, las colinas de Dunwich se extendían bajo un cielo ocre y malsano, como si un hálito de podredumbre iba surgiendo de la misma tierra. Era allí, tras meses de cartas inquietantes y n...
La lluvia caía con un golpeteo impasible sobre los tejados abigarrados de la vieja ciudad francesa de Saint-Benoît le Charles la noche que el profesor Maurice Legrand, ya achacoso pero tan insomne como en sus mejores días, desenterró en la bibli...
Jamás volveré a cerrar los ojos con la confianza dormilona de los hombres felices. Mucho antes de la medianoche, cada sombra en mi habitación se extravió hasta las paredes, danzando con la luz opalina de una lámpara que jamás deja de titilar d...
Jamás olvidaré aquella noche en la que la fina textura de la realidad se desgarró para mostrarme lo que el hombre no debe conocer, aunque, al escribir estas líneas, me asalte el temblor de manos y la náusea de quien ha mirado el abismo. Mi nomb...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...
El mundo que conocemos apenas roza la costra superficial de un vórtice de fuerzas y presencias insondables, entidades que, en su aspecto más ínfimo, desafían cualquier tentativo de descripción o categorización. Pero mi relato no es una mera ale Leer más...
Henry Blackwell jamás fue hombre de supersticiones ni de credulidad fácil. Su posición en la Sociedad Histórica de Arkham requería una mente ordenada y analítica, pero, en el amargo otoño de 1927, una serie de acontecimientos que comenzaron en Leer más...
La primera vez que Jacob Meunier oyó algo sobre la región pantanosa al sur de Cammheim fue durante una reunión académica celebrada en la Universidad de Dorrance, a la cual asistió más por mera cortesía que por genuino interés. Recuerda el mo Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi convicci Leer más...
Había ciudades que sólo existían en ciertos mapas esotéricos, garabateados con manos temblorosas y tinta que parecía desvanecerse en la luz, como si la luz misma no soportara la verdad que esas líneas contenían. Había nombres que solo podía Leer más...
Recordaré siempre con una mezcla de repugnancia y luz atroz aquella visita, una suave tarde de mayo que me condujo hasta la decrepitud de Ingersmouth, ese villorrio dispuesto cabizbajo en las encrucijadas del desvelo y la bruma costera. No acudí po Leer más...