La lámpara de aceite jadeaba con su última gota y, en la penumbra del gabinete forrado de tomos infectos, Avery Mullins leía. La oscuridad de la noche de Arkham le martilleaba las costillas como un tenedor ansioso. Los tejados agudos de la ciudad...
Hay lugares tan antiguos que cualquier palabra que trate de describirlos es un eco fatuo, resbalando sobre superficies jamás imaginadas por la razón. Así era Pnakotus, la ciudad de los Antiguos, y así la encontré en mi juicio anochecido, cuando...
El aire estaba impregnado de una humedad viscosa, y el hedor de la Turbera de Vilect se filtraba hasta los últimos poros de mi piel, un hedor que sabía bien mi padre, obsesionado con las tierras hundidas como sólo los frailes de la Orden Bramante...
El silencio sobre el Hudson
Nueva York. Otoño. 1927. El Hudson se extendía, sucio y resbaladizo como una lengua podrida, bajo las brumas que titilaban bajo la herrumbre de los viejos puentes de Manhattan hacia la noche. El silbido lejano de un ba...
Con la luna menguante entre nubes agitadas por un viento inclemente, el joven Lionel Paddock empapó el ala de su sombrero bajo el fango del camino rural. Ráfagas de lluvia diagonal le azotaban el rostro y convertían el sendero hacia Kettlewell en...
El frío era más profundo que el hielo. Daba la impresión de formar parte de la misma sustancia de Yuggoth, el planeta bastardo que algunos en la Tierra llamaban Plutón y otros, menos afortunados, preferían no nombrar en absoluto. Yo aún recuer...
El vapor caía denso en la noche más allá del observatorio de Valle Sanctum, donde las noches de invierno parecían tragarse la escasa luz que el hombre se obstinaba en arrojarle a un cosmos que nunca respondía. Daniel Mercer, ingeniero eléctric...
Cuando alguien muere en Blackwood, la tierra parece abrirse con suavidad, como si estuviera esperando el cuerpo. Solía pensar que era una metáfora para esa región olvidada por los mapas, donde las colinas erizadas de robles podridos guardaban má...
Me llamo Edgar Binbridge, y aunque soy hombre de ciencia, confieso que redacto este testimonio fatigado por vigilias imposibles y con el pulso agitado por terrores que ni la razón ni el insomnio han logrado disipar. Si usted, lector responsable y a...
La bruma de noviembre era tan espesa que la linterna de Frank apenas dibujaba un círculo tembloroso a sus pies. Cada paso se sentía opaco, amortajado por el silencio glacial que pesaba sobre la aldea. Había dejado atrás el último farol de luz e...
Las bocas que murmuran en Skarvoon
La fortaleza marmórea y el huésped jadeante
Érase en un rincón desolado del norte de Gorlandia, en la frontera donde los vientos helados de las estepas barren sin compasión los reductos más viejos de la...
Las historias de mi juventud en Arkham sonreían socarronamente desde la memoria, salpicadas de una extraña mezcla de bosques húmedos y noches salobremente perfumadas por el follaje. Era un tiempo de dogmas y abjuraciones en la Universidad Miskato...
La campana de la iglesia en Dunwich retumbó tres veces, y poco después se extinguió, su eco difuminándose entre las casas gastadas y los fresnos retorcidos. Era pleno noviembre, y el clásico velo de niebla reptaba como una criatura ciega por la...
Toda la vida de Ambrose Teller había transcurrido en una obsesión discretamente silenciosa. Era el tipo de hombre que los vecinos califican de reservado, aunque sabían poco de él, pues Ambrose evitaba la interacción social salvo la estrictament...
---
Era invierno cuando Jonathan Lorne, bibliotecario y ocasional traductor de lenguas muertas, llegó al extremo oriental de Cambric Bay. El mar, ceñudo, azotaba las rocas con olas grises mientras el aire llevaba consigo un extraño olor, amalgam...
La luna, recortada como una pupila opaca y enloquecida, miraba al valle de la Antártida donde la base Triest resguardaba apenas su luz marchita tras paneles helados. El viento, aquel traidor silente, movía agujas de hielo contra las apartadas ante...
Es extraño relatarlo así, con cuartillas y tinta bajo una lámpara amarillenta mientras fuera la neblina se agolpa contra los cristales de mi despacho. Pero la mente, cuando pugna por evitar la locura, busca consuelo en los actos más mundanos. Po...
Apenas hay memoria entre los habitantes de la pequeña aldea de Kranzfeld de cuándo fue construida la antigua iglesia en el promontorio. Forma y materia parecen preceder al pueblo mismo: los cimientos roídos y serpenteantes, como prolongaciones de...
El sibilante aullido del viento acariciaba los glifos extendidos como llagas sobre la cripta, ocultando el hedor de la humedad corrupta y la promesa sorda de muerte. El bosque alrededor del camposanto de Blackwater era una sucesión interminable de ...
Era una noche sin luna, tan oscura que el horizonte del Pacífico parecía tragarse el reflejo de cualquier esperanza. En la bodega húmeda del “Intrepid”, un carguero maltrecho con tripulación de mala reputación, Ulises Vilect recorría la li...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...