Nunca habrá un lenguaje humano capaz de esbozar, ni siquiera burdamente, el verdadero aspecto de la Llanura de Leng, ese páramo prehumano, envuelto bajo soles muertos y brumas irisadas, donde el tiempo se repliega como un animal herido entre la ni...
Nunca he sentido hacia ningún sitio ese miedo primitivo y opresivo que me asaltó la vez que, impelido por circunstancias desgraciadamente prosaicas, hube de pasar tres días y dos noches en Kingsport, ese decaído pueblo costero que muchos aún co...
Todos los sabios de la decadente Celephais coinciden en que la senda de los sueños tiene final incierto, que cruzar el umbral entre mundos es pacto y condena, y aun así, cuando los vientos gimen por la bahía de grimorios, hay quienes eligen ignor...
I
Permítaseme la indulgencia de este testimonio, que a tantos parecerá locura y a muy pocos advertencia. Me atrevo a confiar el relato a estas páginas, con la última esperanza de que la verdad, aunque recubierta de absurdidad y de blasfemia, en...
Aún soy un hijo de la prosa y la medianoche, y aunque el tiempo es un abismo, traigo a la página este particular y reciente naufragio de la mente: el descenso de Arthur Fenway, antiguo colega y temido amigo, a los abismos internos donde la realida...
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De todas las leyendas escuchadas en mi atribulada niñez, ninguna dejó en mi alma una herida tan persistente como los murmullos que describían la costa olvidada de Kingsport y, en su extremo más apartado, la recóndita aldea de Greywater. Ho...
Al principio, me resultaba difícil explicar el modo como comenzó todo, pero ahora, desde la cama empapada en soledad de este hospital, puedo soportar las mil punzadas de recuerdos afilados que me asedian. La noche envuelve mis pensamientos y, con ...
Venía escuchando las palabras inacabadas de mi difunto mentor mientras descendía, trémulo, a la cámara subterránea que el gobernador tenía prohibida incluso para su confianza más cercana. Un veneno resinero y frío flotaba en cada respiració...
El silencio verde en el fondo
El descenso a Asarathal
No creo que ningún mortal pueda nunca comprender el horror de aquel viaje, ni relatar los sórdidos sucesos de la expedición Armitage-Vogel a las islas Remotas de la Polinesia Sur Occidenta...
Me veo forzado, pues, a dar testimonio de una oscura verdad, cuyas ramificaciones acaso sobrevivan a mi frágil cordura; permitidme, al menos, la amargura del preludio antes de la caída. El atroz relato que —con tintas temblonas y titubeantes ded...
Cuando uno se adentra en la vastedad de la noche providenciana, los callejones antiguos y los tejados inclinados refieren memorias ausentes, y una humedad infecta, reptante, parece emanar no sólo del suelo, sino de cada piedra mohecida, de cada som...
Debo advertir, lector, que los recuerdos que encierro y despliego en las siguientes páginas pueden que no sean bienvenidos por el juicio racional, ni por los que pretenden mantener los velos luminosos del sentido común a salvo del acecho de otras ...
Recuerdo las noches antiguas, los largos amaneceres de rieles, acero y vacío en los que el hombre aún podía fingirse dueño de su mente. Ya no. Lo que aprendí en la Estación Ulmar V todavía roe mis sueños en este oscuro habitáculo, donde la ...
El viajero que busca el saber prohibido, está condenado a ser poseído por la sed insaciable de aquello que no se puede nominar sin desgarro del alma; y ninguna reputación es más temida o consultada en las mesas de los eruditos que los fragmentos...
Querido lector, si es que aún existes cuando las últimas palabras de este manuscrito lleguen a su puerta, ruego clemencia. No pido juicio, ni redención; sólo comprensión ante el abismo en que mi mente se despeña. Lo que va a leerse no es sino ...
I
El verano del 1935 supuso para mí el fin de la inocencia y el comienzo de un descenso irrevocable en la cripta de lo desconocido. Mi nombre es Richard E. Salter, y las líneas que escribiré aquí no pueden ni pretenden justificar mi destino ni ...
El informe que me dispongo a ofrecer, por increíble que parezca, se apoya en documentos tan antiguos y palabras tan vetustas que hablar de su autenticidad o veracidad raya en la blasfemia. Sin embargo, la reciente desaparición de la expedición Se...
El atardecer se derramaba desplomado y ceniciento sobre las ruinas de lo que una vez fue serena gloria, cuando mi alma, en busca de orígenes y horrores, llegó al lugar donde no respiran los que una vez fueron celebrados por estar vivos. A muchos, ...
El horror, cuando acude a nuestro mundo en formas demasiado sutiles para ser rechazadas por la mente racional, actúa como una niebla: insidiosa, espesa, y poseedora de una memoria antigua, previa a la humanidad misma. No hay mayor advertencia para ...
Sólo recuerdo retazos; vagas reminiscencias que surgen cuando el viento sopla cierto escalofrío, trayendo aroma de sal y sangre sobre las cimas de los acantilados. A veces, cuando camino por la orilla desolada durante el crepúsculo, el murmullo d...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...