El vapor del café en la taza se arremolinaba como si buscara formar figuras definidas en el aire denso de la biblioteca. Los muros, atestados de libros en francés y griego, parecían intuir la inquietud de Alain Martel. Afuera, la niebla de Le Man...
Capítulo 2: La máscara amarilla
El despertar de Edgar Salton fue agónico, un tirón lento y abrupto desde el fondo de abismos soñados. Durante la noche, las visiones se habían multiplicado: un teatro cubierto de ceniza dorada, máscaras relucie...
Solo quedaba la linterna. Ese círculo de luz mortecina que bailaba sobre la piedra fragante de humedad y moho era la última frontera que separaba a Arnold Treviss de la negrura abismal del subsuelo. Y, sin embargo, él mismo, arrastrando las su...
Al principio, el miedo solo habitaba en los registros. Eran párrafos cortos en la Bitácora Autónoma Central, historias codificadas y archivadas para la posteridad, referidas como anomalías cósmicas o incidentes lúdicos. Nadie, y menos yo, pens...
Los vástagos de la aurora esmeralda
Grietas en la quietud ancestral
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Las piedras de la biblioteca temblaban.
Eso lo noté primero, antes de que la linterna de gas en mi mano comenzara a menguar: una vibración sorda, remota, infrahumana, que...
13 de marzo
Querido Doctor Beltrán:
Remito estas páginas como testimonio de mi incredulidad y de mi inquieta razón, tras ocho noches consecutivas de incidentes ocurridos desde mi nueva asignación en la estación orbital Argiva. Su consejo —...
Siempre he sostenido que nuestros mayores horrores son co-creados. Ni los demonios primigenios de la mitología, ni las modernas amenazas de bisturí y farmacia, ni el húmedo y palpitante infierno de la psique humana existen sin cierto conse...
El atardecer se derramaba carmesí sobre la línea de árboles de la selva de Darien, y la humedad invadía los pulmones de la expedición como una muralla translúcida y viva. Ninguno de nosotros se atrevía a mencionarlo, pero el aire mismo, satur...
Cuando Jonathan Felder se halló caminando por los muelles arruinados de Gull Haven, la marea estaba alta y las coronas de sargazo brillaban con un fulgor malsano bajo la luna llena. Nadie en la posada se atrevía a mirar el mar después de medianoc...
Capítulo 1: Niebla de Carcosa
Boston, invierno de 1927. En la redacción de la Gazette, la monotonía de la lluvia y el humo era interrumpida sólo por la llegada de correos insólitos: cartas de soñadores, avisos de catástrofes rurales, pequeña...
I
El sol moría, aprisionando la campiña inglesa en una palidez enfermiza y malva cuando descendí del carruaje frente a la Casa Graves. Aquella noche de noviembre caía densa, y la neblina costera se agazapaba en torno a las cancelas de hierro, e...
La alarma del teléfono sonó a las 02:49 a.m., cortando el denso silencio como un bisturí hundido en carne dormida. Marta ni siquiera recordaba haber configurado la alarma. Ofuscada de sueño, intentó detenerla y resbaló el aparato con el pulgar...
Cuando el profesor Emmerich Hallward recibió la invitación del enigmático Barón von Nielzen para pasar el mes de octubre en su aislada mansión en las tierras boscosas del Sudoeste alemán, la aceptó, como era su costumbre, con una mezcla de re...
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La tradición leyda, cuya raíz en los anales del Páramo Helado se extravía en la niebla de los siglos, habla de vínculos entre el hombre y fuerzas para las que ni dios ni demonios tienen nombre. El Libro de Eibon, grueso compendio obeso d...
El guardián de la colina negra
Habían pasado muchos años desde que los Whateley abandonaron la granja en la colina, pero en Dunwich la memoria es larga y los rumores se aferran como la niebla que baja por los valles cada atardecer. Era verano cu...
El hombre avanzó, penetrando la humedad de la antigua biblioteca subterránea, cuyos muros exhalaban el olor corrompido de pergaminos encuadernados en pieles de siglos muertos. Lothar Freniere venía en busca de algo muy específico, un ejemplar de...
El otoño se había instalado sobre la villa de Argenti con la delicadeza de un sudario. Aquel año, las hojas no solo crujían bajo los pasos sino que parecían, al caer de los árboles, traer consigo un frío más denso, más pertinaz, con la cual...
La noche había caído sobre las pestilentes marismas de Innsmouth, derramando telones de niebla sobre las aguas aceitosas, donde los lirios abrazaban monstruosas raíces. Los faros del puerto parpadeaban a lo lejos, como ojos agotados por vigilar t...
Vagaba la niebla en la madrugada como si fuera una phalange de monstruos ciegos, extendiéndose desde el mar en olas densas y pesadas, invadiendo el muelle principal de Vellham, una aldea portuaria apenas señalada en los mapas del oeste de Inglater...
Te contaré el secreto, aunque lo haré a fuerza de voluntad hostigada por años de insomnio y de miradas tras la cortina, vigilando el contorno nocturno de las cosas que aún respiran. Esta confesión tiene un propósito: aliviar mi alma y disuadir...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...