El ocaso tejía cintas bermejas y enfermizas sobre el mar, y el golpetear repetitivo de las olas contra los durmientes del puerto era el único canto que resonaba en el pueblo de Alhama, un rincón enclavado en un estuario olvidado de Nueva Inglater...
En la opaca y marmórea quietud de mi oficina olvidada, apenas rasgada por el lamento de la lluvia, me encuentro compelido a transcribir, aunque horrorizado, el funesto episodio acaecido en la apartada comarca de Maduros, allá en la rugosa selva su...
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En la gris y asfixiante ciudad de Arkham, la niebla solía brotar desde el Miskatonic como vapor de pesadilla, bañando en confusión y ceniza los altos edificios de piedra y los callejones infestados de secretos. Durante años, fui tan sólo u...
Hay en el corazón de Providence, en una sección antigua y medio oculta de la ciudad, una casa olvidada por la urbanización y el flujo desordenado de la vida moderna. Apenas se recuerda su historia, y cuando algún amigo mío, atraído por las amb...
Capítulo 4: La congregación sombría
El alba en Kingsvale no traía ni revisión ni consuelo. Edgar Salton despertó bajo la misma tela opaca de terror que lo había envuelto la noche anterior, un sudor frío recorriéndole la espalda, la sábana ...
Debo contarte ahora lo que sólo insinúan los libros neolíticos y las tablillas devoradas por el polvo, aquello que ni los sabios de Mnar ni los catadores del hongo lunar se atreven a susurrar bajo la luna, y que únicamente el sueño profundo —...
El umbral de la Curva Caída
I
En mi juventud, en los días sombríos de mi estudio en la Universidad de Miskatonic, a menudo me encontraba meditando sobre aquellas regiones intelectuales donde lo humano habitualmente no osa adentrarse. Fue entonc...
Es curioso –o debería decir, ominoso– el modo en que ciertas voces, enteramente ajenas a las facultades conocidas del hombre, arrastran consigo el aroma penetrante de la podredumbre y el hielo. Los lectores asiduos de Wyvelley Record estarán f...
Había visto amaneceres en lugares que, según los mapas, jamás había existido. Como buen profesor de historia antigua, me había hecho a la idea de que el mundo era un vasto tapiz de cosas olvidadas, y que las civilizaciones perdidas, los lugares...
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Las tierras de Leng son el delirio de cartógrafos cuerdos y el ansia susurrante de cualquier mente sensible. No hay brújula que marque el curso, y ningún sol que oriente los días. Y sin embargo, cada ciclo, los leprosos errantes cruzan los ...
Kingsport, con sus callejones laberínticos, sus casas encaramadas sobre la colina y la inquietante serenidad del Atlántico, es uno de esos lugares que respira antigüedad y, a su manera, sutil perversidad. No me es ajeno; la sangre de mis ancestros...
Nunca, bajo ninguna circunstancia, regresaré a la ciudad que yace bajo tres lunas muertas, allí donde las sombras crecen y los cuerpos se encogen al ver la forma de lo que acecha. Y sin embargo, al escribir estas líneas, la urgente vibración en ...
Recuerdo las palabras de mi colega, el profesor Hensley, mientras el tren traqueteaba por el descuidado ramal que lleva a Innsmouth: “Hay cosas que no deben buscarse, mi estimado Creighton. Algunas ciudades deberían quedarse ahí, en los márgene...
Capítulo 3: El lago de Hali
El tercer día en Kingsvale amaneció sumido en una niebla espesa que no cedió siquiera con la llegada del mediodía. Edgar Salton se despertó de un sueño tan vívido e inquietante que, por un momento, dudó de si est...
Las horas muertas entre las dos y las cuatro de la mañana son las que más inquietudes me traen. Soy un hombre metódico, porfiadamente ajeno al misticismo, aunque cada vez me cuesta defender esa descripción de mí mismo. Escribo estas líneas con...
La tempestad había rugido todo el día, desgarrando el lomo del Atlántico con furia y locura, encendiendo ásperos relámpagos que hacían brillar, por fracciones de segundo, el gotoso y antiguo faro de Lloch Mor. Digo antiguo porque es, aunque na...
I
Había algo en la luz que caía sobre los humedales aquel otoño que hacía que la carne se estremeciese, como si un ojo monstruoso estuviera posado hacia la tierra sólo para divertir su curva inhumana. A mis cincuenta y dos años, jamás me ha...
Al principio todo fue números y frío. Eso, quizás, es todo lo que jamás pueda deciros la memoria de mi mente—me ha costado meses forzar estos recuerdos al lenguaje común. Ni siquiera estoy seguro, a esta distancia, de que la densa niebla que ...
En alguna recóndita ciudad costera del Perú, donde la niebla se arremolina al alba y los perros aúllan como si presintieran lo que se gesta bajo la piel del mundo, el antropólogo Jacob H. Brown encontró lo que, por muchos años, había soñad...
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No fue hasta la quinta noche en la que descubrimos la naturaleza exacta de la amenaza. Habíamos llegado a ese pueblo apartado, cubierto por el pertinaz rocío de la costa y las brisas salinas, con la falsa promesa de estudios arqueológicos. A...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...