El grillo cesó de chirriar en el instante justo en que la pala golpeó algo duro. Fue apenas un leve cambio en el compás de la noche—un murmullo menor perdido en la marea de sonidos de insectos y vapor nocturno. Ninguno de nosotros decía nada, ...
- I -
Hacía frío en la biblioteca incluso en junio, cuando la brisa del mar subía por las calles de Arkham e inundaba las ventanas de la calle Derby con humedad y salitre. Thomas Caldwell, profesor de lenguas muertas, caminó despacio entre los ...
El Laberinto de Celephaïs
I.
El tránsito de Ulthar a Celephaïs fue, para Nathaniel Orme y su reducida comitiva, menos un desplazamiento físico que un naufragio progresivo de la identidad. Todo rastro de aquello que pudiera considerarse realidad...
Soy antiguo, pero el tiempo aquí carece de sentido. Las raíces del sauce, vidas atrás, eran nuevas y delgadas; ahora están hinchadas, retorcidas, ocultando cosas más antiguas que yo. Mi consciencia flota en un mar espeso, colmado de memorias de...
Nunca he creído en dioses. Fui criado en los sólidos cimientos de la razón, la única religión aceptable en mi círculo. Durante años, descompuse cuerpos en la morgue de Arkham, impasible antes sus últimos silencios, domesticando el miedo a lo...
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En la penumbra indecisa de la noche, emancipada apenas de los tonos gualdos de la farola del pueblo, el escaparate de la tienda Maximus y Compañía refulgía con la persistencia enfermiza de un faro descompuesto. Nadie, ni los chiquillos más ...
La casa del profesor Ledesma había dejado de oler a moho hacía tanto tiempo que sus actuales inquilinos pensaban que nunca había olido a nada. Sin embargo, en algún rincón de la madera, allí donde la humedad nunca terminaba de irse, persistía...
Aquella semana de agosto fue prodigiosa en tormentas. Se precipitaban sobre Blackthorn Valley como hordas míticas, sacudiendo ventanas y techos hasta arrancar confesiones de los miedosos y promesas de los fuertes. En mitad de ese caos eléctrico ll...
Las montañas llegaban de golpe, colosales y neutras, los picos hundidos en nubarrones perpetuos que, al atardecer, se teñían de un negro violáceo. Durante el verano, el sendero de grava se cubría de hongos salpicados de escarcha. Un rumor de ag...
Recuerdo la noche en que los mapas se corrompieron y el mundo se abrió como una costra supurante. Hay nombres prohibidos, exhalados como un resfriado en invierno. Lugares por los que la geografía se desliza, tiemblan agujas de brújulas, y hasta l...
Ulthar y el Misterio de los Gatos Vigilantes
I.
El camino que les marcó el gato —gris y jaspeado, de ojos como carbones bruñidos— se desplegaba al margen de todas las rutas humanas conocidas. Para Nathaniel Orme y su grupo, Arkham se desvanec...
Había caminado durante tres días a través de la llanura. Así lo decía mi diario, aunque las fechas y las marcas de tiempo estaban escritas con una mano que cada vez temblaba más. El sol parecía un ojo ciego sobre un mar blanco, y ni las nubes...
La niebla se cernía sobre Kingsport como una mortaja mientras Harlan Dyson ascendía la ladera rocosa, alejándose del resplandor mortecino de los faroles del viejo muelle. Eran casi las dos de la mañana y la brisa traía consigo el salitre coster...
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Había algo pasar en Cedryn, aunque nadie en la villa de los peinadores de sombras supiera definirlo. Los sueños habían comenzado su rebelión de silencios, y los caminantes nocturnos regresaban a casa con marcas frescas o con el nombre propi...
La noche en que Philip Marlowe llegó a Innsmouth, las calles estaban saturadas de niebla y un hedor a salmuera antigua, tan denso y podrido como los rumores que arrastraban los rieles desde Arkham sobre ese pedazo de mundo. Los faroles—escasos, o...
El principio del fin fue el trabajo de campo. Siempre lo es: una invitación informal a observar algo, a tomar unas muestras, a ayudar a un viejo colega necesitado. Solo semanas atrás mi vida había sido la de cualquier académico de mediana edad a...
Sumergido en un delirio de insomnio y bruma salina, el capitán Osvaldo Trujillo escribió por última vez en el diario de a bordo aquel 21 de mayo, atracado al norte del archipiélago frío. Su caligrafía apretada apenas se leía bajo la mancha de...
Tenía el hábito insano de mirar por la cerradura antes de abrir la puerta. No confiaba ni en mi reflejo —y menos aún en el pálido resplandor que por las noches filtraba el quicio. El apartamento lo heredé de mi tía, una mujer que, dicen, des...
[capitulo_2]Arkham: Ecos en la Ciudad Prohibida
I.
El tren que llevaba a Nathaniel Orme y su menguado grupo de vuelta a Arkham serpenteaba bajo un cielo bajo y plomizo. En el vagón, las ventanas empañadas devolvían reflejos deformados que parecÃ...
El reloj en la pared marcaba las dos y media de la madrugada, y la lluvia, apenas un susurro sigiloso, martillaba los paneles de la ventana que daba a la Colonia Rungholt. Desde mi escritorio, era fácil imaginar que aquel hielo líquido descomponí...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...