En la caliginosa y decadente ciudad de Arkham, entre sus calles envilecidas por secretos y sus plazas agrietadas por el paso de horrores inhumanos, existía una pequeña y casi invisible tienda: “Curiosidades de la Medianoche”, cuyo letrero pare...
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Vaya uno a saber por qué carriles fatales discurría mi ánimo cuando gocé de la imperdonable tentación de aceptar el extraño misal de mi colega Dr. Albert Gleaves y, con él, la invitación para acompañarlo en una expedición nocturna al p...
Capítulo 6: La eterna Carcosa
El tiempo, tal como Edgar Salton lo había conocido, dejó de importar la noche en que la luna se partió en el cielo sobre Kingsvale. Cada sonido era un pliegue en la bruma y toda superficie, un umbral donde la memori...
Al principio era solo un libro prohibido, hablado en tonadas susurrantes entre la élite de los ocultistas que frecuentaban la Sociedad Teúrgica de Arkham. Nunca me interesaron las fábulas de maldiciones o los delirios torcidos de profetas demente...
La noche se arrastraba como un manto húmedo sobre las colinas cubiertas de brezos de Vermont, ocultando a toda criatura razonable y tan solo dejando galopar los ecos del viento entre los picos y gargantas más solitarias. Yo, Nathaniel Hawes, me ha...
De niño, escuché a mi abuelo balbucear, en aquellas noches de tormenta furiosa, leyendas que no eran para oídos jóvenes. Historias de lugares que no figuraban en ningún mapa natural, regiones cuya existencia parecía traicionar los límites de ...
Nunca olvidaré aquella velada en la que los portentos del olvido se manifestaron ante mis ojos, y juro que no lo haría siquiera si la razón se me fuera deshaciendo lentamente como la escarcha al sol letal de las regiones polares. Fue hace ya año...
A menudo he dudado en relatar la experiencia que viví en Kingsport durante el último diciembre, un mes fatídico donde los vientos soplan entre las viejas tejas y danzan inquietos sobre el puerto negro de algas y misterios. El tiempo que pasé all...
Tenía yo la costumbre malsana, como tantos en mi atribulado linaje, de inmiscuirme en los libros prohibidos que residen en los rincones cajones y estantes negados al ojo cotidiano, y fue en el invierno de mi cuarentaavo año, cuando el viento asola...
El vapor barría la escollera del puerto de Innsmouth con una tenacidad antinatural, deshilachando la neblina como si ésta, en vez de estar compuesta de aire y agua, fuese una red de dedos fantasmales que intentaran aferrarse a cada grieta de las c...
Capítulo 5: La revelación bajo la luna rota
No hubo amanecer verdadero. La primera luz fue una farsa enferma, desgajada en la niebla, que sólo hizo más evidentes las hendiduras entre lo real y lo soñado en Kingsvale. Edgar Salton despertó a la...
El invierno que asoló la villa de Dunworth llegó tarde ese año, portando una niebla tan espesa y permanente que los días parecían perpetuamente sumidos en el crepúsculo. Ya en noviembre los aldeanos sentían su carácter insidioso, el modo en ...
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Todavía me asalta el hedor a algas podridas y nitrato, perfumando la brisa gélida con recuerdos de una degradación ajena al tiempo humano. Mi relato será, como debes comprender, una excusa lastimosa ofrecida al tribunal de la cordura; sólo e...
Jamás creí, ni por un instante, que los fragmentos que heredé de mi difunto tío Eblis me llevarían al umbral del pavor absoluto, allí donde la cordura es sólo una niebla fugaz y el raciocinio, un eco ahogado en aguas infinitas. La última mis...
El ocaso tejía cintas bermejas y enfermizas sobre el mar, y el golpetear repetitivo de las olas contra los durmientes del puerto era el único canto que resonaba en el pueblo de Alhama, un rincón enclavado en un estuario olvidado de Nueva Inglater...
En la opaca y marmórea quietud de mi oficina olvidada, apenas rasgada por el lamento de la lluvia, me encuentro compelido a transcribir, aunque horrorizado, el funesto episodio acaecido en la apartada comarca de Maduros, allá en la rugosa selva su...
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En la gris y asfixiante ciudad de Arkham, la niebla solía brotar desde el Miskatonic como vapor de pesadilla, bañando en confusión y ceniza los altos edificios de piedra y los callejones infestados de secretos. Durante años, fui tan sólo u...
Hay en el corazón de Providence, en una sección antigua y medio oculta de la ciudad, una casa olvidada por la urbanización y el flujo desordenado de la vida moderna. Apenas se recuerda su historia, y cuando algún amigo mío, atraído por las amb...
Capítulo 4: La congregación sombría
El alba en Kingsvale no traía ni revisión ni consuelo. Edgar Salton despertó bajo la misma tela opaca de terror que lo había envuelto la noche anterior, un sudor frío recorriéndole la espalda, la sábana ...
Debo contarte ahora lo que sólo insinúan los libros neolíticos y las tablillas devoradas por el polvo, aquello que ni los sabios de Mnar ni los catadores del hongo lunar se atreven a susurrar bajo la luna, y que únicamente el sueño profundo —...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...
El mundo que conocemos apenas roza la costra superficial de un vórtice de fuerzas y presencias insondables, entidades que, en su aspecto más ínfimo, desafían cualquier tentativo de descripción o categorización. Pero mi relato no es una mera ale Leer más...
Henry Blackwell jamás fue hombre de supersticiones ni de credulidad fácil. Su posición en la Sociedad Histórica de Arkham requería una mente ordenada y analítica, pero, en el amargo otoño de 1927, una serie de acontecimientos que comenzaron en Leer más...
La primera vez que Jacob Meunier oyó algo sobre la región pantanosa al sur de Cammheim fue durante una reunión académica celebrada en la Universidad de Dorrance, a la cual asistió más por mera cortesía que por genuino interés. Recuerda el mo Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi convicci Leer más...
Había ciudades que sólo existían en ciertos mapas esotéricos, garabateados con manos temblorosas y tinta que parecía desvanecerse en la luz, como si la luz misma no soportara la verdad que esas líneas contenían. Había nombres que solo podía Leer más...
Recordaré siempre con una mezcla de repugnancia y luz atroz aquella visita, una suave tarde de mayo que me condujo hasta la decrepitud de Ingersmouth, ese villorrio dispuesto cabizbajo en las encrucijadas del desvelo y la bruma costera. No acudí po Leer más...