El camión de mudanzas avanzaba lento mientras afuera el sol se desleía sobre el asfalto. La familia Manzano miraba el paisaje pesaroso, casi letárgico, mientras se alejaban de la ciudad. Julia, la madre, era tan delgada que el cinturón de su blu...
Había algo antinatural en el aire de Krakensberg desde el tercer día de julio, cuando el calor húmedo se volvió demasiado denso y cada sombra parecía hincharse, viva, al anochecer. Sophia llegó en bus, embutida en su chaqueta negra, los ojos o...
Los días de septiembre caían sobre la ciudad de Arkham con un color ocre antiguo, confiriendo a las últimas tardes del verano ese tinte sedentario y pesado que sólo los miedos antiguos pueden compadecer y musitar al oído. En la universidad, poc...
El viento de noviembre azotaba las callejuelas de Providence, levantando lonas raídas y haciendo temblar las persianas mal cerradas. El Dr. Arthur Mallory, hombre de sesenta y dos años, estudioso de las ciencias anatómicas y poco proclive a leyen...
Sobre las ruinas de lo que una vez fue la Tierra, la humanidad ya no existe en sentido estricto. Solo quedan lo que ellos llaman los Ascendidos, remanentes de carne transfigurados por eras de tecnología y simbiosis incomprensible, en un mundo asfix...
Recuerdo aún, con sórdido detalle, el exacto instante en que me fue dada la oportunidad de consultar los Fragmentos de Celaeno, esos retazos oscuros y prohibidos cuya mera evocación induce inquietudes inenarrables en los sabios y locos por igual....
Las Ruinas de Leng
I.
Nada en los años de ardua labor y estudio podía haber preparado a Nathaniel Orme para la noche en que el manuscrito llegó a su puerta. Era un invierno muerto en Arkham, encajonado entre ríos helados y ramas negras en forma...
12 de octubre de 1922
Kingsport, Massachusetts
Mi estimado Charles,
Me atrevo a escribirte con la mayor premura y, permíteme decir, zozobra; las noches recientes me han robado el sosiego y he hallado en los escritos privados mi única compañí...
En la penumbra, donde la ciudad moderna devora los viejos barrios y los hombres deambulan sumidos en la mortecina luz de las tabernas nocturnas, encontré un edificio tan antiguo que parecía rechazar la misma idea del tiempo. Su puerta, bajo un din...
El corazón del hombre tiende hacia el misterio. Hay quienes, al borde de la desesperación o la demencia, buscan con ahínco aquello que la luz de la razón nunca podrá revelar plenamente. Otros aún, con la mente forjada en acero y el alma embota...
La lámpara chisporroteaba bajo el azulado fulgor de un anochecer aguardando tormenta cuando me decidí, animado por tenebrosas lecturas y relatos susurrados entre las tablas del pueblo costero, a aventurarme por el paseo marítimo de Kingsport, ese...
Era una noche de esas en las que las ventanas tiemblan con el bramido del viento, y la niebla envolvía cada piedra de la ciudad de York como una mortaja. El otoño victoriano se extendía sobre el asfalto húmedo, y los faroles de gas titilaban, la...
El relato:
En la penumbra constante de mi cuarto, sólo alterada por la luz parpadeante del monitor, yo solía reírme de las fantasías cibernéticas de mis colegas. Entretanto, mi trabajo –proteger redes, rastrear intrusiones, construir cortafu...
La noche caía sobre la ciudad de Arkham como un sudario vivo, dotado de un extraño pulso y un frío que no se disipaba ni bajo la protección supersticiosa de velas ni tras el cristal groseramente emplomado de los ventanales. Muchos hombres han so...
La Procesión de las Caracolas Negras
El Último Breviario de Yhe
En la plenitud de una noche sin luna, cuando el mar parecía retirarse de todo común acuerdo con la cordura del mundo, me introduje en una costumbre prohibida. No puedo decir si fu...
Permítaseme advertir al lector rigurosamente científico: si espera discutir aquí las leyes familiares de la física y la biología, quedará defraudado. No habrá explicaciones en términos meramente del saber humano, porque la historia que a con...
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No sé por qué he decidido dejar esto por escrito. Quizá sea un afán absurdo por exorcizar los fantasmas que me atenazan, o tal vez la esperanza pueril de que alguien, en algún recodo del tiempo, pueda refugiarse en mi testimonio, y libr...
Muchos me han advertido que cuente mis días en la oscuridad, que renuncie al insensato impulso de liberar el aullido que ha estado supurando en mi espíritu desde aquella madrugada inconcebible. Pero como todo aquel maldito por los recuerdos de los...
Durante los primeros años de mi vejez, abrumado ya por esa somnolencia improductiva que suele arrastrar al cuerpo cansado después de una vida de inquietudes, di con memorias que, hasta ahora, creía sepultadas bajo la hojarasca de falsas certidumb...
Nunca olvidaré la noche en que mi vida quedó para siempre marcada por el hedor salino y la inenarrable monstruosidad acechando bajo la superficie del mar. Antes de los eventos que narraré, mi nombre apenas tenía peso fuera de los registros del C...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...