No sé si algún día alcanzaré a comprender la osadía, o acaso la locura, que me llevó a aquel cubil de humedad y musgo, durante la primavera muerta de 1923. A veces llego a sospechar que fui guiado por una voluntad más vasta y sutil que la hum...
El cosmos es un manuscrito ilegible, cubierto de garabatos incandescentes, una selva de términos esotéricos y ecuaciones arcanas esbozadas por inteligencias más allá de la concepción humana. Este hecho lo aprendí, con horror, durante mi estanc...
El crepúsculo serpentearía como una sombra líquida sobre aquellas ruinas que ningún cartógrafo osaría señalar, y aún menos los supersticiosos nativos de la región del Tlalocan moderno, donde las aguas cenagosas del Golfo parecían abrazar c...
Mi querido lector, si por casualidad de la vida esta narración cae en tus manos, yo solo te suplico que entiendas: las palabras, por retorcidas y frenéticas que parezcan, no son más que el testimonio desesperado de un hombre que ha tocado briznas...
I
Las noches de Innsmouth, pueblo de un silencio infestado, me devolvían siempre, casi hipnóticamente, hacia los mismos acantilados batidos por el Atlántico. Aquel otoño, el frío marino parecía arrastrar susurros, viejos y persistentes, ecos...
Siempre había rehuido los caminos tras la medianoche. La ciudad misma parecía aletargada, opaca, presa de una disolución imperceptible que sólo las almas más sensibles llegaban a percibir en las hondas horas nocturnas. Pero la necesidad —esa ...
Alrededor del año 2745 del infortunado calendario humano, bajo la bóveda ennegrecida de un cielo sombríamente electrificado por relámpagos verdes, el concepto mismo de realidad se había convertido en un territorio fronterizo, lacerado por los e...
En esta hora imprecisa, cuando el crepúsculo se mezcla con la niebla y las sombras se insinúan en los rincones de la mente, me siento obligado a transcribir de manera fidedigna cuanto recordar todavía puedo—o me atrevo a recordar—de los terro...
Fragmentos del Diario Maldito
6 de marzo de 1925
Hoy ha llegado al despacho una caja vieja, sin remitente, solo mi nombre meticulosamente garabateado en una etiqueta que parece hecha trizas por los años. Me la entregó Parker, con la mirada inqui...
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El doctor Fabián Elías siempre había pensado que la mente humana era como un cofre a medio abrir; su oficio como psiquiatra forense en el Hospital San Urbano le había demostrado ya muchas veces hasta dónde podía llegar la crueldad, cómo ...
Recuerdo aún, tras largos años de inútil intento por desterrar de mi conciencia los recuerdos de lo vivido, aquella expedición a los confines más australes de nuestro planeta. Un peregrinaje que inició bajo el disfraz de una simple empresa cie...
Naturalmente sé que, al comunicar lo aquí relatado, corro el riesgo de quedar atrapado en el abismo donde se precipitan las almas de los que atisbaron demasiado en el lado oscuro del universo. Pero la oscura necesidad que abate mi alma trasciende ...
Había llegado el invierno a Londres con el ceremonial de sus nubes espesas y su manto de niebla venenosa, esa humareda marrón que descendía sobre los tejados y no abandonaba los muros de la ciudad sino hasta bien entrada la primavera. Las farolas...
El departamento de Ariel García se hallaba en medio de la ciudad, con la luz de los autos moteando las paredes como pequeños suspiros eléctricos. Afuera, la noche era profunda, un abismo entre los edificios de ladrillo, la humedad golpeando a los...
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Vivía yo en Providence, ya anciano y abatido, en los días grises donde el ulular del viento arrastra antiguos ecos que mis oídos tiemblan en reconocer. Comencé entonces a registrar ciertos sueños que, siendo inquietantes, anidaban en los r...
Un secreto se hunde en las páginas más malditas de El Libro de Eibon, una de esas verdades oblicuas y no para ser compartidas con el entendimiento tembloroso de la civilización. Si hay algo que la mente pueda apenas vislumbrar, en la opresiva pen...
Había experimentado antes el miedo, si, pero siempre había descubierto en él una suerte de cordialidad disciplinaria, como la que inflige la rígida vara sobre los hombros de un niño rebelde. El terror de la infancia, del olvido y de la soledad,...
Los más dignos de temor no son los recuerdos, sino los silencios que les sobreviven; pues dentro de la mudez de un secreto se agazapan horrores cuya naturaleza trasciende la mera comprensión humana. Muchas noches, cuando las sombras serpentean ent...
En los suburbios sofocantes de Río de Janeiro, bajo la mortecina luz de las farolas gastadas y el hedor salobre del Atlántico, se erguía una estructura de concreto y madera roída por la humedad, una casa alzada en el borde más peligroso de la f...
La noche había caído sobre la villa de Bresnal con una premura casi hostil, extinguiendo la última reserva de calor solar que los habitantes solían aprovechar para urdir rumores y esperanzas en torno a las puertas de las tabernas. Pero aquella n...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...