Hubo un tiempo en que nada temía a la luz eléctrica. Viví mi juventud en la soledad de una casa de madera al borde de un Nuevo Brunswick que durante meses olía al yodo y a la descomposición oculta bajo las mareas. Aprendí a conocer los susurro...
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No sabía si mi búsqueda era científica o, como temían algunos, una manifestación progresiva de locura. A mis cuarenta y ocho años, dedicado desde temprano a la arqueología marginal y la etnografía de las creencias prohibidas, era difíc...
Había venido, como tantos otros antes de él, buscando exhumar los testimonios de un pueblo olvidado: Letharton, un confuso caserío disperso entre colinas agrietadas de la campiña inglesa, donde la niebla se demoraba demasiado y la vida parecía ...
Capítulo 4: Los Mi-Go y la simbiosis forzada
Uno.
No hubo transición. El fin de la biblioteca no fue salida ni epifanía, sino la sensación de haberse fundido con una vastedad de conciencia ajena a cualquier lógica humana. Herrick no recordaba ...
El tren hacía el norte partió poco después del anochecer y, durante horas, los bosques desfilaron por la ventanilla empañada del compartimento. Apenas veía sus propias manos, tanto por la tenue luz como por el efecto hipnótico de la penumbra y...
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La luz grisácea que se filtra en la celda apenas roza el cuaderno, sucio y tembloroso en mis manos. No sé si sellar estas palabras será mi salvación o la condena final de mi razón, si acaso queda algo de ella. Pero sé que alguien debe sab...
Cuando Shesamath despertó aquella noche sacudida por vientos gélidos y voces apagadas, supo, con un escalofrío que le reptó por la columna, que su vigilia sería la última. Su habitación, localizada en la cara este de la Biblioteca Cerúlea de...
La luna llena bañaba el jardín de mi abuelo en una luz mortecina, y yo, recién retornado al caserón familiar tras veinte años de autoexilio, me senté en la terraza de losas húmedas, contemplando los cicadáceos que rodeaban la vieja edificaci...
Nada en la carne humana ha dejado de fascinarme, ni siquiera ahora, cuando su presencia solo sirve para inquietarme, helada en la penumbra bajo la superficie del mundo. He aprendido que el sentido de todo ser radica en su deseo, y nada desea con má...
Yo me despliego entre los átomos del frío y la humedad, mucho más allá de las bóvedas y las columnas que la raza de los hombres ha alzado contra mi hambre. Bajo la tierra, en raíces que me desconocen, en charcos de negrura donde el sol nunca h...
No recuerdo el primer momento en que fui. En algún pliegue sin memoria, en la negra fractura entre el hambre y la carne, palpita un principio donde ni forma ni conciencia eran necesarias para sobrevivir. Yo era impulso y vacío, una vibración cieg...
Capítulo 3: La Biblioteca de la Mirada Infinita
La entrada a la biblioteca fue un descenso y una ascensión simultáneos: la topografía de Yuggoth carecía de coherencia, y todo espacio transgredía las nociones terráqueas de dentro o fuera. Los ...
Se había hecho de noche temprano en el puerto maltrecho, y la neblina no era exactamente blanca como la leche sino sucia, impregnada del olor a salmuera vieja y a redes podridas. Lo que llamaban la gloria decaída de Innsmouth parecía, desde la ve...
Me encontraba en una pequeña y húmeda pensión cerca del puerto de Arkham, allí donde las nieblas llegan flotando desde el Miskatonic en el crepúsculo y uno siente los huesos empapados de un frío gris y silente. Era mediados de marzo; la bruma ...
El correo electrónico parecía inocuo al principio, una cadena anodina de mensajes reenviados entre estudiosos del ocultismo, hasta que vi el nombre de Mathilda Wycke brillando como fosforescencia entre la negrura. No abría correspondencia suya de...
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La sala de la subasta estaba débilmente iluminada, como si la penumbra se apretara voluntariamente en torno al reducido círculo de asistentes. Era una noche burbujeante de lluvia dura y caótica, y el tintineo de las gotas sobre los ventanale...
Ha habido siempre, en los estratos bruñidos del tiempo, un tipo de objetos de aspecto inofensivo destinados no a los niños, ni siquiera a la pléyade más curiosa de adolescentes, sino directamente a la inquietud inmemorial de los adultos. Son, po...
La tienda apareció una mañana, donde siempre había estado la frutería, entre la papelería y la ferretería en la Calle de las Nieblas. La fachada era opaca y nada llamativa, cubierta con un vinilo gris mate que absorbía la luz, anunciando apen...
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La tormenta era insólita en Arkham: truenos sinuosos, vivos, como la risa de un dios maligno, rebotando entre los tejados y desmenuzando la noche. Cornelius Halsey se aferró a la baranda de su balcón en el tercer piso de la Arkham Historical ...
Capítulo 2: Ecos en la Calarina de Cristal
Durante las primeras horas tras el asentamiento, el Polo Negro desplegó su dominio en los cuerpos y las psiques de los expedicionarios. El aire, si podía llamarse así a aquel fluido helado que vibraba d...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...