El regresó a Innsmouth fue una decisión errática, una necesidad surgida del humo de los sueños repetidos, de ese zumbido constante que la ciudad sembraba en su memoria desde la niñez. Había huido a Boston hacía más de veinte años, jurando n...
Presiento el alba tras la tormenta, aunque dudo que mis ojos alguna vez vuelvan a ver la luz. Lo que ocurre fuera de esta prisión tórrida y húmeda sigue desafiando toda lógica humana, pero me veo compelido a dejar aquí, en las páginas finales ...
En la médula de las tinieblas urbanas de París, al margen de las avenidas alineadas por Haussmann y más allá del alcance ordinario de la razón, existe una realidad que pocos han visto y que nadie debería buscar. Y sin embargo, hay hombres –y...
Entre esas cinco posibilidades de título, cualquiera podría corresponder a lo acontecido en los días perdidos de 1928 en la meseta castellana, donde la llanura parece esconder bajo su tierra seca secretos más húmedos e inmemoriales que la memor...
Fue cinco años antes de jubilarme, en ese punto decisivo donde un hombre, sobre todo uno que ha dedicado su vida a explorar los intersticios vedados a la razón, empieza a negociar con la memoria y la voluntad. Había estado en Kazajistán con los ...
Hablar de esa noche en un idioma conocido resulta casi imposible, como si cada palabra golpeara unos labios ajenos y reconocidos solo por un doblez repentino al pronunciarse. Pero hablaré. La memoria exige que el horror se arranque del acceso priva...
Solo el poniente se enciende de rojo, subrayando la gran cordillera que emerge al borde del horizonte y alzándola, oscura, sobre la explanada pedregosa. Allí, bajo un crepúsculo que parece preñado de otros milerios, se arrastran los sonidos. Got...
El grito persiste en la garganta de los hombres, incluso siglos después de que el amor y la racionalidad hayan abandonado la Tierra para refugiarse en promesas mecánicas y ruinas. Yo mismo he gritado, más veces de las que quisiera admitir, desde ...
Aquella noche se levantó del mar una bruma espesa, tan densa que convertía los faroles alineados sobre la carretera en meras manchas oleosas suspendidas en la nada. Elena conducía despacio, sudando bajo los brazos, resistiéndose al impulso de de...
La noche había caído sobre Arkham como una losa de mármol sobre un recién enterrado. Las farolas chisporroteaban bajo la llovizna constante, y los charcos devolvían reflejos deformes de las caras de los pocos que aún pisaban las aceras cubiert...
El polvo anidaba en las cornisas como un animal tímido y voraz. Andrés cruzó el umbral de la vieja biblioteca del priorato de San Onofre con la impresión dolorosa de que le acompañaba el viento y que, en algún lugar, un relámpago taladraba ci...
Era el invierno de 1927, y las gentes de la ciudad —gentes que aparentaban robustez pero cuya miope obstinación les cegaba de antiguos susurros— comenzaban a inquietarse por unas grietas que habían surgido, negras y retorcidas, a lo largo de v...
Hay noches —noches raras, bárbaras, invertidas— en las que los ojos se niegan a cerrarse cuando la conciencia lo exige. Noches enormes, trizadas de ecos y zumos de pesadilla; noches que parecen recordar algo, casi como si una mente, o muchas, d...
La noche se había abierto como una herida negra sobre la Biblioteca General de Santa Lucía. Bajo la luz mortecina de una farola coja, el doctor Fernando Helguera paseó una última mirada hacia la ribera desierta donde el Ebro, apenas visible, cor...
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Desde los desvaídos muelles donde pendían las redes, en el ocaso de Dylath-Leen, el horizonte parecía difuminarse en un vacío espeso, idéntico al que envolvía mi ánimo mientras cargaba aquel fardo atado con tantos cuidados. El cuelgue de...
Cae la niebla como un sudario sobre Lasturia, ese rincón olvidado de la provincia, donde los dioses primordiales aún susurran desde el lodo, y los días se desgastan con la sequedad de un pensamiento viejo. Ignoro si el viento del norte lleva semi...
La tormenta había descargado furia sobre las colinas peladas del norte, arrancando retazos del suelo y dejando cicatrices húmedas en las laderas. Ahora la noche caía, tibia después del vendaval, pero aún inquieta, como si el mismo aire cargara ...
Las tierras de Leng no existían en ningún mapa. Amparadas por tormentas perpetuas y nieblas planchadas sobre la hierba hasta la altura de las rodillas, a veces decían los pastores que, si poseían la paciencia necesaria, embriagados primero por a...
Habían pasado quince años desde que Jonás Luel abandonó la biblioteca de la universidad de Durncombe, escondiendo en su gabán una edición apócrifa de los Manuscritos Pnakóticos. De noche, a la lumbre trémula de una lámpara de aceite, hojea...
El viento no soplaba en torno a la barcaza; en aquella extensión de mar sordo y aceitoso solo flotaba el rumor de la propia carne, de la conciencia colapsando en la ausencia de todo, salvo el balanceo casi letal, hipnótico, que podía llevar a la ...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...