Las Ruinas de Leng
I.
Nada en los años de ardua labor y estudio podía haber preparado a Nathaniel Orme para la noche en que el manuscrito llegó a su puerta. Era un invierno muerto en Arkham, encajonado entre ríos helados y ramas negras en forma...
12 de octubre de 1922
Kingsport, Massachusetts
Mi estimado Charles,
Me atrevo a escribirte con la mayor premura y, permíteme decir, zozobra; las noches recientes me han robado el sosiego y he hallado en los escritos privados mi única compañí...
En la penumbra, donde la ciudad moderna devora los viejos barrios y los hombres deambulan sumidos en la mortecina luz de las tabernas nocturnas, encontré un edificio tan antiguo que parecía rechazar la misma idea del tiempo. Su puerta, bajo un din...
El corazón del hombre tiende hacia el misterio. Hay quienes, al borde de la desesperación o la demencia, buscan con ahínco aquello que la luz de la razón nunca podrá revelar plenamente. Otros aún, con la mente forjada en acero y el alma embota...
La lámpara chisporroteaba bajo el azulado fulgor de un anochecer aguardando tormenta cuando me decidí, animado por tenebrosas lecturas y relatos susurrados entre las tablas del pueblo costero, a aventurarme por el paseo marítimo de Kingsport, ese...
Era una noche de esas en las que las ventanas tiemblan con el bramido del viento, y la niebla envolvía cada piedra de la ciudad de York como una mortaja. El otoño victoriano se extendía sobre el asfalto húmedo, y los faroles de gas titilaban, la...
El relato:
En la penumbra constante de mi cuarto, sólo alterada por la luz parpadeante del monitor, yo solía reírme de las fantasías cibernéticas de mis colegas. Entretanto, mi trabajo –proteger redes, rastrear intrusiones, construir cortafu...
La noche caía sobre la ciudad de Arkham como un sudario vivo, dotado de un extraño pulso y un frío que no se disipaba ni bajo la protección supersticiosa de velas ni tras el cristal groseramente emplomado de los ventanales. Muchos hombres han so...
La Procesión de las Caracolas Negras
El Último Breviario de Yhe
En la plenitud de una noche sin luna, cuando el mar parecía retirarse de todo común acuerdo con la cordura del mundo, me introduje en una costumbre prohibida. No puedo decir si fu...
Permítaseme advertir al lector rigurosamente científico: si espera discutir aquí las leyes familiares de la física y la biología, quedará defraudado. No habrá explicaciones en términos meramente del saber humano, porque la historia que a con...
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No sé por qué he decidido dejar esto por escrito. Quizá sea un afán absurdo por exorcizar los fantasmas que me atenazan, o tal vez la esperanza pueril de que alguien, en algún recodo del tiempo, pueda refugiarse en mi testimonio, y libr...
Muchos me han advertido que cuente mis días en la oscuridad, que renuncie al insensato impulso de liberar el aullido que ha estado supurando en mi espíritu desde aquella madrugada inconcebible. Pero como todo aquel maldito por los recuerdos de los...
Durante los primeros años de mi vejez, abrumado ya por esa somnolencia improductiva que suele arrastrar al cuerpo cansado después de una vida de inquietudes, di con memorias que, hasta ahora, creía sepultadas bajo la hojarasca de falsas certidumb...
Nunca olvidaré la noche en que mi vida quedó para siempre marcada por el hedor salino y la inenarrable monstruosidad acechando bajo la superficie del mar. Antes de los eventos que narraré, mi nombre apenas tenía peso fuera de los registros del C...
Deja que el lector sea advertido: este manuscrito, garabateado con manos temblorosas y sellado en un sobre mugriento hallado entre los escombros de una buhardilla olvidada en Arkham, es testimonio de horrores tan reales como repulsivos. Lo relato no...
El invierno suizo había roto su gélida lanza contra los muros del viejo monasterio donde yo, Léonard Duvivier, me hallaba confinado por cuestiones de estudio. Había venido hasta Vevey —una ciudad pequeña a la orilla del lago Léman— en pos ...
Las lluvias comenzaban ya a azotar Innsmouth con el monótono ritmo que acompaña los meses más inclementes, mezclando el salitre trasnochado de las olas con el hedor inconfundible de una anciana podredumbre que se negaba a morir. Aquella noche, la...
Fue durante un otoño precoz, allá por 1921, cuando el profesor Adalbert Clive regresó a Kingsport para esclarecer la ruina repentina de un linaje que, hasta entonces, parecía haber resistido incólume el peso ominoso de los siglos. El clima de l...
La niebla que esa noche abrazaba el puerto de Kingsport tenía la textura de una tela marchita y malsana, como si hubiera sido tejida por criaturas que aborrecían el día y la pureza. Faroles mortecinos oscilaban sobre el muelle, más como antorcha...
Debo advertir —y aún en la penumbra de esta buhardilla mis dedos tiemblan cuando apenas esbozo el registro de los hechos— que no soy un hombre propenso a supersticiones primitivas, ni a las habladurías que confortan a los incautos en las noche...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...
El mundo que conocemos apenas roza la costra superficial de un vórtice de fuerzas y presencias insondables, entidades que, en su aspecto más ínfimo, desafían cualquier tentativo de descripción o categorización. Pero mi relato no es una mera ale Leer más...
Henry Blackwell jamás fue hombre de supersticiones ni de credulidad fácil. Su posición en la Sociedad Histórica de Arkham requería una mente ordenada y analítica, pero, en el amargo otoño de 1927, una serie de acontecimientos que comenzaron en Leer más...
La primera vez que Jacob Meunier oyó algo sobre la región pantanosa al sur de Cammheim fue durante una reunión académica celebrada en la Universidad de Dorrance, a la cual asistió más por mera cortesía que por genuino interés. Recuerda el mo Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi convicci Leer más...
Había ciudades que sólo existían en ciertos mapas esotéricos, garabateados con manos temblorosas y tinta que parecía desvanecerse en la luz, como si la luz misma no soportara la verdad que esas líneas contenían. Había nombres que solo podía Leer más...
Recordaré siempre con una mezcla de repugnancia y luz atroz aquella visita, una suave tarde de mayo que me condujo hasta la decrepitud de Ingersmouth, ese villorrio dispuesto cabizbajo en las encrucijadas del desvelo y la bruma costera. No acudí po Leer más...