El silbido de la radio parecía anunciar su muerte. Apenas un hilo de estática en la noche sin luna, interrumpido sólo por el plomizo rumor de las olas del Atlántico que lamían con ferocidad la costa rocosa de Nueva Escocia. Walter S. Curwen, do...
Al principio, sólo recordaba los sueños de mi padre. Tan claros, tan nítidos que a veces confundía su miedo con mi propia carne, o sentía el peso intolerable de una sombra ya olvidada en las esquinas de mi infancia. Él era un hombre huesudo, a...
Temprano en mi juventud, fui enviado por azares de la desgracia a cuidar, durante un invierno inhóspito, la biblioteca privada del difunto profesor Wagner, un excéntrico investigador de antigüedades marítimas y mitos primordiales con residencia ...
−−−−−−
Atherton Leigh, profesor del Departamento de Ciencias Antiguas en la Universidad Miskatonic, recogía su gabán cuando escuchó el crujido de la lluvia sobre el techo de su despacho. Octubre carcomía Arkham; la niebla reptaba po...
La única luz que invadía el interior del molino abandonado era el resplandor tibio y agotado del crepúsculo, colándose entre las tablas putrefactas y aislando fragmentos irregulares del polvo flotante. Clifford Partridge agradeció esa luz—lo ...
El susurro de los álamos en la colina Glen Boreas había enloquecido a más de un hombre –el viento venía de las escarpaduras con una voz que nadie deseaba interpretar. Cuando arribé, lo hice con la ligereza de un profesor invitado, cargando la...
Había oído hablar de la casa en el borde de Templewood incluso antes de aquello. Leslie Birtwhistle me lo había contado la última vez que lo vi en persona: era el tipo de sitio que enloquecía a los granjeros, hacía nacer historias de figuras a...
Capítulo 1: La llegada al Polo Negro
Año 1927, a las afueras de Arkham, Nueva Inglaterra. La niebla de una madrugada perpetuamente húmeda y gris se espesaba bajo los ventanales cerrados del observatorio Lowell, confiriendo al edificio una atmósf...
Bajo la luna de Yuggoth
Quizá no hay nada tan penoso como el salir a medianoche a través de ciénagas cubiertas de niebla, con una linterna temblorosa y el peso del miedo aleteando entre la carne y el alma. Esto lo supe la noche del 14 de noviemb...
Fue Isolde la primera en notar el extraño temblor bajo sus pies, una vibración que les subía por las piernas como el tañido de una campana lejana. El acceso, tallado entre placas de roca negra y rodeado de símbolos que recordarían vagamente a ...
Aun en las noches más tranquilas de verano, cuando el mundo parece haberse fundido en la quietud líquida del universo, hay aquellos cuyo palpitar late en sincronía con lugares que ninguna brújula señala. Estos lugares —tan antiguos que la mem...
I
Los hombres, a menudo —acaso por temor a su propia insignificancia— piensan que ciertos lugares del mundo no deberían ser hollados, ni por el pie ansioso del explorador ni por la mirada inquieta del soñador. Esos lugares se revisten de leye...
Jamás debí confiar en Eveleigh. Lo supe en cuanto abrió aquel delgado portafolio de cuero negro y dejó desparramar sobre mi mesa los mapas de la Llanura de Leng, junto a un croquis tosco de piedras ciclópeas y una fotografía en sepia de una cr...
---
La Llanura de Leng, aunque conocida en los círculos más turbios de los eruditos, sigue siendo un nombre apenas un susurro en los sueños febriles de quienes aún valoran la vida y la cordura. Se halla en la intersección de varios mundos, y q...
Yo me encontraba acurrucado bajo el último techo recio de la provincia de Zarthis, en las mismísimas fronteras que se asoman y desmoronan hacia la Llanura de Leng. No puedo decir con qué propósito real llegué ahí, más allá de una insaciable ...
Era en Kingsport, y era medianoche, o algo peor que medianoche. Porque a veces, en esa costa lavado de sueños, el tiempo se comporta como la marea: retirándose en jirones y regresando con visiones irreales adheridas a su espuma. Y lo que ocurrió ...
La luna, gibosa y grotesca, exploraba con sus garras de luz los recovecos más secretos de la vasta y dormida Kadath, esa ciudad que, me aseguraron, solo puede hallar quien de verdad no la busca. De los muchos relatos que surgen en torno a sus torre...
Las olas entonaban su lamento, y la niebla descendía, viscosa, sobre las maderas ruinadas del puerto de Innsmouth, como una mortaja. Era una noche que olía a algas podridas y a sal entaponada en las cerraduras por el tiempo. Cuando llegué a esa l...
Vivía yo, por entonces, en Providence, aunque cada fibra de mi ser anhelaba la imposibilidad de todo recuerdo asociado a ese tiempo. La vieja casona de Benefit Street, mucho antes luz de orgullo victoriano que cáscara de resonancias funestas, fue ...
El mar extendía su inmenso manto helado bajo la luna nueva, un abismo negro y carente de compasión sobre el cual el viejo bergantín de cabotaje “Providence” luchaba con las olas como un condenado lanza puñetazos a la inevitabilidad de la tum...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...