Solo el poniente se enciende de rojo, subrayando la gran cordillera que emerge al borde del horizonte y alzándola, oscura, sobre la explanada pedregosa. Allí, bajo un crepúsculo que parece preñado de otros milerios, se arrastran los sonidos. Got...
El grito persiste en la garganta de los hombres, incluso siglos después de que el amor y la racionalidad hayan abandonado la Tierra para refugiarse en promesas mecánicas y ruinas. Yo mismo he gritado, más veces de las que quisiera admitir, desde ...
Aquella noche se levantó del mar una bruma espesa, tan densa que convertía los faroles alineados sobre la carretera en meras manchas oleosas suspendidas en la nada. Elena conducía despacio, sudando bajo los brazos, resistiéndose al impulso de de...
La noche había caído sobre Arkham como una losa de mármol sobre un recién enterrado. Las farolas chisporroteaban bajo la llovizna constante, y los charcos devolvían reflejos deformes de las caras de los pocos que aún pisaban las aceras cubiert...
El polvo anidaba en las cornisas como un animal tímido y voraz. Andrés cruzó el umbral de la vieja biblioteca del priorato de San Onofre con la impresión dolorosa de que le acompañaba el viento y que, en algún lugar, un relámpago taladraba ci...
Era el invierno de 1927, y las gentes de la ciudad —gentes que aparentaban robustez pero cuya miope obstinación les cegaba de antiguos susurros— comenzaban a inquietarse por unas grietas que habían surgido, negras y retorcidas, a lo largo de v...
Hay noches —noches raras, bárbaras, invertidas— en las que los ojos se niegan a cerrarse cuando la conciencia lo exige. Noches enormes, trizadas de ecos y zumos de pesadilla; noches que parecen recordar algo, casi como si una mente, o muchas, d...
La noche se había abierto como una herida negra sobre la Biblioteca General de Santa Lucía. Bajo la luz mortecina de una farola coja, el doctor Fernando Helguera paseó una última mirada hacia la ribera desierta donde el Ebro, apenas visible, cor...
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Desde los desvaídos muelles donde pendían las redes, en el ocaso de Dylath-Leen, el horizonte parecía difuminarse en un vacío espeso, idéntico al que envolvía mi ánimo mientras cargaba aquel fardo atado con tantos cuidados. El cuelgue de...
Cae la niebla como un sudario sobre Lasturia, ese rincón olvidado de la provincia, donde los dioses primordiales aún susurran desde el lodo, y los días se desgastan con la sequedad de un pensamiento viejo. Ignoro si el viento del norte lleva semi...
La tormenta había descargado furia sobre las colinas peladas del norte, arrancando retazos del suelo y dejando cicatrices húmedas en las laderas. Ahora la noche caía, tibia después del vendaval, pero aún inquieta, como si el mismo aire cargara ...
Las tierras de Leng no existían en ningún mapa. Amparadas por tormentas perpetuas y nieblas planchadas sobre la hierba hasta la altura de las rodillas, a veces decían los pastores que, si poseían la paciencia necesaria, embriagados primero por a...
Habían pasado quince años desde que Jonás Luel abandonó la biblioteca de la universidad de Durncombe, escondiendo en su gabán una edición apócrifa de los Manuscritos Pnakóticos. De noche, a la lumbre trémula de una lámpara de aceite, hojea...
El viento no soplaba en torno a la barcaza; en aquella extensión de mar sordo y aceitoso solo flotaba el rumor de la propia carne, de la conciencia colapsando en la ausencia de todo, salvo el balanceo casi letal, hipnótico, que podía llevar a la ...
Querida Antonia:
Te escribo con la determinación angustiada de quien busca auxilio y, sin embargo, duda de encontrarlo. Quisiera no inquietarte, pero todo esto es demasiado. Como recordarás, la herencia del tío Aurelio cayó sobre mi vida con la...
El polvo nunca descansa sobre el piano. Solía pensarlo Doña Anunciata cuando, en las sordas madrugadas de la casa familiar, escuchaba deslizarse la melodía de los dedos invisibles sobre las teclas curtidas de lo que, para todos los efectos, era u...
El Capitán Tiso había navegado mares de mil nombres y mil mentiras, de costas rotas, de estuarios donde la sal se impregnaba en la médula y las brújulas apuntaban a pozos más profundos que la muerte. Había visto cómo la niebla se posaba, dens...
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La lluvia golpeaba insistentemente los ventanales altos de la mansión, formando surcos de agua en los cristales graníticos y distorsionando las débiles luces del alumbrado exterior. El reloj del vestíbulo daba apenas las...
A J. V. R. G., lector de otras puertas
Las losas eran pulidas y cálidas aún bajo la caricia del atardecer. Yo, Álvaro Mejía, había aprendido, quizás demasiado pronto—tal vez con la torpeza de los reacios a enterrar cosas en la noche—que l...
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Morir es sencillo; existe algo mucho más profundo que reposar en la sombra del final. Yo soy lo negro entre los pensamientos, el pulso anegado en la nuca de los hombres cuando sueñan que olvidan. No tengo nombre. No tengo piel ni sangre, y ...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...
El mundo que conocemos apenas roza la costra superficial de un vórtice de fuerzas y presencias insondables, entidades que, en su aspecto más ínfimo, desafían cualquier tentativo de descripción o categorización. Pero mi relato no es una mera ale Leer más...
Henry Blackwell jamás fue hombre de supersticiones ni de credulidad fácil. Su posición en la Sociedad Histórica de Arkham requería una mente ordenada y analítica, pero, en el amargo otoño de 1927, una serie de acontecimientos que comenzaron en Leer más...
La primera vez que Jacob Meunier oyó algo sobre la región pantanosa al sur de Cammheim fue durante una reunión académica celebrada en la Universidad de Dorrance, a la cual asistió más por mera cortesía que por genuino interés. Recuerda el mo Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi convicci Leer más...
Había ciudades que sólo existían en ciertos mapas esotéricos, garabateados con manos temblorosas y tinta que parecía desvanecerse en la luz, como si la luz misma no soportara la verdad que esas líneas contenían. Había nombres que solo podía Leer más...
Recordaré siempre con una mezcla de repugnancia y luz atroz aquella visita, una suave tarde de mayo que me condujo hasta la decrepitud de Ingersmouth, ese villorrio dispuesto cabizbajo en las encrucijadas del desvelo y la bruma costera. No acudí po Leer más...