No fue por pasión filológica que me sumergí, en la melancolía afiebrada de París, en el estudio de aquellas ruinas moribundas del saber, sino por un impulso más sombrío y... dolorosamente humano. Escuché los nombres —Comte d’Erlette, el ...
El mar de Innsmouth nunca ha sido misericordioso, una vastedad turbia y sumida en antiguos odios, cargada de rumores, escollos olvidados y supersticiones que reptan a lo largo de la costa como una niebla densa. Todo niño nacido en las garitas de la...
Cuando al caer la noche la niebla esmeralda fluye desde las alcantarillas y repta por las hendiduras del empedrado antiguo, cuando el silencio coloniza los patios inclinados del viejo Arkham y sólo se oye la infrarrítmica respiración del río Mis...
Había leído lo suficiente –incluso diría que más de lo prudente– sobre las tierras al norte del gran desierto, donde Leng se extendía como una cicatriz de secretos en el manto vacío de la existencia. Ningún mapa fiable indicaba qué rutas...
En el bullicio avasallador de nuestra era, donde el resplandor eléctrico devora toda penumbra y la voz omnipresente de la ciencia intenta desterrar lo inexplicable, no es fácil hallar restos de las civilizaciones que existieron antes del alba de l...
Silencio. El abismo sobre la ciudad dormida parecía respirar, hinchado por los vapores febriles que exhalaba el gran desierto de lenguas muertas. Era Ulthar —o lo que los mapamundis antiguos aún llamaban Ulthar— unos siglos tras la Muerte de l...
He pasado noches en la absoluta oscuridad, donde ni siquiera los pequeños fuegos de la razón pueden calentar el centro helado de la mente. Es en esas horas cuando la coherencia parece disolverse en un caos inefable, y los horizontes del universo t...
El viento de octubre hacía vibrar los ventanales antiguos de la biblioteca de la Universidad Miskatonic aquella noche, transformando el centenario tapiz de hiedra que trepaba los muros en un monstruo agitado y nervioso. Las farolas que bordeaban Co...
El viento soplaba afilado a través de las grietas de la antigua mansión Merrick, situada al borde de un acantilado donde el Atlántico se despedazaba en negras ráfagas. Era la medianoche del 7 de febrero de 1929 cuando mi viaje a la locura comenz...
El viejo Perkins solía advertirme cuando vagábamos, años atrás, por los embarcaderos de Arkham, sobre los peligros de abrir puertas cuyo propósito ni siquiera comprendían las ratas que huían de sus profundidades. “Nada es más traicionero q...
Nunca he sabido exactamente cuándo comenzó mi obsesión, y sin embargo, hay noches en que incluso el recuerdo de mi infancia parece saturado de las mismas sombras que, mucho más tarde, arruinaron para siempre las fronteras de mi mente. Quizás fu...
No sé con certeza en qué momento comencé a temer la pronunciación del nombre de Yog-Sothoth. Tal vez fue durante aquellas noches truculentas en la biblioteca polvorienta de la Universidad de Miskatonic, bajo la tenebrosa tutela del profesor Wilb...
La carta de mi viejo colega, Harold Meirson, llegó en el tercer mes del tórrido verano, sellada con una laca tan oscura como para prometer secretos inconfesables. “Querido Allan”, decía, “he divisado una extraña configuración de dunas en ...
El solsticio de verano llegó al pueblo de Carfax envuelto en vaporosos jirones de niebla. A esas alturas del año, los días se arrastraban en una languidez asfixiante mientras la humedad, agria y constante, se deslizaba desde la espesura hacia las...
La bruma de Arkham, cargada siempre de presagios y de ese inacabable peso de historias no relatadas, tiñó la noche de un gris sucio en aquel equinoccio de otoño. Sobre la explanada mojada de la Universidad de Miskatonic, los pasos de Thaddeus Ken...
Respondí al telegrama de mi primo Edwin Trask en la madrugada de un inclemente 14 de noviembre, acosado por un viento sibilante que parecía recorrer cada hendedura de la albañilería gótica de mi inmueble familiar en Arkham. La misiva, cuyas pal...
La noche se derramaba como una marea viscosa sobre la ciudad de Arkham, enlutando los tejados y retorciendo las calles entre vapores mustios de podredumbre y opresión. En la antigua misión, de piedra erosionada y vitrales que gemían con el viento...
Toda mi vida, la cual podría decirse raída y desgajada por los espectros de la memoria, ha estado marcada por inexplicables presagios de algo más allá de lo racional. Siempre supe, de alguna retorcida forma, que mis pasos estaban destinados a cr...
Mi apreciado Edward:
Le ruego que lea esta carta en un lugar iluminado, lejos de la soledad de la noche. No puedo responder de las consecuencias si lo hace en la sombra o si deja predominar la quietud en el fondo de su estudio. Permítame también ...
No sabría decir con exactitud cuándo comenzó aquel extraño episodio de mi vida, ni puedo pretender hallar lógica en los acontecimientos que a continuación trataré de relatar. Todo lo que poseo, estimado lector, es el confuso hilo de mis recue...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...
El mundo que conocemos apenas roza la costra superficial de un vórtice de fuerzas y presencias insondables, entidades que, en su aspecto más ínfimo, desafían cualquier tentativo de descripción o categorización. Pero mi relato no es una mera ale Leer más...
Henry Blackwell jamás fue hombre de supersticiones ni de credulidad fácil. Su posición en la Sociedad Histórica de Arkham requería una mente ordenada y analítica, pero, en el amargo otoño de 1927, una serie de acontecimientos que comenzaron en Leer más...
La primera vez que Jacob Meunier oyó algo sobre la región pantanosa al sur de Cammheim fue durante una reunión académica celebrada en la Universidad de Dorrance, a la cual asistió más por mera cortesía que por genuino interés. Recuerda el mo Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi convicci Leer más...
Había ciudades que sólo existían en ciertos mapas esotéricos, garabateados con manos temblorosas y tinta que parecía desvanecerse en la luz, como si la luz misma no soportara la verdad que esas líneas contenían. Había nombres que solo podía Leer más...
Recordaré siempre con una mezcla de repugnancia y luz atroz aquella visita, una suave tarde de mayo que me condujo hasta la decrepitud de Ingersmouth, ese villorrio dispuesto cabizbajo en las encrucijadas del desvelo y la bruma costera. No acudí po Leer más...