En las postrimerías del otoño de 1926, llegué al pequeño y olvidado pueblo de Valladolid, situado en el último confín del sureste mexicano, acuciado por una doble urgencia: buscar las huellas de mi abuelo materno, sobre el que sólo había rum...
Había aprendido a auscultar los silencios desde mi niñez, siglo y medio atrás, desterrando a empellones el temor del hombre común por la quietud. Pero cuando “La Sociedad Esotérica de los Hermanos del Signo Amarillo” me invitó a su retiro ...
Te contaré un relato cuya sola remembranza me llena de un frío tan penetrante que las palabras apenas acuden a mis labios, áridas y vacilantes. Lo hago no como advertencia ―sé bien que quienes escuchan los ecos del Rey Amarillo ya no encuentra...
En la devastadora soledad de las primeras décadas del siglo XX, existen paisajes en la geografía humana que demasiado pronto son abandonados al olvido, traicionando la helada vigilia del pasado. Oakwood, un pueblo al oeste de Arkham, era exactamen...
Cuando los hombres cruzaron por primera vez el límite que marcaba el contorno de su mundo, ya no lo hicieron como exploradores, sino como fugitivos. Las placas tectónicas, once veces vueltas del revés bajo el peso de más siglos que civilizacione...
Cuando me dispuse a transcribir los peculiares fragmentos obtenidos por el Dr. Ambrose White en las ruinas de Celaeno, jamás pensé que las palabras que mi pluma volcaba sobre el amarillento papel serían la última frontera entre la cordura y el a...
***
Querido lector de estos fragmentos,
Quienquiera que abandones la luz para descender a la lúgubre profundidad de estas líneas, te advierto: lo que vas a leer son trozos de una conciencia desgarrada, espigas y astillas de un hombre que fue, y...
En el crepúsculo de mi vida, cuando los días parecían disiparse entre la neblina amarga del recuerdo y la resignación de la rutina, recibí la invitación. Era una noche de invierno en Providence, y los vientos recorrían las calles como lamento...
Nadie, salvo los que han perdido la razón, se aventura a explorar los extremos del mundo. Yo no era un loco —al menos, no al salir de Boston rumbo a la ignota isla de Kerguelen—, aunque la salud de mi raciocinio, ahora que escribo estas líneas...
A través de las monótonas planicies de Dunwich y por sendas olvidadas apenas discernibles aún bajo la luz de un menguante cuarto de luna, extravié mi razón entre los brumosos recuerdos de una ciudad suspendida a medias entre la vigilia y la pes...
—
La torre del reloj de Ashcombe retumbaba en la lejanía, con aquella cadencia fúnebre tan familiar a todos los habitantes del distrito, pero aquella noche el eco parecía extenderse más allá del velo de niebla que envolvía la ciudad. Era ...
Durante los días pesados de aquel verano inclemente en el que las llamaradas del sol abrían grietas hasta en el asfalto de la cuna misma de la civilización, un desarrollador autónomo llamado Manuel Rivas sintió, sin motivo aparente, que cada l...
Era una noche honda y malsana, henchida de presagios telúricos y resonantes mareas invisibles, cuando el Dr. Lionel Cartwright, arqueólogo de misterios, se aventuró hacia las ruinas sepultadas bajo las colinas de Estenfeld, una región donde el ti...
I
Recuerdo perfectamente la noche en que decidí adquirir el grimorio infame conocido como El Libro de Eibon, y aunque muchos eruditos han tachado mi búsqueda de la más ruin insensatez, aún insisto que fue mi afán de descubrir la verdad lo que ...
Era el mes de octubre en Dunwich, y la podredumbre otoñal, con sus brumas densas y olor a tierra húmeda, se desplegaba sobre las colinas desiguales que hacían de aquella región un páramo casi deshabitado. Conocía el lugar solo por sus leyendas...
Cuando, en la melancolía de la primavera de 1925, recibí de mi tío Rupert la llave de la rectoría ancestral de Arkham, creí estar entre los redimidos de la peste moderna: la vida recobrada en provincias, lejos del hedor mecánico de Boston y su...
Nunca he sentido una tentación tan atroz como la de contar este relato, aunque temo que al ponerlo en palabra reviviré los horrores que acompañan a su memoria. Todo lo ocurrido —aunque más de uno me recomendaría buscar consuelo en la incredul...
Han transcurrido largos años desde que el nombre de Amirah fue pronunciado entre los vivos. En la penumbra de mi estudio en Arkham, sólo la titilante luz de la lámpara a gas parecía prestarse a la confidencia de mis desvaríos. He decidido reuni...
En el borde de Kingsport, donde los acantilados se desgarran en abruptos colmillos sobre el Atlántico y la bruma se arrastra al anochecer como una serpiente sin fin, se encontraba la casucha olvidada de Obed Marsh. Reconstruída tras un curioso inc...
Hace ya diez años que el nombre de Blake Wilcott desapareció de la lipsa de aquellos que, acaso por amistad o simple corrección social, acostumbraban frecuentar su compañía. Incluso en Arkham –donde casi todo puede ser creído, y donde los re...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Nunca he sido dado a la superstición ni a la credulidad. Debo insistir en este punto, ya que los hechos que pretendo relatar, con pleno conocimiento del escarnio y la acusación de locura que sin duda atraerán, son de una naturaleza tan francamente Leer más...
El mundo que conocemos apenas roza la costra superficial de un vórtice de fuerzas y presencias insondables, entidades que, en su aspecto más ínfimo, desafían cualquier tentativo de descripción o categorización. Pero mi relato no es una mera ale Leer más...
Henry Blackwell jamás fue hombre de supersticiones ni de credulidad fácil. Su posición en la Sociedad Histórica de Arkham requería una mente ordenada y analítica, pero, en el amargo otoño de 1927, una serie de acontecimientos que comenzaron en Leer más...
La primera vez que Jacob Meunier oyó algo sobre la región pantanosa al sur de Cammheim fue durante una reunión académica celebrada en la Universidad de Dorrance, a la cual asistió más por mera cortesía que por genuino interés. Recuerda el mo Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi convicci Leer más...
Había ciudades que sólo existían en ciertos mapas esotéricos, garabateados con manos temblorosas y tinta que parecía desvanecerse en la luz, como si la luz misma no soportara la verdad que esas líneas contenían. Había nombres que solo podía Leer más...
Recordaré siempre con una mezcla de repugnancia y luz atroz aquella visita, una suave tarde de mayo que me condujo hasta la decrepitud de Ingersmouth, ese villorrio dispuesto cabizbajo en las encrucijadas del desvelo y la bruma costera. No acudí po Leer más...