De niño, escuché a mi abuelo balbucear, en aquellas noches de tormenta furiosa, leyendas que no eran para oídos jóvenes. Historias de lugares que no figuraban en ningún mapa natural, regiones cuya existencia parecía traicionar los límites de ...
Nunca olvidaré aquella velada en la que los portentos del olvido se manifestaron ante mis ojos, y juro que no lo haría siquiera si la razón se me fuera deshaciendo lentamente como la escarcha al sol letal de las regiones polares. Fue hace ya año...
A menudo he dudado en relatar la experiencia que viví en Kingsport durante el último diciembre, un mes fatídico donde los vientos soplan entre las viejas tejas y danzan inquietos sobre el puerto negro de algas y misterios. El tiempo que pasé all...
Tenía yo la costumbre malsana, como tantos en mi atribulado linaje, de inmiscuirme en los libros prohibidos que residen en los rincones cajones y estantes negados al ojo cotidiano, y fue en el invierno de mi cuarentaavo año, cuando el viento asola...
El vapor barría la escollera del puerto de Innsmouth con una tenacidad antinatural, deshilachando la neblina como si ésta, en vez de estar compuesta de aire y agua, fuese una red de dedos fantasmales que intentaran aferrarse a cada grieta de las c...
Había visto amaneceres en lugares que, según los mapas, jamás había existido. Como buen profesor de historia antigua, me había hecho a la idea de que el mundo era un vasto tapiz de cosas olvidadas, y que las civilizaciones perdidas, los lugares...
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Las tierras de Leng son el delirio de cartógrafos cuerdos y el ansia susurrante de cualquier mente sensible. No hay brújula que marque el curso, y ningún sol que oriente los días. Y sin embargo, cada ciclo, los leprosos errantes cruzan los ...
Kingsport, con sus callejones laberínticos, sus casas encaramadas sobre la colina y la inquietante serenidad del Atlántico, es uno de esos lugares que respira antigüedad y, a su manera, sutil perversidad. No me es ajeno; la sangre de mis ancestros...
Nunca, bajo ninguna circunstancia, regresaré a la ciudad que yace bajo tres lunas muertas, allí donde las sombras crecen y los cuerpos se encogen al ver la forma de lo que acecha. Y sin embargo, al escribir estas líneas, la urgente vibración en ...
Recuerdo las palabras de mi colega, el profesor Hensley, mientras el tren traqueteaba por el descuidado ramal que lleva a Innsmouth: “Hay cosas que no deben buscarse, mi estimado Creighton. Algunas ciudades deberían quedarse ahí, en los márgene...
El guardián de la colina negra
Habían pasado muchos años desde que los Whateley abandonaron la granja en la colina, pero en Dunwich la memoria es larga y los rumores se aferran como la niebla que baja por los valles cada atardecer. Era verano cu...
Era una noche de los vientos más inclementes que la primavera trajo a Arkham, uno de esos ocasos en que ni los perros se atreven a ladrar en los callejones y la lluvia parece un lamento distante de cañerías rotas. Yo, Crispin Atherholt, acababa d...
La lámpara de aceite jadeaba con su última gota y, en la penumbra del gabinete forrado de tomos infectos, Avery Mullins leía. La oscuridad de la noche de Arkham le martilleaba las costillas como un tenedor ansioso. Los tejados agudos de la ciudad...
El frío era más profundo que el hielo. Daba la impresión de formar parte de la misma sustancia de Yuggoth, el planeta bastardo que algunos en la Tierra llamaban Plutón y otros, menos afortunados, preferían no nombrar en absoluto. Yo aún recuer...
El vapor caía denso en la noche más allá del observatorio de Valle Sanctum, donde las noches de invierno parecían tragarse la escasa luz que el hombre se obstinaba en arrojarle a un cosmos que nunca respondía. Daniel Mercer, ingeniero eléctric...
Era una noche sin luna, tan oscura que el horizonte del Pacífico parecía tragarse el reflejo de cualquier esperanza. En la bodega húmeda del “Intrepid”, un carguero maltrecho con tripulación de mala reputación, Ulises Vilect recorría la li...
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Las olas se agitaban con una furia antinatural aquella noche, espumosas y gruesas, arremetiendo una y otra vez contra el maltrecho costado del “Black Narwhal”. El navío, un arrastrero canadiense que en tiempos prósperos había surcado el ...
Me veo, mientras transcribo este perturbador relato bajo la vacilante luz de una lámpara gastada, en la disyuntiva ética de advertir al lector. Lo hago ante la certeza de que nada puede prepararnos para las revelaciones ocultas en los rincon...
Nunca habrá un lenguaje humano capaz de esbozar, ni siquiera burdamente, el verdadero aspecto de la Llanura de Leng, ese páramo prehumano, envuelto bajo soles muertos y brumas irisadas, donde el tiempo se repliega como un animal herido entre la ni...
Nunca he sentido hacia ningún sitio ese miedo primitivo y opresivo que me asaltó la vez que, impelido por circunstancias desgraciadamente prosaicas, hube de pasar tres días y dos noches en Kingsport, ese decaído pueblo costero que muchos aún co...
A quien pueda concernir, ojalá mis palabras no sean más que las balbuceantes cavilaciones de una mente desgastada por el insomnio y la desesperación, pues no pretendo que ni un alma sensata crea en la veracidad de los hechos que aquí transcribirà Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi conviccià Leer más...
No existe en Massachusetts paraje más innombrable y pernicioso que Dunwich. Así escapó llamar la atención de los cartógrafos y, durante el apogeo de la vida rural, incluso de algún viajero accidental. Mi llegada a Dunwich, empujado por la curio Leer más...
Hay una perversión ancestral en la curva de la costa, en cómo la niebla se desliza hacia el pueblo y lame con dedos fríos los ventanales velludos de algas y las farolas varadas de salitre. Pido disculpas por la digresión, pero es importante enten Leer más...
Kadath se alza sosegada ante la noche perpetua, tan quieta como una criatura que sueña. Cuando la luna doble surge, tras las torres ensortijadas como garras de un monstruo antediluviano, la ciudad escupe sombras líquidas y niebla densa desde la ven Leer más...
La niebla nació temprano ese jueves, engullendo Kingsport bajo su manto blanco y frío. El Atlántico rugía al otro lado de la bahía, pero el sonido se acuchillaba contra el muro, y la ciudad solo podía escuchar el retumbar amortiguado. Así habà Leer más...
Era al oeste de todos los mapas, en la vasta y desolada planicie de Leng, donde la soledad y el silbido del viento componían una música que sólo podía surgir del mundo anterior al recuerdo de los hombres. Durante edades innombrables, los dioses y Leer más...
1. El Despertar del Ahogado.
En los estertores finales de un febril verano, viajé hacia el suroeste del Pacífico bajo un pretexto académico —quizá despreciable a ojos de mis pares— sobre las migraciones polinesias en islas desaparecidas. No Leer más...
Había noches en Arkham en las que el silbido del viento traía consigo lamentos desconocidos a través de las rendijas de la lúgubre biblioteca Miskatónica. Como viejos libros, las palabras perdidas flotaban sobre el vaho persistente de las ribera Leer más...