Todos los sabios de la decadente Celephais coinciden en que la senda de los sueños tiene final incierto, que cruzar el umbral entre mundos es pacto y condena, y aun así, cuando los vientos gimen por la bahía de grimorios, hay quienes eligen ignor...
I
Permítaseme la indulgencia de este testimonio, que a tantos parecerá locura y a muy pocos advertencia. Me atrevo a confiar el relato a estas páginas, con la última esperanza de que la verdad, aunque recubierta de absurdidad y de blasfemia, en...
Desde la ventana del desvencijado desván del viejo solar Watley, las colinas de Dunwich se extendían bajo un cielo ocre y malsano, como si un hálito de podredumbre iba surgiendo de la misma tierra. Era allí, tras meses de cartas inquietantes y n...
Hay cosas que mejor sería no desenterrar, y sin embargo la curiosidad —esa oscura pasión que impulsa a los hombres de ciencia a traspasar umbrales sellados por la cordura— termina siempre por prevalecer. Tal fue el caso aquella ominosa primave...
Las brumas perpetuas de Yuggoth no albergan secretos amables para mente alguna cuya conciencia haya bebido tan sólo una gota de sustancias terrenales. De todas las sendas que conducen a parajes insalubres y baldíos más allá de la esfera azul per...
En el ocaso de aquellos meses malsanos, cuando el viento de lo desconocido cruzaba las aguas estancadas del Pacífico, los hombres de mar preferían callar al mencionar la funesta bajamar donde, dicen, yacía la ciudad oculta. R’lyeh, no sólo rui...
El silencio era casi absoluto en la terraza occidental de la casa N’ghash, allí donde los campos se volvían polvo y raíces muertas bajo un cielo siempre encapotado. Había viajado por muchos parajes de la Tierra, rozando con avidez los límites...
Nunca me había creído supersticioso, al menos no como esos necios de la universidad que presumen del raciocinio occidental hasta que la medianoche y la soledad les muestran su verdadero rostro. No obstante, tras aquello que testifiqué en las yerm...
Uno aprende, con los años y el lento desgaste del espíritu, a no confiar en la quietud overcast de Kingsport. Las colinas y los promontorios escarpados que custodian el pueblo como cuevas abiertas a la bruma parecen más angustiados los domingos, ...
Sabed, empero, que sólo los insensatos ignoran los peligros del hielo perpetuo. Fue en la primavera, entre los últimos retazos de nieve que manchan los altos páramos como jirones de un sueño olvidado, cuando mis pasos y mi hambre de saber me lle...
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Cuando el pálido tren atraviesa las ruinas del Este a la hora maldita—ni noche ni tarde aún—la brisa sobre los marjales sólo trae, ante los forasteros valientes, silencio y olor a sal petrificada. Pocos, por decir ninguno, bajan en la es...
Era el mes de octubre en Dunwich, y la podredumbre otoñal, con sus brumas densas y olor a tierra húmeda, se desplegaba sobre las colinas desiguales que hacían de aquella región un páramo casi deshabitado. Conocía el lugar solo por sus leyendas...
El viento de octubre hacía vibrar los ventanales antiguos de la biblioteca de la Universidad Miskatonic aquella noche, transformando el centenario tapiz de hiedra que trepaba los muros en un monstruo agitado y nervioso. Las farolas que bordeaban Co...
Nunca he sabido exactamente cuándo comenzó mi obsesión, y sin embargo, hay noches en que incluso el recuerdo de mi infancia parece saturado de las mismas sombras que, mucho más tarde, arruinaron para siempre las fronteras de mi mente. Quizás fu...
Toda mi vida, la cual podría decirse raída y desgajada por los espectros de la memoria, ha estado marcada por inexplicables presagios de algo más allá de lo racional. Siempre supe, de alguna retorcida forma, que mis pasos estaban destinados a cr...
A quien pueda concernir, ojalá mis palabras no sean más que las balbuceantes cavilaciones de una mente desgastada por el insomnio y la desesperación, pues no pretendo que ni un alma sensata crea en la veracidad de los hechos que aquí transcribirà Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi conviccià Leer más...
No existe en Massachusetts paraje más innombrable y pernicioso que Dunwich. Así escapó llamar la atención de los cartógrafos y, durante el apogeo de la vida rural, incluso de algún viajero accidental. Mi llegada a Dunwich, empujado por la curio Leer más...
Hay una perversión ancestral en la curva de la costa, en cómo la niebla se desliza hacia el pueblo y lame con dedos fríos los ventanales velludos de algas y las farolas varadas de salitre. Pido disculpas por la digresión, pero es importante enten Leer más...
Kadath se alza sosegada ante la noche perpetua, tan quieta como una criatura que sueña. Cuando la luna doble surge, tras las torres ensortijadas como garras de un monstruo antediluviano, la ciudad escupe sombras líquidas y niebla densa desde la ven Leer más...
La niebla nació temprano ese jueves, engullendo Kingsport bajo su manto blanco y frío. El Atlántico rugía al otro lado de la bahía, pero el sonido se acuchillaba contra el muro, y la ciudad solo podía escuchar el retumbar amortiguado. Así habà Leer más...
Era al oeste de todos los mapas, en la vasta y desolada planicie de Leng, donde la soledad y el silbido del viento componían una música que sólo podía surgir del mundo anterior al recuerdo de los hombres. Durante edades innombrables, los dioses y Leer más...
1. El Despertar del Ahogado.
En los estertores finales de un febril verano, viajé hacia el suroeste del Pacífico bajo un pretexto académico —quizá despreciable a ojos de mis pares— sobre las migraciones polinesias en islas desaparecidas. No Leer más...
Había noches en Arkham en las que el silbido del viento traía consigo lamentos desconocidos a través de las rendijas de la lúgubre biblioteca Miskatónica. Como viejos libros, las palabras perdidas flotaban sobre el vaho persistente de las ribera Leer más...