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Han pasado los siglos como un cometa enfermizo desde mis primeras lecturas de los saberes prohibidos, y las cicatrices del saber continúan ardiendo en mi carne. A aquellos que les apetece la luz de libros ortodoxos y doctrinas santificadas, la...
Dije que me había propuesto no volver a frecuentar la región más oscura de mis sueños y, aun así, ¿acaso mis propósitos valen más que el canto de los gusanos en cuanto las estrellas comienzan a menearse inquietas en el firmamento de mediana ...
Capítulo 6: El último vestigio de Luz Oscura
UNO.
No existe el despertar, sólo la sucesión de habitaciones concéntricas, cada una más inhóspita para la mente humana que la anterior. La conciencia de Samuel Herrick se abre en mil umbrales: re...
Desde que puedo recordar, el mar ha sido un umbral para mí, un presagio oscuro del todo prohibido. Me llamo Charles Bretherton y he pasado los últimos treinta años intentando olvidar lo que experimenté en las tierras que no deberían ser, en el ...
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Las noches de niebla en Altamarea, la villa marina en ruinas encaramada sobre una franja de roca negra y océano informe, distorsionaban el tiempo y el espacio, pero nadie podía dejar de contemplarlas cuando el susurro comenzaba. Ese susurro d...
Deberías preguntarme cómo y por qué terminé en aquella emboscada de pesadilla, entre paredes de geometría imposible y vapores verdes que lo corroían todo. Pero ni yo mismo podría responderte con certeza, salvo tal vez las palabras demoníacas...
Capítulo 5: El portal de la Memoria Fragmentada
UNO. UMBRALES ENTRE REALIDADES
No hay comienzo, sólo una hilera de transiciones—filamentos mentales emergiendo, desenredándose y reanudando conexiones en la penumbra coral de la conciencia Mi-Go...
Capítulo 4: Los Mi-Go y la simbiosis forzada
Uno.
No hubo transición. El fin de la biblioteca no fue salida ni epifanía, sino la sensación de haberse fundido con una vastedad de conciencia ajena a cualquier lógica humana. Herrick no recordaba ...
Capítulo 3: La Biblioteca de la Mirada Infinita
La entrada a la biblioteca fue un descenso y una ascensión simultáneos: la topografía de Yuggoth carecía de coherencia, y todo espacio transgredía las nociones terráqueas de dentro o fuera. Los ...
Capítulo 2: Ecos en la Calarina de Cristal
Durante las primeras horas tras el asentamiento, el Polo Negro desplegó su dominio en los cuerpos y las psiques de los expedicionarios. El aire, si podía llamarse así a aquel fluido helado que vibraba d...
Capítulo 1: La llegada al Polo Negro
Año 1927, a las afueras de Arkham, Nueva Inglaterra. La niebla de una madrugada perpetuamente húmeda y gris se espesaba bajo los ventanales cerrados del observatorio Lowell, confiriendo al edificio una atmósf...
Fue Isolde la primera en notar el extraño temblor bajo sus pies, una vibración que les subía por las piernas como el tañido de una campana lejana. El acceso, tallado entre placas de roca negra y rodeado de símbolos que recordarían vagamente a ...
Aun en las noches más tranquilas de verano, cuando el mundo parece haberse fundido en la quietud líquida del universo, hay aquellos cuyo palpitar late en sincronía con lugares que ninguna brújula señala. Estos lugares —tan antiguos que la mem...
I
Los hombres, a menudo —acaso por temor a su propia insignificancia— piensan que ciertos lugares del mundo no deberían ser hollados, ni por el pie ansioso del explorador ni por la mirada inquieta del soñador. Esos lugares se revisten de leye...
Jamás debí confiar en Eveleigh. Lo supe en cuanto abrió aquel delgado portafolio de cuero negro y dejó desparramar sobre mi mesa los mapas de la Llanura de Leng, junto a un croquis tosco de piedras ciclópeas y una fotografía en sepia de una cr...
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La Llanura de Leng, aunque conocida en los círculos más turbios de los eruditos, sigue siendo un nombre apenas un susurro en los sueños febriles de quienes aún valoran la vida y la cordura. Se halla en la intersección de varios mundos, y q...
Yo me encontraba acurrucado bajo el último techo recio de la provincia de Zarthis, en las mismísimas fronteras que se asoman y desmoronan hacia la Llanura de Leng. No puedo decir con qué propósito real llegué ahí, más allá de una insaciable ...
Era en Kingsport, y era medianoche, o algo peor que medianoche. Porque a veces, en esa costa lavado de sueños, el tiempo se comporta como la marea: retirándose en jirones y regresando con visiones irreales adheridas a su espuma. Y lo que ocurrió ...
La luna, gibosa y grotesca, exploraba con sus garras de luz los recovecos más secretos de la vasta y dormida Kadath, esa ciudad que, me aseguraron, solo puede hallar quien de verdad no la busca. De los muchos relatos que surgen en torno a sus torre...
Las olas entonaban su lamento, y la niebla descendía, viscosa, sobre las maderas ruinadas del puerto de Innsmouth, como una mortaja. Era una noche que olía a algas podridas y a sal entaponada en las cerraduras por el tiempo. Cuando llegué a esa l...
A quien pueda concernir, ojalá mis palabras no sean más que las balbuceantes cavilaciones de una mente desgastada por el insomnio y la desesperación, pues no pretendo que ni un alma sensata crea en la veracidad de los hechos que aquí transcribirà Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi conviccià Leer más...
No existe en Massachusetts paraje más innombrable y pernicioso que Dunwich. Así escapó llamar la atención de los cartógrafos y, durante el apogeo de la vida rural, incluso de algún viajero accidental. Mi llegada a Dunwich, empujado por la curio Leer más...
Hay una perversión ancestral en la curva de la costa, en cómo la niebla se desliza hacia el pueblo y lame con dedos fríos los ventanales velludos de algas y las farolas varadas de salitre. Pido disculpas por la digresión, pero es importante enten Leer más...
Kadath se alza sosegada ante la noche perpetua, tan quieta como una criatura que sueña. Cuando la luna doble surge, tras las torres ensortijadas como garras de un monstruo antediluviano, la ciudad escupe sombras líquidas y niebla densa desde la ven Leer más...
La niebla nació temprano ese jueves, engullendo Kingsport bajo su manto blanco y frío. El Atlántico rugía al otro lado de la bahía, pero el sonido se acuchillaba contra el muro, y la ciudad solo podía escuchar el retumbar amortiguado. Así habà Leer más...
Era al oeste de todos los mapas, en la vasta y desolada planicie de Leng, donde la soledad y el silbido del viento componían una música que sólo podía surgir del mundo anterior al recuerdo de los hombres. Durante edades innombrables, los dioses y Leer más...
1. El Despertar del Ahogado.
En los estertores finales de un febril verano, viajé hacia el suroeste del Pacífico bajo un pretexto académico —quizá despreciable a ojos de mis pares— sobre las migraciones polinesias en islas desaparecidas. No Leer más...
Había noches en Arkham en las que el silbido del viento traía consigo lamentos desconocidos a través de las rendijas de la lúgubre biblioteca Miskatónica. Como viejos libros, las palabras perdidas flotaban sobre el vaho persistente de las ribera Leer más...