Había experimentado antes el miedo, si, pero siempre había descubierto en él una suerte de cordialidad disciplinaria, como la que inflige la rígida vara sobre los hombros de un niño rebelde. El terror de la infancia, del olvido y de la soledad,...
La noche había caído sobre Arkham como una losa de mármol sobre un recién enterrado. Las farolas chisporroteaban bajo la llovizna constante, y los charcos devolvían reflejos deformes de las caras de los pocos que aún pisaban las aceras cubiert...
Hay noches —noches raras, bárbaras, invertidas— en las que los ojos se niegan a cerrarse cuando la conciencia lo exige. Noches enormes, trizadas de ecos y zumos de pesadilla; noches que parecen recordar algo, casi como si una mente, o muchas, d...
El viento no soplaba en torno a la barcaza; en aquella extensión de mar sordo y aceitoso solo flotaba el rumor de la propia carne, de la conciencia colapsando en la ausencia de todo, salvo el balanceo casi letal, hipnótico, que podía llevar a la ...
La Devastación de los Valles del Sueño
I.
Atravesar la pasarela luminosa que separaba Carcosa de los Valles del Sueño, para Nathaniel Orme y sus compañeros, fue como caer al abismo en cámara lenta. No quedaba ya nada de la linealidad de la vig...
Carcosa: La Máscara de la Desesperación
I.
El crepúsculo que recibía a Nathaniel Orme y a sus compañeros, exhaustos tras abandonar el laberinto de Celephaïs, no era como los atardeceres de ninguna realidad anterior. Una luz sulfúrea, más do...
El océano es una religión, y de todas sus iglesias, R’lyeh es la más perversa.
Crecí para comprender las aguas como un lenguaje: oleaje por sílaba, abismo como pausa, presión como sentencia final. Mi encierro en el hospital costero de Arkha...
El Laberinto de Celephaïs
I.
El tránsito de Ulthar a Celephaïs fue, para Nathaniel Orme y su reducida comitiva, menos un desplazamiento físico que un naufragio progresivo de la identidad. Todo rastro de aquello que pudiera considerarse realidad...
Recuerdo la noche en que los mapas se corrompieron y el mundo se abrió como una costra supurante. Hay nombres prohibidos, exhalados como un resfriado en invierno. Lugares por los que la geografía se desliza, tiemblan agujas de brújulas, y hasta l...
Ulthar y el Misterio de los Gatos Vigilantes
I.
El camino que les marcó el gato —gris y jaspeado, de ojos como carbones bruñidos— se desplegaba al margen de todas las rutas humanas conocidas. Para Nathaniel Orme y su grupo, Arkham se desvanec...
Había caminado durante tres días a través de la llanura. Así lo decía mi diario, aunque las fechas y las marcas de tiempo estaban escritas con una mano que cada vez temblaba más. El sol parecía un ojo ciego sobre un mar blanco, y ni las nubes...
La niebla se cernía sobre Kingsport como una mortaja mientras Harlan Dyson ascendía la ladera rocosa, alejándose del resplandor mortecino de los faroles del viejo muelle. Eran casi las dos de la mañana y la brisa traía consigo el salitre coster...
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Había algo pasar en Cedryn, aunque nadie en la villa de los peinadores de sombras supiera definirlo. Los sueños habían comenzado su rebelión de silencios, y los caminantes nocturnos regresaban a casa con marcas frescas o con el nombre propi...
La noche en que Philip Marlowe llegó a Innsmouth, las calles estaban saturadas de niebla y un hedor a salmuera antigua, tan denso y podrido como los rumores que arrastraban los rieles desde Arkham sobre ese pedazo de mundo. Los faroles—escasos, o...
[capitulo_2]Arkham: Ecos en la Ciudad Prohibida
I.
El tren que llevaba a Nathaniel Orme y su menguado grupo de vuelta a Arkham serpenteaba bajo un cielo bajo y plomizo. En el vagón, las ventanas empañadas devolvían reflejos deformados que parecÃ...
Las Ruinas de Leng
I.
Nada en los años de ardua labor y estudio podía haber preparado a Nathaniel Orme para la noche en que el manuscrito llegó a su puerta. Era un invierno muerto en Arkham, encajonado entre ríos helados y ramas negras en forma...
Permítaseme advertir al lector rigurosamente científico: si espera discutir aquí las leyes familiares de la física y la biología, quedará defraudado. No habrá explicaciones en términos meramente del saber humano, porque la historia que a con...
No es extraño en las comarcas humildes de Nueva Inglaterra que la noche adquiera una curiosa densidad, una pesadez etérea que parece agazaparse sobre los tejados mal trechos. Sin embargo, jamás aprendí a temer de modo tan visceral a la oscuridad...
La noche en la que Gresham Benton llegó a Yuggoth, el planeta se elevaba sobre su eje de hielo, proyectando sombras agónicas sobre las ciudades hinchadas de los Mi-Go. Eran pozos recovecudos y húmedos, en cuya negrura la lógica humana naufragaba...
La tormenta no anunciada desató su furia sobre el pontón de acero del Kaithem, una nave de recolección científica que ya llevaba semanas navegando en torno a las coordenadas prohibidas del Pacífico Sur. Los cielos se habían oscurecido súbitam...
A quien pueda concernir, ojalá mis palabras no sean más que las balbuceantes cavilaciones de una mente desgastada por el insomnio y la desesperación, pues no pretendo que ni un alma sensata crea en la veracidad de los hechos que aquí transcribirà Leer más...
En la primavera de 1928, fui testigo en Arkham de fenómenos cuya memoria aún marchita mis noches como una brisa calcina la flor de la juventud. Pocos, creo, entenderán lo atroz de lo que vi en aquellos días, y menos aún compartirán mi conviccià Leer más...
No existe en Massachusetts paraje más innombrable y pernicioso que Dunwich. Así escapó llamar la atención de los cartógrafos y, durante el apogeo de la vida rural, incluso de algún viajero accidental. Mi llegada a Dunwich, empujado por la curio Leer más...
Hay una perversión ancestral en la curva de la costa, en cómo la niebla se desliza hacia el pueblo y lame con dedos fríos los ventanales velludos de algas y las farolas varadas de salitre. Pido disculpas por la digresión, pero es importante enten Leer más...
Kadath se alza sosegada ante la noche perpetua, tan quieta como una criatura que sueña. Cuando la luna doble surge, tras las torres ensortijadas como garras de un monstruo antediluviano, la ciudad escupe sombras líquidas y niebla densa desde la ven Leer más...
La niebla nació temprano ese jueves, engullendo Kingsport bajo su manto blanco y frío. El Atlántico rugía al otro lado de la bahía, pero el sonido se acuchillaba contra el muro, y la ciudad solo podía escuchar el retumbar amortiguado. Así habà Leer más...
Era al oeste de todos los mapas, en la vasta y desolada planicie de Leng, donde la soledad y el silbido del viento componían una música que sólo podía surgir del mundo anterior al recuerdo de los hombres. Durante edades innombrables, los dioses y Leer más...
1. El Despertar del Ahogado.
En los estertores finales de un febril verano, viajé hacia el suroeste del Pacífico bajo un pretexto académico —quizá despreciable a ojos de mis pares— sobre las migraciones polinesias en islas desaparecidas. No Leer más...
Había noches en Arkham en las que el silbido del viento traía consigo lamentos desconocidos a través de las rendijas de la lúgubre biblioteca Miskatónica. Como viejos libros, las palabras perdidas flotaban sobre el vaho persistente de las ribera Leer más...