Las tierras de Leng no existían en ningún mapa. Amparadas por tormentas perpetuas y nieblas planchadas sobre la hierba hasta la altura de las rodillas, a veces decían los pastores que, si poseían la paciencia necesaria, embriagados primero por a...
El Capitán Tiso había navegado mares de mil nombres y mil mentiras, de costas rotas, de estuarios donde la sal se impregnaba en la médula y las brújulas apuntaban a pozos más profundos que la muerte. Había visto cómo la niebla se posaba, dens...
El tren atravesaba la tundra como un gusano negro e indeseado. Hacía mucho que Vassil no salía de San Petersburgo, y la vastedad de Siberia era tan ajena a su vida en la ciudad como el fondo del mar a una rata de alcantarilla. La ventisca martilla...
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Mi nombre es Morgan Wraye, y estaba convencido, antes de aquel invierno, de que el demonio sólo era un nombre vago para el mal que el hombre inflige a sus semejantes. Había dejado atrás los pinos lóbregos de Cascade y las minas sangrientas ...
La tormenta se había desatado sobre la aldea costera con una furia que no recordaban ni los más viejos. El mar rugía y vomitaba su espuma negra a más allá de lo que los escasos faros podían calar, sobre el muelle, los barcos balleneros reventa...
Las montañas llegaban de golpe, colosales y neutras, los picos hundidos en nubarrones perpetuos que, al atardecer, se teñían de un negro violáceo. Durante el verano, el sendero de grava se cubría de hongos salpicados de escarcha. Un rumor de ag...
El camión de mudanzas avanzaba lento mientras afuera el sol se desleía sobre el asfalto. La familia Manzano miraba el paisaje pesaroso, casi letárgico, mientras se alejaban de la ciudad. Julia, la madre, era tan delgada que el cinturón de su blu...
El viento de noviembre azotaba las callejuelas de Providence, levantando lonas raídas y haciendo temblar las persianas mal cerradas. El Dr. Arthur Mallory, hombre de sesenta y dos años, estudioso de las ciencias anatómicas y poco proclive a leyen...
La niebla que esa noche abrazaba el puerto de Kingsport tenía la textura de una tela marchita y malsana, como si hubiera sido tejida por criaturas que aborrecían el día y la pureza. Faroles mortecinos oscilaban sobre el muelle, más como antorcha...
La mansión de los Fenwick se alzaba retorcida al final de la avenida, su silueta mortecina apenas recortándose contra el cielo plúmbeo de Arkham. Los inviernos eran largos y desolados en esa región maldita de Nueva Inglaterra, pero jamás lo fue...
Bien pude creer durante buena parte de mi existencia —tibia, acotada, revestida de la racionalidad típica de los studiosos de las ciencias— que la razón bastaba como muralla entre el alma y el ululante abismo que acecha fuera del velo de lo co...
La tempestad golpeaba implacable la desolada costa antarctica, zarandeando el barco como si el propio mar abrigase en su seno una furia desconocida, inhumana. El hielo resquebrajado crujía ominosamente, y al fondo, más allá del velo grisáceo de ...
V
Vivimos en la brumosa periferia de Grayfield, donde el lago Mordant se expande como un enorme cuenco de mercurio bajo los cielos sempiternamente grises de Arkham. Soy Nathaniel Byers y, en la franca penumbra de mi vejez, temo relatar las ocurre...
El tren, que debía dejarme en la margen este del condado de Aylesbury, avanzaba a trancos morosos bajo la llovizna constante. Más allá de la ventanilla, la niebla parecía adensarse, y las colinas se curvaban como lomos de algo inmóvil, esperand...
La noche se arrastraba como un manto húmedo sobre las colinas cubiertas de brezos de Vermont, ocultando a toda criatura razonable y tan solo dejando galopar los ecos del viento entre los picos y gargantas más solitarias. Yo, Nathaniel Hawes, me ha...
En la opaca y marmórea quietud de mi oficina olvidada, apenas rasgada por el lamento de la lluvia, me encuentro compelido a transcribir, aunque horrorizado, el funesto episodio acaecido en la apartada comarca de Maduros, allá en la rugosa selva su...
Es curioso –o debería decir, ominoso– el modo en que ciertas voces, enteramente ajenas a las facultades conocidas del hombre, arrastran consigo el aroma penetrante de la podredumbre y el hielo. Los lectores asiduos de Wyvelley Record estarán f...
En alguna recóndita ciudad costera del Perú, donde la niebla se arremolina al alba y los perros aúllan como si presintieran lo que se gesta bajo la piel del mundo, el antropólogo Jacob H. Brown encontró lo que, por muchos años, había soñad...
Solo quedaba la linterna. Ese círculo de luz mortecina que bailaba sobre la piedra fragante de humedad y moho era la última frontera que separaba a Arnold Treviss de la negrura abismal del subsuelo. Y, sin embargo, él mismo, arrastrando las su...
I
La niebla de la décima luna de un año perdido se cernía sobre la Villa Inferior cuando hice mi regreso —quizá el último— al enclave prohibido de los Storr. Uno debe sospechar algo aberrante en aquellos parajes desde la distancia, pues ni...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Serían casi las dos de la madrugada cuando comencé a escribir esto, desde la desesperanza y el cansancio, convencido de que la catástrofe está cerca; tal vez, mientras mis manos aún obedezcan mi voluntad, pueda legar un testimonio útil, siquier Leer más...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Debajo de la ciudad, el olor no era únicamente a podrido. Marian intentaba no pensar mucho en ello mientras apretaba la linterna contra el pecho y observaba que el haz polvoriento ni siquiera rozaba el techo del túnel. Había humedad, sudor rancio Leer más...
En las noches de junio, el lago Dormoth relucía con los reflejos de una niebla densa. Nadie en el pueblo de Virkia se acercaba a su orilla después del crepúsculo. Era la costumbre más antigua y sagrada, impuesta a raíz de crónicas que parecían Leer más...
Era costumbre de los habitantes de Arkham y sus alrededores contar historias a la luz de las velas cuando el viento nevado azotaba los cristales: relatos de formas inhumanas acechando en la espesura de los bosques oscuros, de perturbar ruidos nocturn Leer más...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las tierras de Leng yacen, ignoradas, en las pesadillas de la humanidad, un páramo revuelto de témpanos errantes y torres rotas, bajo una aurora inmóvil y perversa. Pero hay otra Leng, más profunda y cruel, confinada a los bordes de la conciencia Leer más...
Era en los días más sombríos del invierno neoyorquino cuando, desplazado y vencido por el frío y la miseria, acepté un encargo que ningún alma sensata habría contemplado siquiera entre delirios febriles. Había conocido a Charles W. Dunthorne, Leer más...