No sé cómo describir la sensación cuando uno sabe con certeza que nada de cuanto creía seguro se sostiene ya, ni aun por la fuerza de la costumbre. Algo de mi razonamiento permanecía intacto, como el esqueleto bajo la carne moribunda, durante l...
Había llegado a ese rincón olvidado del mundo —si es que aún pertenecía a nuestro mundo— arrastrado más por la inercia de un fatalismo profundo que por el impulso voluntario de huir, explorar o buscar señales del conocimiento maldito. Cuan...
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La humedad se había instalado en el ventrículo más íntimo de mi pensamiento aquella mañana, cuando me dispuse a examinar el plano heredado de mi tío. Caminaba con cierta torpeza por el desván de la casa familiar, la última morada del vi...
A menudo he sido acusado por mis colegas de tentar en exceso los infiernos líquidos de la imaginación y por ello me veo en la obligación de advertir que lo que sigue, extraído con terribles reservas del goteante costado de mi memoria, no es leye...
Todo viaje hacia lo desconocido comienza con una debilidad sencilla. En mi caso, fue la rutina de la soledad. Siendo paleontólogo—y, acaso, demasiado crédulo ante tropos literarios—acepté la invitación de Eric Callender, colega de una de esa...
Hubo un tiempo en que nada temía a la luz eléctrica. Viví mi juventud en la soledad de una casa de madera al borde de un Nuevo Brunswick que durante meses olía al yodo y a la descomposición oculta bajo las mareas. Aprendí a conocer los susurro...
El susurro de los álamos en la colina Glen Boreas había enloquecido a más de un hombre –el viento venía de las escarpaduras con una voz que nadie deseaba interpretar. Cuando arribé, lo hice con la ligereza de un profesor invitado, cargando la...
Había oído hablar de la casa en el borde de Templewood incluso antes de aquello. Leslie Birtwhistle me lo había contado la última vez que lo vi en persona: era el tipo de sitio que enloquecía a los granjeros, hacía nacer historias de figuras a...
Bajo la luna de Yuggoth
Quizá no hay nada tan penoso como el salir a medianoche a través de ciénagas cubiertas de niebla, con una linterna temblorosa y el peso del miedo aleteando entre la carne y el alma. Esto lo supe la noche del 14 de noviemb...
El crepúsculo serpentearía como una sombra líquida sobre aquellas ruinas que ningún cartógrafo osaría señalar, y aún menos los supersticiosos nativos de la región del Tlalocan moderno, donde las aguas cenagosas del Golfo parecían abrazar c...
Siempre había rehuido los caminos tras la medianoche. La ciudad misma parecía aletargada, opaca, presa de una disolución imperceptible que sólo las almas más sensibles llegaban a percibir en las hondas horas nocturnas. Pero la necesidad —esa ...
Hablar de esa noche en un idioma conocido resulta casi imposible, como si cada palabra golpeara unos labios ajenos y reconocidos solo por un doblez repentino al pronunciarse. Pero hablaré. La memoria exige que el horror se arranque del acceso priva...
El grito persiste en la garganta de los hombres, incluso siglos después de que el amor y la racionalidad hayan abandonado la Tierra para refugiarse en promesas mecánicas y ruinas. Yo mismo he gritado, más veces de las que quisiera admitir, desde ...
El polvo anidaba en las cornisas como un animal tímido y voraz. Andrés cruzó el umbral de la vieja biblioteca del priorato de San Onofre con la impresión dolorosa de que le acompañaba el viento y que, en algún lugar, un relámpago taladraba ci...
La tormenta había descargado furia sobre las colinas peladas del norte, arrancando retazos del suelo y dejando cicatrices húmedas en las laderas. Ahora la noche caía, tibia después del vendaval, pero aún inquieta, como si el mismo aire cargara ...
Las tierras de Leng no existían en ningún mapa. Amparadas por tormentas perpetuas y nieblas planchadas sobre la hierba hasta la altura de las rodillas, a veces decían los pastores que, si poseían la paciencia necesaria, embriagados primero por a...
El Capitán Tiso había navegado mares de mil nombres y mil mentiras, de costas rotas, de estuarios donde la sal se impregnaba en la médula y las brújulas apuntaban a pozos más profundos que la muerte. Había visto cómo la niebla se posaba, dens...
El tren atravesaba la tundra como un gusano negro e indeseado. Hacía mucho que Vassil no salía de San Petersburgo, y la vastedad de Siberia era tan ajena a su vida en la ciudad como el fondo del mar a una rata de alcantarilla. La ventisca martilla...
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Mi nombre es Morgan Wraye, y estaba convencido, antes de aquel invierno, de que el demonio sólo era un nombre vago para el mal que el hombre inflige a sus semejantes. Había dejado atrás los pinos lóbregos de Cascade y las minas sangrientas ...
La tormenta se había desatado sobre la aldea costera con una furia que no recordaban ni los más viejos. El mar rugía y vomitaba su espuma negra a más allá de lo que los escasos faros podían calar, sobre el muelle, los barcos balleneros reventa...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Serían casi las dos de la madrugada cuando comencé a escribir esto, desde la desesperanza y el cansancio, convencido de que la catástrofe está cerca; tal vez, mientras mis manos aún obedezcan mi voluntad, pueda legar un testimonio útil, siquier Leer más...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
En las más antiguas entrañas de la necrópolis, allí donde las aguas rancias del pantano devoran todo vestigio de sol, existían pasajes y cámaras cuya existencia susurraban sólo a medias los archivistas más corrompidos de la ciudad. El cement Leer más...
La mayoría de los que se interesan con verdadera devoción por la arqueología nocturna saben cuándo retirarse. Algunos lugares, especialmente en ciudades tan antiguas como Nueva York—cuyo subsuelo está picado por criptas, túneles de servicio Leer más...
Había algo en la nieve que Elías Cartwright odiaba: no era el frío, ni el incómodo crujir bajo sus botas, ni siquiera el silencio; era el modo en que tanta blancura podía ocultar podredumbre. La noche, nada más bajar del tren en Brattleboro, e Leer más...
Tenía la impresión, siempre hacia el fin de la noche, de que la ciudad entera retrocedía de la costa, de que sus cimientos se encogían bajo la presión, no del agua sino de las cosas que la habitaban; seres inmemoriales de los que los pescadores Leer más...
Las tierras de Leng yacen, ignoradas, en las pesadillas de la humanidad, un páramo revuelto de témpanos errantes y torres rotas, bajo una aurora inmóvil y perversa. Pero hay otra Leng, más profunda y cruel, confinada a los bordes de la conciencia Leer más...
Era en los días más sombríos del invierno neoyorquino cuando, desplazado y vencido por el frío y la miseria, acepté un encargo que ningún alma sensata habría contemplado siquiera entre delirios febriles. Había conocido a Charles W. Dunthorne, Leer más...