Mi primer contacto con el abismo se produjo en la vasta extensión boscosa de Vermont, un lugar donde la civilización sostenía apenas un asidero sobre la brutalidad primordial de la naturaleza. Había recibido la invitación motorizada por una not...
En las postrimerías del otoño de 1926, llegué al pequeño y olvidado pueblo de Valladolid, situado en el último confín del sureste mexicano, acuciado por una doble urgencia: buscar las huellas de mi abuelo materno, sobre el que sólo había rum...
En la devastadora soledad de las primeras décadas del siglo XX, existen paisajes en la geografía humana que demasiado pronto son abandonados al olvido, traicionando la helada vigilia del pasado. Oakwood, un pueblo al oeste de Arkham, era exactamen...
Había leído lo suficiente –incluso diría que más de lo prudente– sobre las tierras al norte del gran desierto, donde Leng se extendía como una cicatriz de secretos en el manto vacío de la existencia. Ningún mapa fiable indicaba qué rutas...
Silencio. El abismo sobre la ciudad dormida parecía respirar, hinchado por los vapores febriles que exhalaba el gran desierto de lenguas muertas. Era Ulthar —o lo que los mapamundis antiguos aún llamaban Ulthar— unos siglos tras la Muerte de l...
El viento soplaba afilado a través de las grietas de la antigua mansión Merrick, situada al borde de un acantilado donde el Atlántico se despedazaba en negras ráfagas. Era la medianoche del 7 de febrero de 1929 cuando mi viaje a la locura comenz...
La bruma de Arkham, cargada siempre de presagios y de ese inacabable peso de historias no relatadas, tiñó la noche de un gris sucio en aquel equinoccio de otoño. Sobre la explanada mojada de la Universidad de Miskatonic, los pasos de Thaddeus Ken...
Respondí al telegrama de mi primo Edwin Trask en la madrugada de un inclemente 14 de noviembre, acosado por un viento sibilante que parecía recorrer cada hendedura de la albañilería gótica de mi inmueble familiar en Arkham. La misiva, cuyas pal...
Permítame relatarle, amigo lector, los acontecimientos que trastocaron el curso de mi vida y, si se me permite la arrogancia, el curso plácido de la razón humana. Quizá mi relato le parezca sólo producto de un espíritu perturbado, pero la luz ...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Serían casi las dos de la madrugada cuando comencé a escribir esto, desde la desesperanza y el cansancio, convencido de que la catástrofe está cerca; tal vez, mientras mis manos aún obedezcan mi voluntad, pueda legar un testimonio útil, siquier Leer más...
¿Recuerdas, lector, cómo tiembla el corazón frente a lo innombrable, cómo se hiela la sangre ante la presencia de aquello que jamás se debió concebir en la efluvia corrompida del cosmos? Pues yo, un hombre marcado por la fiebre de la indagació Leer más...
Debajo de la ciudad, el olor no era únicamente a podrido. Marian intentaba no pensar mucho en ello mientras apretaba la linterna contra el pecho y observaba que el haz polvoriento ni siquiera rozaba el techo del túnel. Había humedad, sudor rancio Leer más...
En las noches de junio, el lago Dormoth relucía con los reflejos de una niebla densa. Nadie en el pueblo de Virkia se acercaba a su orilla después del crepúsculo. Era la costumbre más antigua y sagrada, impuesta a raíz de crónicas que parecían Leer más...
Era costumbre de los habitantes de Arkham y sus alrededores contar historias a la luz de las velas cuando el viento nevado azotaba los cristales: relatos de formas inhumanas acechando en la espesura de los bosques oscuros, de perturbar ruidos nocturn Leer más...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las tierras de Leng yacen, ignoradas, en las pesadillas de la humanidad, un páramo revuelto de témpanos errantes y torres rotas, bajo una aurora inmóvil y perversa. Pero hay otra Leng, más profunda y cruel, confinada a los bordes de la conciencia Leer más...
Era en los días más sombríos del invierno neoyorquino cuando, desplazado y vencido por el frío y la miseria, acepté un encargo que ningún alma sensata habría contemplado siquiera entre delirios febriles. Había conocido a Charles W. Dunthorne, Leer más...