Era el mes de octubre en Dunwich, y la podredumbre otoñal, con sus brumas densas y olor a tierra húmeda, se desplegaba sobre las colinas desiguales que hacían de aquella región un páramo casi deshabitado. Conocía el lugar solo por sus leyendas...
Cuando, en la melancolía de la primavera de 1925, recibí de mi tío Rupert la llave de la rectoría ancestral de Arkham, creí estar entre los redimidos de la peste moderna: la vida recobrada en provincias, lejos del hedor mecánico de Boston y su...
Nunca he sentido una tentación tan atroz como la de contar este relato, aunque temo que al ponerlo en palabra reviviré los horrores que acompañan a su memoria. Todo lo ocurrido —aunque más de uno me recomendaría buscar consuelo en la incredul...
Han transcurrido largos años desde que el nombre de Amirah fue pronunciado entre los vivos. En la penumbra de mi estudio en Arkham, sólo la titilante luz de la lámpara a gas parecía prestarse a la confidencia de mis desvaríos. He decidido reuni...
En el borde de Kingsport, donde los acantilados se desgarran en abruptos colmillos sobre el Atlántico y la bruma se arrastra al anochecer como una serpiente sin fin, se encontraba la casucha olvidada de Obed Marsh. Reconstruída tras un curioso inc...
Hace ya diez años que el nombre de Blake Wilcott desapareció de la lipsa de aquellos que, acaso por amistad o simple corrección social, acostumbraban frecuentar su compañía. Incluso en Arkham –donde casi todo puede ser creído, y donde los re...
No fue por pasión filológica que me sumergí, en la melancolía afiebrada de París, en el estudio de aquellas ruinas moribundas del saber, sino por un impulso más sombrío y... dolorosamente humano. Escuché los nombres —Comte d’Erlette, el ...
El mar de Innsmouth nunca ha sido misericordioso, una vastedad turbia y sumida en antiguos odios, cargada de rumores, escollos olvidados y supersticiones que reptan a lo largo de la costa como una niebla densa. Todo niño nacido en las garitas de la...
Cuando al caer la noche la niebla esmeralda fluye desde las alcantarillas y repta por las hendiduras del empedrado antiguo, cuando el silencio coloniza los patios inclinados del viejo Arkham y sólo se oye la infrarrítmica respiración del río Mis...
Había leído lo suficiente –incluso diría que más de lo prudente– sobre las tierras al norte del gran desierto, donde Leng se extendía como una cicatriz de secretos en el manto vacío de la existencia. Ningún mapa fiable indicaba qué rutas...
En el bullicio avasallador de nuestra era, donde el resplandor eléctrico devora toda penumbra y la voz omnipresente de la ciencia intenta desterrar lo inexplicable, no es fácil hallar restos de las civilizaciones que existieron antes del alba de l...
Silencio. El abismo sobre la ciudad dormida parecía respirar, hinchado por los vapores febriles que exhalaba el gran desierto de lenguas muertas. Era Ulthar —o lo que los mapamundis antiguos aún llamaban Ulthar— unos siglos tras la Muerte de l...
He pasado noches en la absoluta oscuridad, donde ni siquiera los pequeños fuegos de la razón pueden calentar el centro helado de la mente. Es en esas horas cuando la coherencia parece disolverse en un caos inefable, y los horizontes del universo t...
El viento de octubre hacía vibrar los ventanales antiguos de la biblioteca de la Universidad Miskatonic aquella noche, transformando el centenario tapiz de hiedra que trepaba los muros en un monstruo agitado y nervioso. Las farolas que bordeaban Co...
El viento soplaba afilado a través de las grietas de la antigua mansión Merrick, situada al borde de un acantilado donde el Atlántico se despedazaba en negras ráfagas. Era la medianoche del 7 de febrero de 1929 cuando mi viaje a la locura comenz...
El viejo Perkins solía advertirme cuando vagábamos, años atrás, por los embarcaderos de Arkham, sobre los peligros de abrir puertas cuyo propósito ni siquiera comprendían las ratas que huían de sus profundidades. “Nada es más traicionero q...
Nunca he sabido exactamente cuándo comenzó mi obsesión, y sin embargo, hay noches en que incluso el recuerdo de mi infancia parece saturado de las mismas sombras que, mucho más tarde, arruinaron para siempre las fronteras de mi mente. Quizás fu...
No sé con certeza en qué momento comencé a temer la pronunciación del nombre de Yog-Sothoth. Tal vez fue durante aquellas noches truculentas en la biblioteca polvorienta de la Universidad de Miskatonic, bajo la tenebrosa tutela del profesor Wilb...
La carta de mi viejo colega, Harold Meirson, llegó en el tercer mes del tórrido verano, sellada con una laca tan oscura como para prometer secretos inconfesables. “Querido Allan”, decía, “he divisado una extraña configuración de dunas en ...
El solsticio de verano llegó al pueblo de Carfax envuelto en vaporosos jirones de niebla. A esas alturas del año, los días se arrastraban en una languidez asfixiante mientras la humedad, agria y constante, se deslizaba desde la espesura hacia las...
A mis diecisiete años, jamás creí que las arenas de la costa sur de Arkham albergaran colores tan infieles a la razón ni que pudieran ser testigos de mi lenta condena. Había ido en busca de paz, deseo vano de quien huye de la decadencia de sus p Leer más...
Las aguas de Innsmouth susurraban bajo la luna menguante, y esa noche, la bruma que se ceñía al puerto era más espesa y acuática de lo habitual, cargada de un olor aceitoso y ancestral. El viejo puerto de la ciudad, con sus embarcaderos podridos Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
Su nombre era Leland Sorrento y trabajaba como entropista en el Anillo Cuarenta-y-Nueve, una colección de satélites-hogar, laboratorios agrícolas y archivos históricos en la frontera de la Zona Periférica del Sistema HK-39. Había llegado allí Leer más...
Nunca he creído que el saber pueda ser demasiado peligroso; siempre me ha parecido que las sombras, cuando se enfrentan a la lumbre vacilante de la razón, no tendrían más remedio que retroceder. Pero aquel otoño perpetuo, con la grácil neblina Leer más...
La noche caía sobre Kingsport arrastrando densas lenguas de niebla marina, y desde mi ventana podía ver el reflejo esmerilado de la luna en el oleaje; pero yo, como siempre, leía. Mi tío, el doctor Samuel L. West, había fallecido hacía quince d Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Providence, Rhode Island.
16 de septiembre de 1927.
Estimado Dr. Harold Winslow:
Le ruego perdone mi súbita reanudación del contacto tras quince años de absoluto silencio; sin embargo, las circunstancias de mi actual vida me obligan a buscar c Leer más...