Me llamo Edgar Binbridge, y aunque soy hombre de ciencia, confieso que redacto este testimonio fatigado por vigilias imposibles y con el pulso agitado por terrores que ni la razón ni el insomnio han logrado disipar. Si usted, lector responsable y a...
Las historias de mi juventud en Arkham sonreían socarronamente desde la memoria, salpicadas de una extraña mezcla de bosques húmedos y noches salobremente perfumadas por el follaje. Era un tiempo de dogmas y abjuraciones en la Universidad Miskato...
La campana de la iglesia en Dunwich retumbó tres veces, y poco después se extinguió, su eco difuminándose entre las casas gastadas y los fresnos retorcidos. Era pleno noviembre, y el clásico velo de niebla reptaba como una criatura ciega por la...
El ferrocarril nocturno jadeaba mientras recorría la ruta de Dunwich a las ruinas de Boston; no había luna esa tarde, solo un brillo mortecino filtrándose entre nubes fangosas que apenas permitían el parpadeo de los faroles de las estaciones des...
A pesar de sus años de profesión, el doctor Kendric Halsey jamás creyó en lo sobrenatural. Era un hombre de ciencia hasta la médula, un neurólogo aclamado en la Academia Médica de Boston, una mente analítica y rigurosa, acostumbrada a desent...
Cuando uno se adentra en la vastedad de la noche providenciana, los callejones antiguos y los tejados inclinados refieren memorias ausentes, y una humedad infecta, reptante, parece emanar no sólo del suelo, sino de cada piedra mohecida, de cada som...
No sabría decir exactamente cuándo comenzó la obsesión, pero puedo recordar nítidamente el primer incidente: un extraño sueño, húmedo y denso, poblado de raíces que se enroscaban entre sí hasta formar la gran silueta de un ser colosal, ape...
Jamás volveré a cerrar los ojos con la confianza dormilona de los hombres felices. Mucho antes de la medianoche, cada sombra en mi habitación se extravió hasta las paredes, danzando con la luz opalina de una lámpara que jamás deja de titilar d...
Estaba en el crepúsculo de mi vida académica cuando la fortuna, ese cruel y caprichoso azar, dispuso mi estancia en la insigne Biblioteca Phristonea de Arkham. La carta manuscrita—de tinta escarlata y pulso nervioso—que recibí en aquel otoño...
La noche en Providence era una losa húmeda y pesada cuando mi carta llegó al despacho del profesor Eustace Routh. Aún resguardo una memoria incompleta de mi decisión aquella tarde: las manos manchadas de tinta, la lámpara temblorosa, y el impet...
Te he advertido, querido lector, acerca de la posibilidad —inefable y primigenia— de que entre los átomos del aire y los límites de tu razón, haya cosas acechando, ociosas e incognoscibles, esperando apenas una grieta en la muralla de tu ment...
Jamás debí aceptar la invitación de mi primo Charles. A él, la vida de la ciudad le resultaba asmática, preñada de humos y aburrimiento. Para él, el retiro en la vieja mansión de los Whateley, adquirida a precio de saldo tras el desmoronamie...
Los hombres de Sarkomand caminan silenciosos entre ruinas. No preguntan nunca demasiado, ni indagan en los arcanos susurrados por el viento sobre la superficie de los canales secos. Yo los he observado. Sus ojos, acostumbrados a las penumbras de sus...
Te contaré un relato cuya sola remembranza me llena de un frío tan penetrante que las palabras apenas acuden a mis labios, áridas y vacilantes. Lo hago no como advertencia ―sé bien que quienes escuchan los ecos del Rey Amarillo ya no encuentra...
Era una noche honda y malsana, henchida de presagios telúricos y resonantes mareas invisibles, cuando el Dr. Lionel Cartwright, arqueólogo de misterios, se aventuró hacia las ruinas sepultadas bajo las colinas de Estenfeld, una región donde el ti...
Nunca he sentido una tentación tan atroz como la de contar este relato, aunque temo que al ponerlo en palabra reviviré los horrores que acompañan a su memoria. Todo lo ocurrido —aunque más de uno me recomendaría buscar consuelo en la incredul...
El mar de Innsmouth nunca ha sido misericordioso, una vastedad turbia y sumida en antiguos odios, cargada de rumores, escollos olvidados y supersticiones que reptan a lo largo de la costa como una niebla densa. Todo niño nacido en las garitas de la...
He pasado noches en la absoluta oscuridad, donde ni siquiera los pequeños fuegos de la razón pueden calentar el centro helado de la mente. Es en esas horas cuando la coherencia parece disolverse en un caos inefable, y los horizontes del universo t...
No sé con certeza en qué momento comencé a temer la pronunciación del nombre de Yog-Sothoth. Tal vez fue durante aquellas noches truculentas en la biblioteca polvorienta de la Universidad de Miskatonic, bajo la tenebrosa tutela del profesor Wilb...
El solsticio de verano llegó al pueblo de Carfax envuelto en vaporosos jirones de niebla. A esas alturas del año, los días se arrastraban en una languidez asfixiante mientras la humedad, agria y constante, se deslizaba desde la espesura hacia las...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
El mundo que conocemos apenas roza la costra superficial de un vórtice de fuerzas y presencias insondables, entidades que, en su aspecto más ínfimo, desafían cualquier tentativo de descripción o categorización. Pero mi relato no es una mera ale Leer más...
El mar es un rincón pródigo en horrores velados, y aun los más valientes, cuando recorren sus caminos cubiertos de niebla, saben que es mejor no preguntar demasiado acerca de ciertas cosas. Aquellos que navegan lejos de la costa, bien lo saben: ha Leer más...
El año era 1921, y jamás en mi vida hubiese imaginado que una tempestad me haría naufragar en una tierra donde la cordura se desvanece, ni que por mi corazón demente haría brillar lunas antediluvianas bajo una bóveda de aguas sin fondo. Recuerd Leer más...
Era noviembre y el mar golpeaba, lamiendo el promontorio donde las últimas casas de la Costera del Ocaso se aferraban a la roca. Atalayas, más bien, aún de pie por obstinación y amor, cada una con la sal incrustada en sus vigas y la pintura oscur Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
1.
A veces, aún al alba, cuando los vientos cruzan los humedales de Ulthar y llevan en sus garras antiguos susurros, recuerdo la noche en que mis pasos extraviados me llevaron al corazón de una tierra a la que los mapas modernos rehúyen, y los s Leer más...
Al oeste de Arkham, en un desvío tortuoso ignorado aún en los más exhaustivos mapas, se encuentra la hacienda arruinada de la familia Penrose. Aquellos que caminan demasiado cerca, sea por curiosidad o estupidez, suelen padecer de inexplicables de Leer más...