Había aprendido, en mis años de estudios solitarios y prohibidos, que el Universo no es, ni ha sido nunca, un compendio de leyes permanentes y comprensibles, sino una llanura tumultuosa bajo la débil tela de la razón humana. Ignoraba los peligro...
Una neblina pertinaz, la niebla de la desolación, cayó sobre Arkham la noche que los sueños de Enoch Masterton mutaron en pesadillas de infinita y ciega desesperación. Dicen los ancianos—¡ay, cuán poca sabiduría hay en susurros ancianos!—...
La luna de septiembre colgaba como un ojo blanco y fofo sobre el umbral del bosque de Blackheath, inyectando al camino polvoriento un fulgor azul de otro mundo. Stuart Travers avanzaba por la senda, con los faros de su camioneta a su espalda, tragad...
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Vaya uno a saber por qué carriles fatales discurría mi ánimo cuando gocé de la imperdonable tentación de aceptar el extraño misal de mi colega Dr. Albert Gleaves y, con él, la invitación para acompañarlo en una expedición nocturna al pÃ...
Capítulo 6: La eterna Carcosa
El tiempo, tal como Edgar Salton lo había conocido, dejó de importar la noche en que la luna se partió en el cielo sobre Kingsvale. Cada sonido era un pliegue en la bruma y toda superficie, un umbral donde la memori...
Capítulo 5: La revelación bajo la luna rota
No hubo amanecer verdadero. La primera luz fue una farsa enferma, desgajada en la niebla, que sólo hizo más evidentes las hendiduras entre lo real y lo soñado en Kingsvale. Edgar Salton despertó a la...
Capítulo 4: La congregación sombría
El alba en Kingsvale no traía ni revisión ni consuelo. Edgar Salton despertó bajo la misma tela opaca de terror que lo había envuelto la noche anterior, un sudor frío recorriéndole la espalda, la sábana ...
Debo contarte ahora lo que sólo insinúan los libros neolíticos y las tablillas devoradas por el polvo, aquello que ni los sabios de Mnar ni los catadores del hongo lunar se atreven a susurrar bajo la luna, y que únicamente el sueño profundo —...
Capítulo 3: El lago de Hali
El tercer día en Kingsvale amaneció sumido en una niebla espesa que no cedió siquiera con la llegada del mediodía. Edgar Salton se despertó de un sueño tan vívido e inquietante que, por un momento, dudó de si est...
El vapor del café en la taza se arremolinaba como si buscara formar figuras definidas en el aire denso de la biblioteca. Los muros, atestados de libros en francés y griego, parecían intuir la inquietud de Alain Martel. Afuera, la niebla de Le Man...
Capítulo 2: La máscara amarilla
El despertar de Edgar Salton fue agónico, un tirón lento y abrupto desde el fondo de abismos soñados. Durante la noche, las visiones se habían multiplicado: un teatro cubierto de ceniza dorada, máscaras relucie...
Capítulo 1: Niebla de Carcosa
Boston, invierno de 1927. En la redacción de la Gazette, la monotonía de la lluvia y el humo era interrumpida sólo por la llegada de correos insólitos: cartas de soñadores, avisos de catástrofes rurales, pequeña...
Cuando el profesor Emmerich Hallward recibió la invitación del enigmático Barón von Nielzen para pasar el mes de octubre en su aislada mansión en las tierras boscosas del Sudoeste alemán, la aceptó, como era su costumbre, con una mezcla de re...
La noche había caído sobre las pestilentes marismas de Innsmouth, derramando telones de niebla sobre las aguas aceitosas, donde los lirios abrazaban monstruosas raíces. Los faros del puerto parpadeaban a lo lejos, como ojos agotados por vigilar t...
Vagaba la niebla en la madrugada como si fuera una phalange de monstruos ciegos, extendiéndose desde el mar en olas densas y pesadas, invadiendo el muelle principal de Vellham, una aldea portuaria apenas señalada en los mapas del oeste de Inglater...
En la reputada biblioteca de la Universidad de Miskatonic existen pasillos donde la luz solar es menos que un visitante ocasional y el polvillo en suspensión se arremolina como en un perpetuo vórtice de secretos no pronunciados. Fue allí, entre l...
Las sombras descendían sobre la sierra de Plata cuando Gerald Harker llegó al caserón polvoriento. La lluvia tamborileaba sobre el toldo raído mientras, con el corazón apretado y la garganta seca, revisaba una vez más la oscura carta que lo ha...
El bajorrelieve parecía tan simple: círculos concéntricos esbozando algo que, a la luz parpadeante de la lámpara de mi escritorio, no debía ser una galaxia sino el motivo central de una cosmología más siniestra. Llevaba días sin dormir, tras...
Los trenes nocturnos de Budapest eran mis santuarios. Cuando las campanas de los relojes patriarcales resonaban a lo largo de la ribera del Danubio y los primos del sueño se adentraban en la ciudad, yo vagaba por los andenes vacíos y me sumergía ...
Cuando alguien muere en Blackwood, la tierra parece abrirse con suavidad, como si estuviera esperando el cuerpo. Solía pensar que era una metáfora para esa región olvidada por los mapas, donde las colinas erizadas de robles podridos guardaban má...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
El mundo que conocemos apenas roza la costra superficial de un vórtice de fuerzas y presencias insondables, entidades que, en su aspecto más ínfimo, desafían cualquier tentativo de descripción o categorización. Pero mi relato no es una mera ale Leer más...
El mar es un rincón pródigo en horrores velados, y aun los más valientes, cuando recorren sus caminos cubiertos de niebla, saben que es mejor no preguntar demasiado acerca de ciertas cosas. Aquellos que navegan lejos de la costa, bien lo saben: ha Leer más...
El año era 1921, y jamás en mi vida hubiese imaginado que una tempestad me haría naufragar en una tierra donde la cordura se desvanece, ni que por mi corazón demente haría brillar lunas antediluvianas bajo una bóveda de aguas sin fondo. Recuerd Leer más...
Era noviembre y el mar golpeaba, lamiendo el promontorio donde las últimas casas de la Costera del Ocaso se aferraban a la roca. Atalayas, más bien, aún de pie por obstinación y amor, cada una con la sal incrustada en sus vigas y la pintura oscur Leer más...
En los años indescifrables en que las largas sombras caían sobre una Nueva Inglaterra jadeante, existía un hombre llamado Halsey Ward. Su oficio era anodino –profesor de lenguas muertas en la Universidad de Arkham–, aunque su vida interior dis Leer más...
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A veces, aún al alba, cuando los vientos cruzan los humedales de Ulthar y llevan en sus garras antiguos susurros, recuerdo la noche en que mis pasos extraviados me llevaron al corazón de una tierra a la que los mapas modernos rehúyen, y los s Leer más...
Al oeste de Arkham, en un desvío tortuoso ignorado aún en los más exhaustivos mapas, se encuentra la hacienda arruinada de la familia Penrose. Aquellos que caminan demasiado cerca, sea por curiosidad o estupidez, suelen padecer de inexplicables de Leer más...