Hay en el corazón de Providence, en una sección antigua y medio oculta de la ciudad, una casa olvidada por la urbanización y el flujo desordenado de la vida moderna. Apenas se recuerda su historia, y cuando algún amigo mío, atraído por las amb...
El umbral de la Curva Caída
I
En mi juventud, en los días sombríos de mi estudio en la Universidad de Miskatonic, a menudo me encontraba meditando sobre aquellas regiones intelectuales donde lo humano habitualmente no osa adentrarse. Fue entonc...
Los vástagos de la aurora esmeralda
Grietas en la quietud ancestral
***
Las piedras de la biblioteca temblaban.
Eso lo noté primero, antes de que la linterna de gas en mi mano comenzara a menguar: una vibración sorda, remota, infrahumana, que...
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La tradición leyda, cuya raíz en los anales del Páramo Helado se extravía en la niebla de los siglos, habla de vínculos entre el hombre y fuerzas para las que ni dios ni demonios tienen nombre. El Libro de Eibon, grueso compendio obeso d...
El hombre avanzó, penetrando la humedad de la antigua biblioteca subterránea, cuyos muros exhalaban el olor corrompido de pergaminos encuadernados en pieles de siglos muertos. Lothar Freniere venía en busca de algo muy específico, un ejemplar de...
El otoño se había instalado sobre la villa de Argenti con la delicadeza de un sudario. Aquel año, las hojas no solo crujían bajo los pasos sino que parecían, al caer de los árboles, traer consigo un frío más denso, más pertinaz, con la cual...
A veces pienso que la mayor razón para vigilar nuestras manos no es el miedo a lo que puedan hacer, sino a lo que puedan encontrar. Y sin embargo, el destino rara vez concede esa gracia a los curiosos compulsivos como yo. Me llamo Arthur Vayle y, c...
Eran casi las tres de la madrugada cuando François Duvalier reconoció finalmente la plaza, apenas adivinada bajo los escombros de un barrio destruido por el perpetuo acoso de la humedad y del tiempo, en una ciudad cuyos nombres cambiaban siempre s...
La figura de Beirith Vaughan cruzaba el corredor abovedado del Archivo Miskatonic a paso sigiloso. Entre sus manos temblorosas aferraba la misiva perfumada que había llegado esa mañana; palabras torcidas como raíces excavaban el papel:
"Se le r...
En la vasta y remota ribera del Aihais, donde la niebla, como vaho en la boca de un animal dormido, se enrollaba a las malezas, Edrom Stykos escudriñaba el barro con paso errante. Más allá del delta, la ciudad de Hlanith pululaba como un rumor de...
La luna caía como una losa sólida, helando el tejado de la pensión DeMersant y dejando sobre las tejas perfiles de azogue, vibrantes y tensos. Andrew Tavares requirió tres giros completos de la llave, lo que era poco habitual por la hora y el si...
La mayoría de los grandes descubrimientos empiezan en la fascinación y terminan en la culpa. Sé esto porque lo viví en carne propia cuando accedí al sótano de la casa de Roussel, arrastrado hasta allí por el peso cansado de la curiosidad y la...
Aquella noche fría del equinoccio de otoño, un viento seco y polvoriento arrastró sobre la ciudad de Providence una sensación de remotísimo desasosiego. Era el tipo de brisa que uno creería nacida no en las lluvias otoñales, sino en sílabas ...
El viajero que busca el saber prohibido, está condenado a ser poseído por la sed insaciable de aquello que no se puede nominar sin desgarro del alma; y ninguna reputación es más temida o consultada en las mesas de los eruditos que los fragmentos...
Desde hace siglos, existen relatos susurrados entre las sombras de salas vergonzantes y abismos negados por el raciocinio; relatos que difícilmente desearían los hombres escuchar, aun menos los más eruditos, aunque sepulten días enteros en las r...
La lluvia caía con un golpeteo impasible sobre los tejados abigarrados de la vieja ciudad francesa de Saint-Benoît le Charles la noche que el profesor Maurice Legrand, ya achacoso pero tan insomne como en sus mejores días, desenterró en la bibli...
En la ciudad de París, en el otoño húmedo y perpetuamente gris del año 1787, la decadencia del viejo continente se respiraba como un miasma, impregnando cada rincón de sus callejones retorcidos, viejos adoquines y húmedos canalones a punto de ...
No sabría decir con certeza cuán profundo es el abismo del miedo hasta que, errando por sendas prohibidas del saber, fui a dar con la verdad que ocultan los Manuscritos Pnakóticos. Ni el bramido del viento en Nueva Inglaterra, ni mi propia ruina ...
¡Oh, lector, si en efecto alientas el infame vicio de la indagación, si eres de aquellos que desafían los umbrales de la cordura enfrentándose a las realidades indeseadas del universo, entonces, toma este relato como una doble advertencia! Porqu...
Mi primer contacto físico con el Necronomicón –aquel tomo de cueros curtidos en sal y secreciones humanas, letras de tinta oxidada por la edad, emanando un rumor más que olor–, fue la culminación de búsquedas y pactos que habrían helado la...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Las sombras de la vieja Europa se extienden como vendas raídas, tapando los ojos y aturdiendo el alma de los incautos. En París, donde los tejados de pizarra cortan el cielo como cuchillas y donde las piedras contienen la memoria de siglos de sangr Leer más...
Secunda medianoche. La luna, una garra sepulcral en el cielo, baña con luz mortecina la orilla empedrada del Vistula. La bruma es tan espesa que parece respirar, y, por momentos, tengo la impresión de caminar junto a una criatura etérea cuyos dedo Leer más...
Hoy, tras innumerables semanas de infructuosos esfuerzos y desalientos, he dado con la razón última y anhelada de mis laboriosos estudios en la rama más oscura y silente de las ciencias arcanas. Hablo, aunque mi pluma titubee, de la presencia y es Leer más...
Los trenes no circulan hacía el norte desde hace tres inviernos. Sin embargo, Teodoro había recibido la carta; una cosa pesada con tinta demasiado fresca, emitida desde la biblioteca de Celaeno, el nombre ininteligible al inicio, gemas en la cera y Leer más...
Desde mi retiro forzado en la brumosa región de Kingsport, obligado por las circunstancias a una vida de casi monástica introspección, puedo al fin poner en palabras –aunque aún temo lo que un mero aliento pueda despertar– los horrores acaeci Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...