Temprano en mi juventud, fui enviado por azares de la desgracia a cuidar, durante un invierno inhóspito, la biblioteca privada del difunto profesor Wagner, un excéntrico investigador de antigüedades marítimas y mitos primordiales con residencia ...
−−−−−−
Atherton Leigh, profesor del Departamento de Ciencias Antiguas en la Universidad Miskatonic, recogía su gabán cuando escuchó el crujido de la lluvia sobre el techo de su despacho. Octubre carcomía Arkham; la niebla reptaba po...
La única luz que invadía el interior del molino abandonado era el resplandor tibio y agotado del crepúsculo, colándose entre las tablas putrefactas y aislando fragmentos irregulares del polvo flotante. Clifford Partridge agradeció esa luz—lo ...
En esta hora imprecisa, cuando el crepúsculo se mezcla con la niebla y las sombras se insinúan en los rincones de la mente, me siento obligado a transcribir de manera fidedigna cuanto recordar todavía puedo—o me atrevo a recordar—de los terro...
Un secreto se hunde en las páginas más malditas de El Libro de Eibon, una de esas verdades oblicuas y no para ser compartidas con el entendimiento tembloroso de la civilización. Si hay algo que la mente pueda apenas vislumbrar, en la opresiva pen...
Los más dignos de temor no son los recuerdos, sino los silencios que les sobreviven; pues dentro de la mudez de un secreto se agazapan horrores cuya naturaleza trasciende la mera comprensión humana. Muchas noches, cuando las sombras serpentean ent...
En la médula de las tinieblas urbanas de París, al margen de las avenidas alineadas por Haussmann y más allá del alcance ordinario de la razón, existe una realidad que pocos han visto y que nadie debería buscar. Y sin embargo, hay hombres –y...
A J. V. R. G., lector de otras puertas
Las losas eran pulidas y cálidas aún bajo la caricia del atardecer. Yo, Álvaro Mejía, había aprendido, quizás demasiado pronto—tal vez con la torpeza de los reacios a enterrar cosas en la noche—que l...
Desde tiempos inmemoriales, en la vieja catedral de Santa Rosa del Mar, una sala pequeña y hermética ha permanecido cerrada a cal y canto. Nadie recuerda el nombre del canónigo que la mandó construir; sólo se dice que fue en tiempos de guerra y...
A veces, la noche no es suficiente. A veces, los horrores buscan grietas en la razón, hasta colonizar cada destello de duda, cada sueño que huye del amanecer. En ese territorio de penumbras existe un libro que los escépticos llaman fábula y los ...
- I -
Hacía frío en la biblioteca incluso en junio, cuando la brisa del mar subía por las calles de Arkham e inundaba las ventanas de la calle Derby con humedad y salitre. Thomas Caldwell, profesor de lenguas muertas, caminó despacio entre los ...
***
En la penumbra indecisa de la noche, emancipada apenas de los tonos gualdos de la farola del pueblo, el escaparate de la tienda Maximus y Compañía refulgía con la persistencia enfermiza de un faro descompuesto. Nadie, ni los chiquillos más ...
Aquella semana de agosto fue prodigiosa en tormentas. Se precipitaban sobre Blackthorn Valley como hordas míticas, sacudiendo ventanas y techos hasta arrancar confesiones de los miedosos y promesas de los fuertes. En mitad de ese caos eléctrico ll...
Recuerdo aún, con sórdido detalle, el exacto instante en que me fue dada la oportunidad de consultar los Fragmentos de Celaeno, esos retazos oscuros y prohibidos cuya mera evocación induce inquietudes inenarrables en los sabios y locos por igual....
La Procesión de las Caracolas Negras
El Último Breviario de Yhe
En la plenitud de una noche sin luna, cuando el mar parecía retirarse de todo común acuerdo con la cordura del mundo, me introduje en una costumbre prohibida. No puedo decir si fu...
──
No sé por qué he decidido dejar esto por escrito. Quizá sea un afán absurdo por exorcizar los fantasmas que me atenazan, o tal vez la esperanza pueril de que alguien, en algún recodo del tiempo, pueda refugiarse en mi testimonio, y libr...
El invierno suizo había roto su gélida lanza contra los muros del viejo monasterio donde yo, Léonard Duvivier, me hallaba confinado por cuestiones de estudio. Había venido hasta Vevey —una ciudad pequeña a la orilla del lago Léman— en pos ...
Jamás podré borrar de mi maltrecha memoria aquellos días en los que, por razones que aún no acierto a comprender del todo, me hallé sumido en la investigación de los Manuscritos Pnakóticos. Antes de los hechos, me hubiese reído amargamente d...
En la caliginosa y decadente ciudad de Arkham, entre sus calles envilecidas por secretos y sus plazas agrietadas por el paso de horrores inhumanos, existía una pequeña y casi invisible tienda: “Curiosidades de la Medianoche”, cuyo letrero pare...
Al principio era solo un libro prohibido, hablado en tonadas susurrantes entre la élite de los ocultistas que frecuentaban la Sociedad Teúrgica de Arkham. Nunca me interesaron las fábulas de maldiciones o los delirios torcidos de profetas demente...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...
Las sombras de la vieja Europa se extienden como vendas raídas, tapando los ojos y aturdiendo el alma de los incautos. En París, donde los tejados de pizarra cortan el cielo como cuchillas y donde las piedras contienen la memoria de siglos de sangr Leer más...
Secunda medianoche. La luna, una garra sepulcral en el cielo, baña con luz mortecina la orilla empedrada del Vistula. La bruma es tan espesa que parece respirar, y, por momentos, tengo la impresión de caminar junto a una criatura etérea cuyos dedo Leer más...
Hoy, tras innumerables semanas de infructuosos esfuerzos y desalientos, he dado con la razón última y anhelada de mis laboriosos estudios en la rama más oscura y silente de las ciencias arcanas. Hablo, aunque mi pluma titubee, de la presencia y es Leer más...
Los trenes no circulan hacía el norte desde hace tres inviernos. Sin embargo, Teodoro había recibido la carta; una cosa pesada con tinta demasiado fresca, emitida desde la biblioteca de Celaeno, el nombre ininteligible al inicio, gemas en la cera y Leer más...
Desde mi retiro forzado en la brumosa región de Kingsport, obligado por las circunstancias a una vida de casi monástica introspección, puedo al fin poner en palabras –aunque aún temo lo que un mero aliento pueda despertar– los horrores acaeci Leer más...
Al principio, todo parecía una broma de mal gusto. Cuando el viejo Anastasios Vrellis llegó a mi estudio, desaliñado y con la mirada abrasada por el insomnio, pensé que se trataba de uno de esos excéntricos coleccionistas que frecuentan los merc Leer más...